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01 de Dec de 2020

Tecnología

Emociones binarias

Los últimos adelantos en robótica intentan que las máquinas sientan y desarrollen emociones, pero todavía queda un largo camino por recorrer

Emociones binarias
Emociones binarias

Cuando Theodore, un hombre solitario que trabaja escribiendo cartas para otros, adquiere un sistema operativo para ayudarle en todo lo que necesita, lo último que esperaba es sentirse atraído por ese programa. El sistema operativo responde al nombre Samantha, tiene la voz de Scarlett Johansson y, poco a poco, Theodore, interpretado por Joaquin Phoenix, comienza a enamorarse de esa misteriosa compañía artificial que le hace tan feliz.

‘Bueno, pareces una persona, pero eres sólo una voz en una computadora’, dice Theodore, tan confundido ante sus sentimientos como la propia Samantha quien, pese a su naturaleza artificial, comienza a amar a su dueño. Este es el singular argumento de ‘Her’, la película de Spike Jonze que ganó este año el Óscar al mejor guion original con una cinta romántica de ciencia ficción que plantea un interesante interrogante: ¿podrán los robots, en el futuro, tener emociones y enamorarse de las personas?

EL CINE, UN PASO POR DELANTE

El cine siempre ha fabulado con las posibilidades de la ciencia para crear emociones y ‘Her’ no es la primera película en tratar el tema. Por ejemplo, en ‘Inteligencia Artificial’ de Steven Spielberg, David era un niño robot, el primero especialmente diseñado para poder amar, y esta capacidad le sitúa en un lugar difuso entre seres humanos y máquinas.

‘A día de hoy, los investigadores no hemos sido capaces de cumplir las expectativas de producir algo tan complicado como una ‘personalidad’ y poder imbuirla dentro de un robot’, admite Eduardo Castello, doctorando en Ingeniería Robótica en el Intelligent Robotics Laboratory de Osaka (Japón), una de las instituciones punteras en la materia.

Los sentimientos y las emociones parecen todavía atributos propios de los seres humanos, algo que los define y caracteriza frente a las máquinas. Pero, ¿qué pasaría si se rompiera esa barrera? ‘

Las emociones de un robot podríamos entenderlas como respuestas complejas frente a multitud de estímulos que establecerán la decisión, la respuesta (del robot), la cual ha de ir acompañada de todo aquello que la haga lo más humana posible, como expresiones, movimientos, entonación...’, explica Pablo Medrano, experto en robótica de entretenimiento y codirector de The Robot Museum de Madrid.

Es posible que el amor entre personas y robots parezca algo lejano, pero otros adelantos del cine parecen más posibles. En ‘Un amigo para Frank’, el protagonista es un anciano con problemas de memoria al que sus hijos le compran un robot. La compañía y la ayuda del robot son para Frank algo parecido a lo que intentan ya los robots destinados a cuidar a personas mayores, como la foca terapéutica Paro o el proyecto MobiServ.

‘Empezamos a ver cómo cierto tipo de usuarios, especialmente con algún tipo de carencia, están empezando a desarrollar sentimientos empáticos hacia los robots que hacen su vida más fácil’, dice Castello.

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