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16 de Apr de 2021

Planeta

Un tesoro arqueológico oculto en Boca del Drago

PANAMÁ. ¡Poooo.....!, un sonido largo, profundo y fuerte sale de un caracol que Thomas Wake, investigador de arqueología, sopló. El inst...

PANAMÁ. ¡Poooo.....!, un sonido largo, profundo y fuerte sale de un caracol que Thomas Wake, investigador de arqueología, sopló. El instrumento, que tal vez utilizó en el pasado un indígena para comunicarse o anunciar un ritual religioso, reposa entre un sinfín de restos arqueológicos hallados bajo la arena, el suelo y la vegetación de Boca del Drago, en Isla Colón, en Bocas del Toro.

Allí en más de quince hectáreas de terrenos se esconden vestigios de un asentamiento humano de por los menos 600 años de antigüedad. Los restos datan de entre los ‘años 800 y 1400’ de nuestra era, explicó Wake.

Los nativos que habitaban el área eran muy buenos artesanos. Ellos hacían vasijas y ollas adornadas con lindos diseños de animales y hombres. ‘Hay restos de cerámicas bocatoreñas muy finas’, dijo el investigador. Hay vasijas, escamas de peces, caracoles usados como trompetas, collares con caracoles, ollas de barro, cuchillos de piedra, restos de una hacha bien tallada y pulida, máquina de moler, entre muchas otras cosas. ‘Es un sitio único y el significado es profundo’ para desentrañar la historia arqueológica, piensa el especialista.

Y no es para menos. Los hallazgos han revelado las costumbres de aquella ocupación humana. Se cree que Boca del Drago funcionó como área de trueque comercial entre los indígenas de ésta y otras regiones.

Hay indicios de que piezas de cerámicas originales del valle central de Costa Rica, el suroeste de Nicaragua, Panamá, Coclé y Chiriquí llegaron hasta allí producto del intercambio comercial entre los nativos, quienes llegaban atravesando caminos y navegando en canoas.

Pero, esto no es todo. Un cementerio esconde otra historia, aún desconocida para muchos. Los muertos eran enterrados sin ofrendas —oro y piedras preciosas— en cajones hechos con lajas de coral. A su alrededor se realizaban grandes fiestas para despedir al difunto. Allí —en el lugar que funcionó como cementerio— aún se encuentran las evidencias de esta cultura. ‘Tumbas hechas con lajas de coral, con un cuerpo puesto y rellenado con arena de la playa’ y a su alrededor copas, platos y ollas, aseguró Wake. ¿Un ritual indígena? Es probable.

El estudioso, además, prevé analizar los restos de los muertos para conocer la edad exacta de los individuos. ‘Estamos buscando indicaciones de la patología’, aunque, está un poco difícil porque los restos están muy quebrados.

Wake planea montar un museo en Bocas del Toro para exhibir las muestras de aquella cultura, que se cree se replegó producto de las pérdidas humanas que sufrió durante una guerra con los indios miskitos. Tras ésto, se establecieron colonias holandesa e inglesa en estas tierras. Una cruz de cemento que reposa en el lugar, con el nombre de Henry Ellis, del año 1906, es muestra de la veracidad de dicha tesis.

El proyecto de Wake y el arqueólogo panameño, Tomás Mendizábal, ha sido apoyado por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) con un aporte 50 mil dólares.

Pese a ello, el investigador reconoce que Bocas del Toro es un paraíso que no ha sido bien estudiado y le preocupa el desarrollo turístico que experimenta. La razón es simple: se puede perder una historia arqueológica que está escondida en los bellos parajes del archipiélago.

‘Panamá tiene una arqueología de más de trece mil años’, tal vez una de las más antiguas de América Central. Sin embargo, es poco lo que se conoce de Bocas del Toro, repite el especialista de la Universidad de California.