Roberto Kelly: el hombre que acabó con un juego perfecto

  • 04/05/2026 00:00
Pocos momentos definen tanto a un pelotero como aquel en el que cambia la historia de un juego, y Roberto Kelly lo hizo cuando rompió el juego perfecto a Dave Stieb con un doblete que aún resuena en la memoria del béisbol. Años más tarde, ya lejos de los terrenos como jugador, Kelly volvió a ser protagonista, esta vez desde el dugout. Como parte del cuerpo técnico de los Gigantes de San Francisco, con quienes ganó tres títulos de Serie Mundial, consolidando su prestigio como hombre de béisbol

Desde muy joven mostró condiciones especiales para el béisbol, destacándose por su velocidad, inteligencia en el terreno y una defensa sólida en los jardines. Roberto Conrado Kelly nació en la Ciudad de Panamá el 1 de octubre de 1964. Fue firmado por los Yankees de New York el 21 de febrero de 1982 como agente libre amateur, iniciando así un camino que lo llevaría a convertirse en uno de los peloteros panameños más consistentes en las Grandes Ligas.

En sus años dentro del béisbol nacional, Kelly era conocido por sus compañeros como “La Sombra”, un apodo que hacía referencia a su capacidad para cubrir grandes extensiones en el jardín central, persiguiendo batazos con rapidez y precisión. Ese sobrenombre lo acompañó durante toda su carrera profesional, sin embargo, en los Estados Unidos fue conocido como “Bobby”, un nombre que adoptaron fanáticos, narradores y compañeros de equipo.

Su debut en las Grandes Ligas se produjo el miércoles 29 de julio de 1987, en la victoria 4-0 de los Yankees sobre los Reales de Kansas City. En ese compromiso, Kelly defendió el jardín central y se fue de 3-0, negociando además una base por bolas y anotando una carrera. Apenas días después, el 6 de agosto de ese mismo año, conectó su primer cuadrangular en MLB ante el lanzador Willie Hernández de los Tigres de Detroit en el Tiger Stadium, marcando así el inicio de una carrera ofensiva sólida y constante.

Durante sus primeras temporadas con los Yankees, Kelly fue consolidándose como un jugador regular gracias a su versatilidad. No solo aportaba con el bate, sino también con su defensa y su capacidad para correr las bases. Fue parte de una generación de peloteros que buscaban devolverle protagonismo a la franquicia neoyorquina en una etapa de transición.

A lo largo de sus 14 temporadas en las Grandes Ligas, Roberto Kelly vistió el uniforme de ocho organizaciones diferentes: Yankees (1987-1992; 2000), Rojos de Cincinnati (1993-1994), Bravos de Atlanta (1994), Expos de Montreal (1995), Los Angeles Dodgers (1995), Mellizos de Minnesota (1996-1997), Marineros de Seattle (1997) y Rangers deTexas (1998-1999). Esta trayectoria refleja su valor como pelotero confiable, capaz de aportar en distintos roles y adaptarse a diferentes equipos.

Uno de los momentos más memorables de su carrera ocurrió el 4 de agosto de 1989, cuando enfrentó al lanzador de los Toronto Blue Jays, Dave Stieb. Aquel día Stieb estaba a un out de lanzar un juego perfecto, pero Kelly conectó un doble hacia el jardín izquierdo con dos outs en el noveno inning, rompiendo la joya monticular y dejando una huella imborrable en la historia del béisbol.

Kelly también tuvo el honor de participar en dos Juegos de Estrellas, en 1992 con los Yankees y en 1993 con los Rojos, reconocimiento que confirma su nivel de rendimiento durante esos años.

En postemporada disputó 10 juegos en los que bateó para un promedio de .294, conectando 10 imparables, incluidos 4 dobles, además de anotar una carrera e impulsar otra.

En términos estadísticos, su carrera fue sumamente consistente. En 14 temporadas acumuló promedio de bateo de .290, participó en 1,337 juegos y sumó 4,797 turnos al bate. Registró 1,390 imparables, 687 carreras anotadas y 585 impulsadas. A esto se le agregan 241 dobles, 30 triples y 124 cuadrangulares. También negoció 317 bases por bolas y se robó 235 bases, demostrando su habilidad integral dentro del terreno.

Su último partido en Grandes Ligas fue el 18 de abril del 2000, nuevamente con los Yankees, cerrando así su ciclo en la mejor liga del mundo. Ese día se fue de 2-0 en una victoria 6-3 sobre los Rangers de Texas en Arlington.

Tras colgar los spikes, Kelly dio el salto a la dirección técnica, comenzando como manager de los Augusta GreenJackets, filial Clase A -en ese entonces- de los Gigantes de San Francisco. Su liderazgo y conocimiento del juego, lo llevaron rápidamente a formar parte del staff de Grandes Ligas.

El 16 de noviembre de 2007 fue nombrado coach de primera base e instructor de bateo de los Gigantes. Durante su etapa con la organización, de la Bahia fue pieza clave en la conquista de tres títulos de Serie Mundial en 2010, 2012 y 2014. Esto lo consolidó como un técnico respetado dentro del béisbol profesional.

Kelly también tuvo la responsabilidad de dirigir a la selección nacional de Panamá en las eliminatorias del Clásico Mundial de Béisbol de 2013. Las mismas se jugaron en Panamá en noviembre de 2012 y estas representaron uno de los capítulos más agridulces en la carrera de Roberto Kelly como estratega. A pesar de contar con la ventaja de jugar en casa y tener un roster con nombres de peso, el desenlace fue inesperado para el propio Kelly y la afición panameña, al caer derrotados 1-0 ante Brasil en el juego que otorgaba el cupo al torneo.

En 2018 asumió un nuevo reto al ser contratado como manager de los Sultanes de Monterrey de la Liga Mexicana de Béisbol. En su primera temporada al mando del equipo regiomontano los llevó a conquistar campeonato, siendo además reconocido como Manager del Año.

En la actualidad es el manager de los Toros de Tijuana para esta temporada 2026 de la Liga Mexicana de Béisbol. Sullegada a Tijuana marca uno de los movimientos más importantes en la liga, especialmente tras su larga y exitosa etapa con los Sultanes de Monterrey.

La historia de Roberto Kelly es la de un pelotero disciplinado, constante y comprometido con el juego. Además de ser un manager que se ha consolidado como uno de los más respetados en el béisbol profesional, especialmente en la Liga Mexicana de Béisbol, gracias a una filosofía que mezcla la disciplina de la “vieja escuela” con una mentalidad ganadora forjada en su etapa con los Gigantes de San Francisco.

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