09 de Dic de 2022

Planeta

La sequía: uno de los grandes desafíos en el desarrollo de América Latina

La falta de agua en América Latina es uno de los grandes desafíos del desarrollo sostenible, por lo que implementar políticas públicas de gestión de sequía es clave para enfrentarse a ella

La sequía: uno de los grandes desafíos en el desarrollo de América Latina
La FAO considera que en la gran mayoría de los países existe una presión sumamente relevante e importante sobre los recursos hídricos, en donde las demandas de agua superan el caudal disponible, generando una situación de sequía hidrológica permanente.Shutterstock

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), según lo señalado a través de su plataforma digital, considera que la sequía es uno de los peligros naturales más devastadores porque detiene la producción de alimentos, hace estériles los pastizales, desequilibra los mercados y, cuando es extrema, causa la muerte de forma generalizada de personas y animales.

La FAO define la sequía como una situación en la cual la demanda por agua supera a la oferta.

Además, para la FAO existen diversas definiciones para este fenómeno, siendo las principales: sequías meteorológicas, es decir, escasez de precipitaciones; sequías hidrológicas (bajos caudales) y sequía de agua para algún uso, como por ejemplo la sequía agrícola, lo que produce el condicionamiento y la reducción de la disponibilidad de agua a nivel agrícola en comparación con las necesidades de los cultivos.

Cuando ocurre la sequía puede darse también un aumento de la migración de las zonas rurales a las urbanas, lo que causa un estrés adicional en las poblaciones y el sistema de alimentación de los países, al decaer la producción de alimentos.

La sequía: uno de los grandes desafíos en el desarrollo de América Latina
Cuando se consideran las proyecciones del cambio climático en el mundo, estas sequías hidrológicas aumentan al igual que los impactos esperados, puesto que el cambio climático indica de forma consistente que el promedio de la temperatura tiene una alta probabilidad de aumentar en los próximos 30 años.Shutterstock

Esto debido a que, los ganaderos y pastores se ven en la necesidad de buscar fuentes alternativas de agua y alimentos para sus animales, lo cual puede crear conflictos entre estos.

El experto en climatología para el Banco Mundial (BM), Donald Wilhite, ha comentado que las sequías provocan el aumento en los precios de los alimentos en todo el mundo, e inclusive en países como México han generado que el gobierno reconsidere transformar los mecanismos de los precios de alimentos a una bolsa agrícola propia, con el fin de hacer frente a las fluctuaciones en el mercado del maíz.

La FAO considera que en la gran mayoría de los países existe una presión sumamente relevante e importante sobre los recursos hídricos, en donde las demandas de agua superan el caudal disponible, generando una situación de sequía hidrológica permanente.

Así, las regiones más afectadas, aunque no están bajo una situación de sequía hidrológica permanente, compiten por el agua y se encuentran en un balance precario.

Al disminuir los caudales se generan déficits hidrológicos importantes, lo que a su vez se percibe en mayor magnitud en el presente, respecto a años anteriores, debido al incremento significativo en las demandas de agua en la última década; esto se ve acrecentado de esta manera porque los sectores que demandan agua han incrementado su consumo en dicho período.

Este escenario de déficit de agua acentúa los impactos en zonas geográficas extendidas, como California, EE.UU., y el norte de Chile, donde se perciben más fuertemente.

Cuando se consideran las proyecciones del cambio climático en el mundo, estas sequías hidrológicas aumentan al igual que los impactos esperados, puesto que el cambio climático indica de forma consistente que el promedio de la temperatura tiene una alta probabilidad de aumentar en los próximos 30 años.

Con respecto a la precipitación, los escenarios muestran señales que dependen de la zona geográfica, una reducción o aumento de las precipitaciones anuales, siendo lo más relevante desde el punto de vista de las sequías que los estudios apuntan a una intensificación en la frecuencia e intensidad de las sequías, incluso en los escenarios con menor probabilidad de ocurrencia de cambio climático

Según la FAO, esto aumenta la vulnerabilidad a la sequía en el mundo, por lo que se requiere en forma urgente una gestión de las sequías.

Gestionar “algo” depende en gran manera de cuánto se conoce, es decir, depende de un buen diagnóstico o línea base, en este caso de sequías. Es igualmente primordial conocer los impactos que ha causado la sequía para definir de qué manera es necesario gestionar con eficiencia el recurso previo a esta, planificación que requiere establecer la relación existente entre la economía y la gestión de los recursos hídricos de manera integrada.

En la entrevista del BM al experto Wilhite, el climatólogo utiliza el término ventana de oportunidad para explicar cómo referirse a las sequías.

Wilhite indica que “cuando se produce una sequía, las autoridades deben estar atentas. En esos momentos están en una mejor posición para hacer cambios en la planificación y la evaluación de cómo pueden manejar sus recursos de manera preventiva”.

Para el experto, el ciclo del agua o ciclo hidrológico se transforma en ilógico, porque cuando hay sequía lo primero que llega es el pánico, y posteriormente, llega la lluvia, y con ella, la apatía. Es por ello que se transforma en el ciclo “hidroilógico de las sequías”. Para el experto, la omisión en la toma de decisiones para planificar la gestión de la sequía logra que cuando las sequías vuelvan, se despierte nuevamente la preocupación y el miedo de los que no se prepararon para hacerle frente.

Una de las formas para gestionar la sequía es la que Wilhite introdujo en Brasil como un proyecto piloto del Banco Mundial, a través del cual se diseña el primer sistema nacional de monitoreo constante de la sequía, que funcionará en uno de los estados de Brasil más seco en el país y con el cual se recopilarán datos que permitan tomar decisiones cónsonas con los escenarios reales del país, impulsando con ello la gestión de las sequías.

La FAO hace hincapié en que ante los eventos extremos de sequías, es más costoso reaccionar ante la crisis sin planificación previa.

En su artículo, 'Actuar pronto para prevenir emergencias humanitarias', la FAO sugiere que “intervenir de forma temprana en los países en los que se prevé que ocurran desastres naturales puede prevenir que las amenazas se conviertan en emergencias humanitarias o mitigar sus impactos”.

Dominique Burgeon, director de la División de Emergencias y Rehabilitación, Programa Estratégico de Resiliencia de la FAO, indicó que realizar intervenciones tempranas para la gestión de la sequía, además de ser compasivo e inteligente, es altamente rentable porque se protegen los medios de subsistencia antes de que ocurra un desastre y eso significa una mayor resiliencia frente a futuras crisis, y una menor presión sobre unos agotados recursos humanitarios.

Seguir medidas tempranas de acuerdo con la gestión de la sequía, es decir, distribuir alimentos de emergencia muy nutritivos para los principales animales reproductores; ofrecer servicios veterinarios para mantener a los animales vivos y saludables; rehabilitar puntos de agua e instalar depósitos; y capacitar en mejores prácticas y gestión de los mercados pecuarios a los funcionarios gubernamentales, logran salvar más animales por familia pastoril en comparación con aquellos que no reciben apoyo.

Así, durante la sequía es posible lograr que cada niño menor de cinco años de esas familias beba más litros de leche por día en esa época, lo que representa una cuarta parte de las calorías diarias y el 65% de las necesidades proteicas diarias de un niño de cinco años.

La sequía en América Latina es uno de los grandes desafíos del desarrollo sostenible, por lo que implementar políticas públicas de gestión de sequía es clave para enfrentarse a ella.

La autora es investigadora científica en recursos hídricos e ingeniera civil. También es doctora en ingeniería agrícola con mención en recursos hídricos en la agricultura (Chile).