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25 de Nov de 2020

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Sé consumidor responsable

¿quest; Te has preguntado alguna vez sobre la procedencia de los alimentos que consumes? Generalmente no lo hacemos; sin embargo, es una...

¿quest; Te has preguntado alguna vez sobre la procedencia de los alimentos que consumes? Generalmente no lo hacemos; sin embargo, es una acción muy importante que puede hacer una gran diferencia en la conservación de nuestros recursos. Como consumidores, tenemos una responsabilidad, pero también tenemos un poder. Con nuestra forma de consumir podemos influir de una forma directa.

¿Sabías que anualmente se extraen más de 95 millones de toneladas de productos del mar por pesca y acuicultura? En el caso de la pesca, esta gran demanda ha llevado a los mercados a incrementar sus tecnologías para capturar más productos, posiblemente sin considerar el impacto negativo que esto ocasiona al ambiente marino y que repercute contra nuestra propia existencia. Por ello, en este espacio mencionaré algunos casos que deberíamos conocer; sin embargo, se podrían listar otros más.

Cada vez son más los expertos que manifiestan que varias de las especies marinas de interés comercial están declinando sus poblaciones. Una de las causas es la pesca de juveniles (animales que no se han reproducido; es decir, que no han dejado descendencia).

Panamá no escapa de esta realidad, de nuestros mares se están extrayendo pargos juveniles, probablemente para abastecer el mercado que busca el ‘pargo tamaño de plato’, aquel que cabe en un plato, siendo más estético para el cliente.

Otro producto que se puede encontrar en algunos restaurantes es el cambute, el cual debido a sus bajas poblaciones está protegido por una normativa nacional que establece una veda por 5 años a partir de este año.

La langosta es otra de las fuentes de proteínas que consumimos y que los científicos recomiendan establecer tallas adecuadas (tamaño del ejemplar) para el consumo de este recurso, ya que consumir ejemplares por debajo de esta talla significa que estás consumiendo langostas juveniles.

También, como consumidores, deberíamos conocer la técnica bajo la cual se capturó el producto. Algunas artes de pesca son poco selectivas y arrasan con todo lo que encuentra a su paso para luego quedarse con una pequeña parte de todo lo capturado, camarones.

Este daño lo ocasionan las redes de arrastre, su poca selectividad captura tortugas marinas, tiburones pequeños, peces, crustáceos y otras especies que no son el objetivo de este tipo de pesca y que luego es devuelto al mar, pero muerto.

En ocasiones, en Panamá algunos barcos se atreven a arrastrar muy cerca de la costa, lo cual por norma es prohibido debido a que capturan especies juveniles, degradan hábitats costeros y destruyen fondos de praderas marinas.

Las capturas accidentales pueden constituir un problema grave por el despilfarro de los recursos.

La FAO considera que la pesca de arrastre del camarón es la principal fuente de descartes (aproximadamente 70% de la captura se descarta).

También sería interesante conocer de dónde proviene el pescado que consumimos. Si ha sido extraído de un área marina protegida cumpliendo con las normas establecidas para reducir el daño sobre otras especies o ecosistemas o si proviene de un grupo de pescadores artesanales que se distinguen por acogerse al código de buenas prácticas de pesca propuesto por la FAO y adoptado por varios países.

Ya es tiempo de que como consumidores nos hagamos este tipo de cuestionamientos sobre los productos que adquirimos y tomemos acción inmediata para motivar a nuestros mercados a ser más responsables con el ambiente.

Cambiar nuestras prácticas habituales toma tiempo y un buen inicio podría ser tomar la decisión de reducir el consumo de productos cuya cosecha/captura pone en riesgo nuestro abastecimiento de alimento (proteína) y la existencia de otras especies.