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13 de Apr de 2021

Planeta

Las penurias del mono araña

PANAMÁ. Aquel tiempo en que era común ver los monos arañas con su larga cola enrollada de rama en rama desplazándose a través los bosque...

PANAMÁ. Aquel tiempo en que era común ver los monos arañas con su larga cola enrollada de rama en rama desplazándose a través los bosques —tal vez buscando una fruta para saciar su voraz apetito— quedó en el pasado.

En los bosques, en las selvas, en los árboles altos y medios de las comunidades interioranas ya no se escucha el aullar del primate, cuya extraña belleza natural cautivó a muchos curiosos que se arriesgaban a lanzarle una fruta a la orilla del río Tonosí para contemplarlo.

Hoy, la distribución de su población ha sufrido un descenso a nivel mundial. Tanto, que el mico se encuentra en el top de los 25 más amenazados del mundo, según el portal digital de www.animalesextinción.es.com.

En Panamá, la situación no es distinta. De acuerdo con la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una de las dos subespecies —Ateles geoffroyio (mono colorado)— que habita en Panamá está en peligro de desaparecer si no se toman medidas para evitarlo. Su distribución se limita al este del país y a la provincia de Darién, explicó Karla Aparicio, bióloga de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON).

Y la otra —Ateles fusciceps (mono negro)—, que se distribuye en Panamá y Darién, no corre mejor suerte. Se considera vulnerable y no precisamente por ser débil, sino por la reducción de su alimento y de su hábitat a causa de la deforestación. Para sobrevivir, ambos primates requieren grandes extensiones de bosque para movilizarse de un lado a otro, algo que se está perdiendo con el crecimiento demográfico y el desarrollo.

Otros factores propios de la naturaleza del mono araña, llamado así por sus largas extremidades, agrava su situación. La dificultad de reproducirse con rapidez debido a los largos periodos de gestación —siete meses— y prolongados tiempos de crianza —año y medio— retarda el crecimiento de la población.

A esto también se le suman la caza para uso alimenticio y deportivo y el cambio climático, que podría traer nuevas enfermedades para los primates que incluso podrían mutar en los humanos, explicó Rafael Samudio, presidente de la Sociedad Mastozoológica de Panamá.

La crisis es confirmada también por el Convenio de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestre (CITES), al colocarlo en el apéndice dos de su lista, que establece que las especies incluidas allí tienen restricciones para el comercio por el peligro de extinción.

SIN DATOS

A pesar de todo lo anterior, Panamá no dispone de datos que especifiquen cuántos individuos hay en la actualidad. Sin embargo, la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) promueve un proyecto de monitoreo en Altos de Chagres que contempla estudiar el comportamiento de cinco especies de primates para conocer su situación y emprender programas de conservación, explicó Samudio a La Estrella.

El oscuro panorama que presenta esta emblemática especie nos alerta que debemos asumir medidas urgentes para conservarla. De lo contrario, las futuras generaciones no podrán conocerla.