02 de Oct de 2022

Deportes

Una carrera sobre el agua

PANAMÁ. El 23 de noviembre de 2003 estaba por terminar. César culminaba aquel día su práctica profesional para graduarse de licenciado e...

PANAMÁ. El 23 de noviembre de 2003 estaba por terminar. César culminaba aquel día su práctica profesional para graduarse de licenciado en Banca y Finanzas de la Universidad Santa María la Antigua. Las felicitaciones comenzaron temprano, las horas se consumieron rápido, casi sin darse cuenta. Con tres amigos quedó en celebrar. Irían a una discoteca en la noche. Se divirtieron. Antes de las doce de la noche ya estaban camino a su casa, en Brisas del Golf. Ingresando a la barriada, el carro se apagó. El conductor intentó revivirlo. Nada. Los tres amigos se bajaron a empujarlo; al rato, un vehículo los golpeó por detrás. César sintió un dolor en la pierna.

Un año después de la amputación por encima de la rodilla derecha, César retomó la natación, que practicaba desde los cuatro y dejó a los 12 años. ‘No me voy a quedar el resto de la vida en la cama’, se repetía. Una madrugada, como cualquier trabajador de las afueras de la ciudad, se levantó a las cuatro de la mañana abordó un bus diablo rojo hasta la terminal de Albrook y se fue a una piscina de la antigua zona del Canal. Como llevaba bermuda, en ese trayecto la gente se interesaba en lo que me había pasado en la pierna, le contaba y al poco se quedaban dormidos. Así pasó ese año. Braceaba cuatro horas en dos jornadas, unos cuatro kilómetros diarios.

Así lo hizo hasta que en 2007 una hoja de periódico le abría los mares. Ese año se jugaban los juegos Panamericanos en Brasil y su padre leyó un reportaje del dominicano Marcos Díaz, quien había nadado el Estrecho de Gibraltar.

—Sabes que a los deportistas en Panamá les toca golpear muchas puertas que pocas veces se abren —contestó a su padre.

César buscó el contacto de Marcos en la internet y le escribió sobre su idea, o mejor dicho, la de su padre. Con los consejos de Marcos, estaba convencido de que podría convertirse en el primer centroamericano en cruzar esas aguas.

COMIENZAN LAS HAZAÑAS

En cuatro horas y 29 minutos se puede viajar de Panamá hasta Guadalajara, se puede leer un libro de unas trescientas páginas, se puede cumplir media jornada laboral en cualquier empresa: en ese tiempo taladró César las aguas del mar Mediterráneo. ‘En estas horas hay que despojarse de todo. Si piensas en otra cosa te desconcentras y te cuesta volver a concentrarse’, relata ahora de su primera travesía.

Pero no fue el descontrol lo que causó que el nadador no terminara los 34 kilómetros del Canal de la Mancha en 2010, su segundo gran reto. Para esta distancia había entrenado en mar abierto: entre 20 y 25 kilómetros en Isla Grande, en Colón, provincia donde nació. ‘Las hazañas deportivas son grandes, precisamente, por el sacrificio que implican’, decía días previos en las pantallas de televisión. Pero no pudo completar la meta. Le faltaron solo dos kilómetros. ‘El frío y las corrientes de las aguas me lo impidieron’. Prometió volver.

Dos años más tarde, en septiembre de este año, cambió de orientación: se fue al Canal de Santa Bárbara. ‘Allá tuve mareos, nauseas, calambres, corriente en contra, me sentía. La travesía, de 34 kilómetros, me parecía inalcanzable. Aquí es cuando echas manos de la preparación sicológica, aquí es cuando debes sacar tu fortaleza espiritual para impulsar tu fuerza física, es cuando hay que tener paciencia porque van a ser muchas horas de nado y durante este lapso hay bajones’. Cuando terminó el trayecto, su hermana Nuris saltó del bote donde lo había seguido, para sostenerlo

El atleta ahora planea nadar en Panamá y en el extranjero. Dice que todavía no se ha decidido el tramo de mar, pero tiene que aprovechar los meses de junio y julio, el verano en aquellos países para cumplir con una de estas meta. La otra será aquí, para que los panameños lo vean en vivo.

Es un sábado soleado de noviembre. A media mañana la casa de César parece deshabitada. Es una de las pocas residencias que no tiene verjas ni muros. Al tocar el timbre, se mueve una silueta detrás de los cristales de las ventanas y se acerca a la puerta. Es un hombre alto, de unos cincuenta años que pregunta: ‘Busca a César’, ‘espere que ya viene’. Abre e indica que espere en la terraza, en la parte de atrás de la vivienda. De una iglesia vecina salen cantos y oraciones. ‘Son las catequesis de primera comunión de los niños’, dice el señor de gran parecido al nadador.

En las paredes tachona fotografías de César: con la exprimera dama Vivian, con un expresidente, con el saltador Saladino, con el peleador Pelenchin, con la cantante Brenda, con Roberto ‘Mano de Piedra’, con Rubén Blades. ‘Al charlar con ellos te das cuenta que también se han sacrificado muchísimo para llegar donde están, para ser reconocidos en el mundo’, menciona. Y sobre estos murales en las paredes, agrega: ‘Mi mamá recorta todo lo que salga de mí y lo cuelga’.

Estaba leyendo, le he tomado gusto a la lectura, comenta. Lleva una gorra de color blanco, suéter blanco con la marca del banco que lo patrocina y pantalón negro de gimnasia. Como la piscina está en mantenimiento le queda tiempo libre. Le gustan los libros de John Maxwell y de Zig Ziglar. César es coach certificado desde hace dos años. En unos días comenzará a escribir su biografía: ‘Quiero llevar un poco de luz a las personas, creo que ayudándolos a ser feliz con los recursos que tienen a mano, aporto algo a mi país’.

‘SIEMPRE VAS A RECORDAR LO QUE TE PASÓ’

En los primeros minutos de la charla, la vista cae sobre la prótesis; la que los niños llaman pierna de robots cuando César los visita en los colegios para hablarles de los valores. ‘La uso cuando ando fuera, en casa me la quito y uso las muletas. Es como una zapatilla, te la pones y te la quitas’, explica.

César es uno de los 1.5 millones de panameños asalariados. ‘Embajador de Responsabilidad Social’, es el cargo que ocupa en el banco donde realizó la práctica profesional y el que le permite realizar el deporte y las actividades sociales.

Cinco días después de la entrevista, el nadador fue noticia. Viajó a Utivé, a dos horas de la capital, a visitar a la policía Vielka Díaz, que un auto la arrolló y perdió los dos miembros inferiores. La conversación la resumieron en una frase del deportista: ‘Volverás a caminar’. Recordé la respuesta de César cuando le pregunté ¿cómo veía su accidente? ‘Siempre lo vas a tener presente, siempre lo recordarás, pero para mí ha sido una oportunidad que me permitió cambiar las cosas ordinarias por momentos extraordinarios’.