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31 de May de 2020

Salud

La inevitable enfermedad destilada de la diabetes

Los ojos son la linterna permanente del ser humano. El correcto funcionamiento de este sentido peligra al huír de la diabetes

En el profundo interior del ojo humano existe una delgada capa muy sensible a la luz, ella ejerce una función vital para todos los humanos.

Dicha capa capta millones de imágenes cada segundo, las cuales son llevadas directamente al cerebro para que en un abrir y cerrar de ojos se lleve a cabo el milagro llamado visión.

Sin embargo, por años ha existido una enfermedad consecuente de la diabetes, ésta ha amenazado a todos los que padecen exceso de azúcar en la sangre, se trata de la retinopatía diabética.

Ese padecimiento ataca los vasos sanguíneo de la retina provocando su ruptura, al tiempo que libera sangre, grasa y otros líquidos en el ojo humano, fenómeno que paulatinamente se va traduciendo es ceguera.

‘La causa principal son las alteraciones vasculares caracterizadas por microaneurismas, exudados y edema retinal en pacientes que ya sea tengan mucho tiempo de padecer la diabetes o estén mal controlados de su enfermedad’, explica Samuel Boyd, doctor especialista en oftalmología y retina.

Según señala Boyd, toda persona que padece de diabetes presentará en algún momento de su vida esta enfermedad, indicando que ‘mientras más años se tenga de padecer diabetes mayor es la probabilidad de tener retinopatía’, pero la probabilidad crece en diabéticos juveniles o diabéticos mal controlados.

Actualmente se estima que el 25 por ciento de los pacientes con niveles de glucosa elevados padecen ceguera o visión nublosa, producto de la retinopatía.

‘No tiene cura, pero sí se puede controlar’, advierte la enfermera especialista en diabetes, Graciela de Mendoza.

Ella asegura que un control adecuado de los niveles de azucar en la sagre puede ser la diferencia entre mantener o perder la visión.

‘La retinopatia diabética es frecuente en pacientes que sufren de hiperglicemia y que mantienen su azúcar en niveles arriba de docientos’, menciona de Mendoza.

Según ambos especialistas, los niveles adecuados de glicemia deben rondar entre 76 y 100 en la sangre.

La retinopatía ataca al ojo humano de dos formas: la proliferada y la no proliferada. Ésta último ataca el ojo sin alcanzar la ceguera, pero sí dificultando la visión, mientras que la proliferada es mucho más agresiva.

Sin embargo, si un paciente diabético logra mantener sus niveles de glucosa moderados puede alargar el tiempo de aparición de la retinopatía, permitiéndose conservar la vista por más tiempo.