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19 de Jan de 2021

Farándula

El show debe continuar

En el negocio de la música no todo es glamour. Existe un lado más escabroso, que se relaciona con el cobro de regalías

Son pasadas las doce del mediodía. Las oficinas de la Sociedad Panameña de Autores y Compositores (SPAC) parecen salones en hora de recreo. Los escritorios de los encargados de los diferentes departamentos (recaudación, distribución, monitoreo, etc) están vacíos. Dentro de los tres pisos de la mansión la actividad es mínima, salvo por alguna secretaria o asistente curvado sobre su escritorio en actitud de concentración.

Sentado en su oficina, Christián García, ‘presidente político’ de la SPAC -como el mismo se proclama- traslada nerviosamente un helado vaso de agua sobre su escritorio. Con la servilleta todavía deshecha entre sus dedos contesta el celular: es un músico que llama preguntando por las regalías de un concierto ofrecido hace poco.

El trabajo de García no es fácil. Debe lidiar con promotores artísticos morosos, que a cuentagotas pagan lo que le adeudan a la SPAC en concepto de derecho de autor de los artistas que contratan para sus espectáculos musicales. Según lo establecido por la Ley Número 15 del ocho de agosto de 1994 ‘el autor de una obra tiene, por el solo hecho de la creación, la titularidad originaria del derecho sobre la obra, que comprende a su vez, los derechos de orden moral y patrimonial...’, por lo que las empresas que contratan a cantautores deben pagar a la SPAC un 5% por la utilización de un repertorio que dicha entidad representa tanto a nivel nacional como internacional.

Arrinconado por quienes todavía tratan al artista ‘como a una persona a quien le están haciendo un favor’ y ‘no como a un obrero de la pluma’, el presidente (lleva 14 años en el cargo) de la SPAC se autodefine como un ‘potro que no es fácil de domar’. ‘Este es un puesto muy delicado. Te metes en problemas y te califican de ladrón... No es fácil lidiar con 45 sociedades distribuidas en todo el mundo, todas ellas velando por la salvaguarda de los derechos de sus respectivos compositores’, comenta.

Para afinar el sistema a través del cual esas sociedades recaudan las regalías que le corresponden a compositores en sus respectivos países y viceversa, mañana y el martes la SPAC se estará reuniendo con sus homólogos iberoamericanos. En este cónclave internacional sobre el tema de derecho de autores participarán la Sociedad de Autores y Compositores de México (SCAM), la Sociedad Americana de Compositores, Autores y Editores (ASCAP), la Asociación General de Autores de Uruguay (AGADU), la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC), entre otras. ‘Todas estarán aquí para reunirse con las asociaciones de radio, televisión y televisión con cable, para conversar acerca de la necesidad de buscar una consenso para nuevas tarifas’, detalla García.

UNA CUESTIÓN CULTURAL

Como explica García, el hecho de que Panamá sea el escenario de esta reunión, en la que también estarán participando la SPAC y la dirección general de derecho de autor del Ministerio de Comercio (MICI), contribuye a promover una cultura ‘acerca de la necesidad de pagar derechos en materia de propiedad intelectual’. Y no solo a nivel local, sino también en el ámbito internacional. ‘Panamá es signataria de varios tratados y convenios en materia de propiedad intelectual’, enfatizó el ex creador del tema ‘Gallina fina’, popularizado por los hermanos Sandra y Sammy Sandoval.

De acuerdo con García lo que se busca es reducir la frecuencia con que en las emisoras y canales de televisión se viola el derecho de autor en sus programaciones diarias, contraviniendo lo establecido en la ley de 1994, que posteriormente fue actualizada el 10 de octubre del 2012, con el objetivo de adaptarla mejor a los retos planteados por el mundo digital en términos de materia intelectual. ‘El autor de una obra tiene, por el solo hecho de la creación, la titularidad originaria del derecho sobre la obra, que comprende a su vez, los derechos de orden moral y patrimonial determinados’: promulga la normativa.

‘El monto de las regalías no es predecible... Existe una tarifa específica para cada rubro: conciertos, discoteca, rockola, radio, televisión’, afirma García. En la SPAC se ha establecido un proceso de monitoreo computarizado que registra la huella digital de una canción cuando la misma suena en la radio o en la televisión.

Adicionalmente, la SPAC cuenta con un departamento de monitoreo, donde esta labor se lleva a cabo a la antigua, sin la intervención de una computadora que funcione 24 horas, siete días a la semana.

AL RITMO DE LAS DEUDAS

A pesar de que el’ monitoreo computarizado es más efectivo, transparente y práctico que el aleatorio -el cual se viene implementando desde hace más de un año- esto no se ha traducido en un pago de regalías más expedito para los compositores. García afirma que para la SPAC resulta imposible cumplir con sus compromisos si los usuarios de dicha entidad, entre los que se encuentran empresas promotoras y el gobierno, no le pagan primero lo que le adeudan en concepto de regalías.

En este sentido, una de las empresas que debe miles de dólares a la SPAC en concepto de regalías por derechos de autor es Showpro. Actualmente existe un arreglo de pago entre la SPAC y la promotora. Según Catalina Bocanegra, representante de Showpro, la empresa Tickeplus -encargada de la boletería- se ‘encuentra en conversaciones iniciales con la SPAC sobre este sensitivo tema’.

Bocanegra asegura que los acuerdos con la SPAC se siguen cumpliendo a pesar de los cambios que recientemente se han dado dentro de la gerencia de la compañía, y de que supuestamente existe un vínculo entre el presidente saliente Ricardo Martinelli y uno de los accionistas de la compañía, que es propiedad de Alfredo ‘Popa’ Arias, una relación que es negada por Bocanegra. ‘Showpro no tiene ningún vínculo con la familia Martinelli. Excepto su relación de patrocinio con súper 99, que se remonta a años atrás’.

A pesar de los problemas, García asegura que ‘en los registros de la SPAC no existe ni un artista que se haya ido porque no ha recibido sus regalías’. ‘Te garantizo que nosotros damos la cara. Aquí no se pierde un centavo’, concluye el artista, que con el paso los años ha cambiado la guitarra por la calculadora, dedicándose a uno de los aspectos menos atractivos del negocio musical: el de acreedor.