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Edgar Ivankovich: ‘La matriz energética debe ser robusta, diversificada y resiliente’
- 22/10/2026 00:00
Panamá se encuentra ante el desafío de acompañar su crecimiento económico con una infraestructura eléctrica capaz de responder a una demanda cada vez mayor, en un contexto marcado por la variabilidad climática y la transición hacia modelos de producción más sostenibles. Para Edgar Ivankovich, director de Asuntos Corporativos de AES Panamá, la respuesta pasa por anticipar las inversiones, fortalecer las redes de transmisión y aprovechar las ventajas de una matriz energética diversificada.
Con más de 22 años de trayectoria en la industria eléctrica panameña, Ivankovich ha desarrollado su carrera desde áreas técnicas y operativas hasta la gestión corporativa. Su experiencia en hitos como la construcción del proyecto hidroeléctrico Changuinola y la dirección de operaciones le ha permitido comprender la importancia de conectar las decisiones de ingeniería con las necesidades de las comunidades, los inversionistas y los demás actores del sector.
Esa perspectiva será especialmente relevante en la conversación sobre el futuro energético del país, uno de los ejes del Panama Energy Summit 2026, organizado por La Estrella de Panamá y El Siglo. El encuentro se realizará el miércoles 28 de octubre, de 8:00 am a 12:00 pm, en el Renaissance Panama City Hotel, y reunirá a líderes del sector para analizar los desafíos de competitividad, inversión y sostenibilidad.
Uno de los principales retos que identifica Ivankovich es garantizar que la infraestructura eléctrica crezca al mismo ritmo que las necesidades del país. En particular, destaca la transmisión como un componente estratégico para facilitar la incorporación de nueva generación y asegurar que la energía llegue de manera eficiente a los consumidores.
El desarrollo de subestaciones y la ampliación de la capacidad de la red son elementos fundamentales para conectar nuevos proyectos, incluidos los de generación solar que esperan avanzar hacia su integración al sistema eléctrico.
“Todas estas infraestructuras toman, cuando se toma esa decisión, entre 12, 18, 24, 36 meses”, explica Ivankovich al referirse a los tiempos que requieren las obras eléctricas. Por ello, considera indispensable proyectar las necesidades futuras y tomar decisiones con suficiente antelación, antes de que el crecimiento del consumo se convierta en un cuello de botella.
En ese contexto, el debate sobre las futuras inversiones en transmisión, incluida la posibilidad de construir una cuarta línea o repotenciar las existentes, requiere evaluar las alternativas técnicas y económicas disponibles. El objetivo, señala, debe ser contar con la capacidad necesaria para acompañar el crecimiento de Panamá sin comprometer la confiabilidad del servicio.
La diversificación de las fuentes de generación también ocupa un lugar central en la visión del ejecutivo. Panamá cuenta con recursos hídricos, solares y eólicos, además de gas natural y otras fuentes que pueden contribuir a responder a las necesidades del sistema.
Según las cifras compartidas por Ivankovich durante la entrevista, entre enero y agosto de 2026 alrededor del 65% de la energía producida en el país correspondió a fuentes renovables. El gas natural representó aproximadamente un 25%, mientras que el carbón y el diésel aportaron cerca del 10%.
Esta combinación, sostiene, constituye un elemento relevante para la competitividad nacional. La disponibilidad de energía procedente de fuentes renovables, complementada con tecnologías de respaldo, puede resultar atractiva para empresas e inversionistas que buscan conocer el origen de la electricidad utilizada en sus operaciones y evaluar su desempeño ambiental.
El desafío consiste en continuar desarrollando un sistema capaz de responder a las necesidades actuales y futuras, aprovechando las distintas tecnologías disponibles y manteniendo la confiabilidad del suministro.
La variabilidad climática añade presión a la planificación energética, especialmente por la incidencia de las lluvias y los niveles de almacenamiento de agua en los embalses hidroeléctricos.
Ivankovich advierte que estos escenarios refuerzan la necesidad de mantener y asegurar una matriz robusta, diversificada y resiliente. Cuando la disponibilidad de agua disminuye, otras fuentes de generación pueden contribuir a compensar parte de esa variación, reduciendo la dependencia de una sola tecnología.
Desde esta perspectiva, la preparación ante fenómenos climáticos extremos no depende únicamente de disponer de capacidad instalada, sino también de planificar adecuadamente el uso de los recursos y desarrollar infraestructura que permita responder a condiciones cambiantes.
Para Panamá, este enfoque supone mantener una visión de largo plazo que integre la seguridad energética, el crecimiento de la demanda y la sostenibilidad ambiental.
La transformación tecnológica también está modificando la forma en que se gestionan las infraestructuras eléctricas. Para Ivankovich, la inteligencia artificial, el análisis de grandes volúmenes de datos y el aprendizaje automático serán herramientas cada vez más importantes para los profesionales que se incorporen a la industria.
Estas tecnologías pueden contribuir a mejorar los sistemas de predicción, anticipar necesidades de mantenimiento y optimizar la operación de las instalaciones. Su integración en los centros de control y en otros procesos técnicos abre nuevas oportunidades para fortalecer la eficiencia y la capacidad de respuesta del sistema.
El ejecutivo considera que los jóvenes ingenieros y profesionales del sector deben desarrollar competencias en estas áreas para adaptarse a una industria en transformación. La inteligencia artificial, afirma, ha dejado de ser una tendencia pasajera para convertirse en una herramienta con aplicaciones concretas en distintas disciplinas de la producción energética.
Más allá de la infraestructura y la tecnología, Ivankovich destaca la importancia de construir relaciones de confianza con las comunidades y los grupos de interés.
Su formación como ingeniero le permite traducir conceptos técnicos complejos a un lenguaje comprensible para públicos diversos. Esta capacidad resulta especialmente importante cuando se trata de explicar los objetivos, el funcionamiento y el impacto de los proyectos energéticos.
En su experiencia, la comunicación clara facilita el intercambio entre las empresas y las comunidades, y contribuye a construir la denominada licencia social: la aceptación y la confianza necesarias para desarrollar proyectos en diálogo con su entorno.
La dimensión social, por tanto, forma parte de los desafíos de una industria que debe responder no solo a las exigencias de suministro e inversión, sino también a las expectativas de las personas y comunidades relacionadas con sus operaciones.
La experiencia de AES Panamá pone sobre la mesa varios asuntos que marcarán la conversación energética nacional: la planificación de las redes de transmisión, la diversificación de las fuentes de generación, la adaptación al cambio climático, la transformación digital y la relación con las comunidades.
Son temas que trascienden las decisiones operativas de una empresa y forman parte de una discusión más amplia sobre las condiciones que Panamá necesita para sostener su crecimiento, atraer inversiones y avanzar hacia un modelo energético confiable y sostenible.
En palabras de Ivankovich, el mensaje que debe orientar esa visión puede resumirse en dos palabras: “energía renovada”. Una idea que vincula el aprovechamiento de los recursos del país con la necesidad de seguir modernizando la infraestructura, incorporar nuevas tecnologías y anticipar los retos del futuro.
Estos serán algunos de los temas que cobrarán relevancia en el Panama Energy Summit 2026, un espacio de encuentro para analizar cómo las decisiones de hoy pueden contribuir a construir un sistema energético preparado para las próximas décadas.