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08 de Feb de 2023

Planeta

Escepticismo y esperanza de las oenegé conservacionistas ante la COP15 en Canadá

Este último fin de semana un grupo de altos funcionarios de la conferencia resumía las líneas de trabajo para los casi 17.000 delegados que se prevé asistan

Escepticismo y esperanza de las oenegé conservacionistas ante la COP15 en Canadá
El primer ministro de Canadá, Justin TrudeauMariscal | EFE

El próximo miércoles 7 arranca en Montreal (Canadá) la Conferencia sobre Diversidad Biológica de la ONU (COP15) con un ambiente escéptico, pero esperanzado, entre las organizaciones conservacionistas tras los limitados resultados de la Conferencia sobre Cambio Climático (COP27) del pasado mes de noviembre en Sharm El Sheij (Egipto).

La reunión en Canadá, que tiene previsto extenderse hasta el lunes 19 de diciembre, convoca a gobiernos de todo el planeta para acordar un nuevo marco mundial que incluya, según la organización, “medidas audaces” encaminadas hacia la protección de la biodiversidad biológica para evitar su deterioro actual y que en 2050 “se cumpla la visión compartida de vivir en armonía con la naturaleza”.

Este último fin de semana un grupo de altos funcionarios de la Conferencia resumía las líneas de trabajo para los casi 17.000 delegados que se prevé asistan a una cita cuya inauguración contará con el secretario general de la ONU, António Guterres; el presidente de la COP15 y ministro de Ecología y Medioambiente de China, Huang Runqui; el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, y el jefe tradicional de la nación nativa Onondaga Tadodaho Sid Hill.

Luis Suárez, portavoz de WWF, espera el comienzo de la COP15 con “optimismo muy moderado” porque las “expectativas son altas, necesitamos un acuerdo ambicioso..., pero la realidad no presenta un panorama alentador” y “será difícil arrancar compromisos”.

La presidencia de una cumbre de este tipo “resulta clave para liderar y obtener resultados y, en este caso, no parece que ni la presidencia china ni el anfitrión canadiense estén haciendo ese trabajo”, ha señalado a EFE, antes de añadir que “no irán jefes de Estado, lo cual ya es un indicativo de la importancia que dan al problema”.

Lo más urgente en este momento es “el cambio climático, que era una de las cinco grandes amenazas para la biodiversidad hasta hace poco pero, con la actual tendencia, será mucho peor que todas las demás”.

Suárez también ha llamado la atención sobre “la destrucción del territorio, sobre todo a través de la agricultura industrial e intensiva: cómo produce alimentos, sin respetar entorno ni sostenibilidad” y pone como ejemplo la deforestación importada, sobre la cual la UE examinará una nueva reglamentación esta misma semana.

Nicolas Fournier, director de campaña de áreas marinas protegidas de Oceana en Europa, ha hecho hincapié en la pesca comercial, cuyos “impactos negativos para la biodiversidad marina están muy extendidos” e incluyen “sobrepesca, captura accidental de especies sensibles –tiburones, cetáceos, tortugas, etc.– y destrucción de hábitats sensibles como praderas marinas o arrecifes”.

Fournier se ha quejado a EFE de la “falta de voluntad política” de la UE que es “especialmente incapaz de hacer frente a los impactos destructivos de su industria pesquera” ya que sus políticas “no respetan la ciencia a la hora de fijar cuotas, lo que conduce a la sobrepesca” o de “crear áreas marinas protegidas que luego están sin protección y sufren prácticas destructivas como la pesca de arrastre, a veces con mayor intensidad que fuera de estas áreas”.

De todas formas, se muestra esperanzado ante el desarrollo de la COP15: sus objetivos son “ambiciosos y esperamos que lo sean más para 2030” ante la “necesidad de actuar rápida y decididamente” para frenar la pérdida de biodiversidad.

“El clima y la naturaleza son dos caras de una misma moneda” y la protección de esta “es la mejor inversión climática para aumentar la resiliencia de ecosistemas frente a los cambios y atenuar los impactos de sequías, inundaciones y otros fenómenos meteorológicos extremos”, ha resumido.

La COP15 analizará la aplicación de los protocolos del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD, por sus siglas en inglés) que deben garantizar una “distribución justa y equitativa de los beneficios del uso de la biodiversidad”, así como el transporte, manipulación y etiquetado seguros de los organismos vivos modificados.