08 de Ago de 2022

Planeta

Más allá del derrame de petróleo

COLOMBIA. Desde el punto de vista humano, el accidente de la BP en el Golfo de México es una de las peores catástrofes de este siglo en ...

COLOMBIA. Desde el punto de vista humano, el accidente de la BP en el Golfo de México es una de las peores catástrofes de este siglo en la industria petrolera: 11 personas murieron en la explosión de la plataforma. Sin embargo, los expertos creen que, así suene cruel, el derrame es tan grave, que lo que menos ha importado hasta el momento es la pérdida de víctimas humanas.

El accidente de la Deepwater Horizon de BP en aguas del Golfo de México tiene consecuencias ambientales, económicas e industriales incalculables. El propio presidente estadounidense, Barack Obama, ha calificado este hecho como ′espantoso′ y ya es catalogado como el peor derrame en la historia de Estados Unidos. Superó incluso el del Exxon-Valdez en Alaska

Los efectos del Deepwater Horizon son demasiados. El más evidente y dramático, obviamente, es el ambiental. Las corrientes marinas ya llevaron el petróleo a la costa del sur de Estados Unidos, lo que afectó la flora y fauna de varios estados como Luisiana, Alabama y Mississipi; además ha habido un impacto social considerable, pues una de las principales actividades de la región, la pesca, se ha visto duramente afectada.

En lo económico las dificultades no son menos graves. BP ha perdido en el último mes hasta 30.000 millones de dólares en capitalización bursátil, por cuenta de la caída de casi 30 por ciento en el valor de la acción en los mercados de Londres y Wall Street.

Las pérdidas para BP van a resultar multimillonarias. Entre los inversionistas prima la incertidumbre, pues ninguna estimación puede dar certeza sobre el impacto de todo esto en el balance de la compañía. Por una parte, la cantidad de petróleo derramado no ha podido ser estimada y mientras que al inicio se manejó una cifra oficial de 5.000 barriles por día, un reciente informe de expertos dice que podrían ser hasta 25.000 barriles diarios; de ser así, en el último mes se habría botado al mar prácticamente la producción petrolera de un día en Colombia.

Esto implica dos cosas: que BP pierde ese crudo, pero además que tiene que pagar regalías al gobierno estadounidense porque en los contratos de exploración hay una cláusula que establece que las pérdidas y fugas de crudo deben ser pagadas por la compañía exploradora.

El otro asunto son los costos por parar la fuga de petróleo. Hasta esta semana las cuentas ya iban casi en 1.000 millones de dólares. Ese costo seguirá creciendo. BP también debe estar muy preocupada por las demandas que se van a venir luego de este desastre. El impacto ambiental y económico para las personas de los Estados afectados es muy grande. Esto se vería agravado si se confirma —como lo establece una de las tesis de los investigadores del desastre— que el accidente se produjo por malas prácticas de BP en el pozo.

La compañía va a tener que explicar mucho sobre las causas de esta calamidad. Estos factores han hecho que se especule con que los costos para la compañía británica podrían estar entre los 3.000 millones y los 15.000 millones de dólares, un rango amplio que se explica por qué en este momento todo es incierto.

El lío no solo va a impactar a BP. La industria está preocupada por la pérdida de confianza y credibilidad en el sector, pues la exploración a mar abierto es una de las esperanzas para encontrar el petróleo que se está acabando paulatinamente en tierra firme. La búsqueda masiva y a grandes profundidades es todavía reciente para toda la industria y los retos que implica son completamente nuevos.

De hecho, todas las compañías que trabajan en grandes profundidades, como Petrobras y Shell, están a la expectativa, porque esta catástrofe va a revelar muchas enseñanzas para el futuro del negocio. La exploración a mar abierto era una nueva esperanza para compensar las pérdidas en las reservas mundiales de crudo. Ahora todos los países van a poner bajo revisión el tema, pues lo del Golfo de México ilustra los peligros y riesgos de esta clase de proyectos. De hecho, el presidente Obama anunció la semana pasada que suspendía la aprobación de nuevas perforaciones petroleras en el Ártico. El tema está relacionado con el interés de otra gran petrolera (Shell), de buscar crudo en esas regiones. Ese endurecimiento podría extenderse a todo tipo de exploración en aguas profundas y afectaría los nuevos proyectos.

La otra implicación general para la industria es que los costos de los seguros para la búsqueda de crudo en alta mar seguramente van a incrementarse de manera importante. Así que será cada vez más costoso emprender esta clase de perforación. Lo que aún falta por saberse acerca del accidente del Deepwater Horizon es mucho: cuántos barriles de crudo se derramaron finalmente; cuál es el costo ambiental de la tragedia, cuántas pérdidas le va a representar a BP, etcétera. Es un hecho del que nadie va a salir indemne.