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20 de Oct de 2020

Deportes

Abucheos de una afición cargada de esperanzas

PANAMÁ. ’A nivel mediático lo que ha sucedido es que se ha perdido la fe en la selección, luego de la derrota ante Estados Unidos, y ni ...

PANAMÁ. ’A nivel mediático lo que ha sucedido es que se ha perdido la fe en la selección, luego de la derrota ante Estados Unidos, y ni me quiero imaginar después de haber perdido ante Costa Rica. Cero confianza de aquí en adelante, pero siento que aún es posible clasificar’, esas fueron las palabras de Julio César Dely Valdés luego de la derrota de visitante ante Estados Unidos y Costa Rica en el pasado mes de junio.

A juicio del estratega del combinado nacional, la afición y los medios habían perdido la fe.

Sin embargo el subcampeonato en la Copa Oro reactivó la esperanza de ‘La Marea Roja’.

La misma afición panameña explotó la noche del viernes en el estadio Rommel Fernández luego del empate a cero ante Jamaica.

El central guatemalteco Walter López dio el pitazo final, los jugadores y el técnico se dirigían a los camerinos cuando los abucheos se apoderaron de la atmósfera en Juan Díaz.

Un hecho que nunca había sucedido a través de la historia de las selecciones nacionales.

Conforme avanzaban los minutos del compromiso, la desesperación de los aficionados crecía como levadura en cada intento fallido de gol. Algunos de los seguidores reclamaban al estratega realizar cambios con gritos desdes las gradas.

La sequía de goles por parte de Panamá en la ronda hexagonal sumaba 270 minutos antes del pitazo inicial. Esa marca se extendió a 360 minutos cuando se consumaba el séptimo partido de la jornada eliminatoria.

La defensa suma el mayor porcentaje del aporte goleador en la selección nacional durante el hexagonal.

Los zagueros Román Torres y Luis Henríquez tienen tres goles, mientras que los delanteros Blas Pérez y Luis Tejada reunen uno cada uno.

La esperanzada afición mantenía las ganas de gritar ese tanto, terminar con la esterilidad goleadora y celebrar a su acostumbrada manera (cerveza al aire, abrazos, saltos, gritos y otros), pero no llegó.

Al menos tres disparos a los travesaños del guardameta caribeño Donovan Ricketts pusieron a brincar en vano a más de uno en las gradas del coloso de Juan Díaz.