Agua, economía y calidad de vida

Un país que aspira a atraer inversión, desarrollar turismo y mejorar su competitividad no puede tener comunidades enteras sin acceso continuo a agua potable. Esto implica tomar decisiones difíciles, como nuevas fuentes de agua, para ampliar la oferta hidrica del país, que va más allá de la logística , sino también incorporando el consumo humano presente y futuro

En Panamá, abrir el grifo debería ser un acto cotidiano, no un privilegio. Sin embargo, para miles de familias, el acceso al agua potable sigue siendo intermitente, incierto o simplemente inexistente. Este problema, lejos de ser únicamente social, es también económico y estructural: impacta la productividad, encarece la vida y profundiza las desigualdades.

Los datos siguen reflejando un problema estructural. Aunque el país registra una cobertura cercana al 94% de acceso al agua potable, esta estadística es engañosa. Tener conexión no significa recibir agua. De hecho, cerca del 20% de la población —alrededor de un millón de personas— no recibe el servicio de manera continua. A esto se suma que más de 300,000 panameños aún no tienen acceso al agua potable. Es decir, el problema en Panamá no es solo de cobertura, sino de calidad, continuidad y gestión.

La falta de agua tiene efectos directos en la economía. Sin suministro estable: Las familias deben gastar más en agua embotellada o cisternas, los niños no puede asistir a las escuelas, los pequeños negocios —restaurantes, lavanderías, comercios— reducen su productividad, afectando tanto a locales como extranjeros, que visitan este destino. Sectores clave como la agricultura y el turismo se ven afectados, en detrimento de su potencial.

Panamá posee un consumo per cápita de hasta 400 litros diarios, siendo uno de los más altos de la región, pero la ineficiencia del sistema genera pérdidas económicas importantes. Las fugas, conexiones ilegales redes obsoletas y la finalización de plantas críticas, implican que una parte significativa del agua producida simplemente se pierde antes de llegar al usuario. A esto se suma una morosidad acumulada cercana a 98 millones de dólares, concentrada mayormente en el sector residencial, que compromete la sostenibilidad del sistema.

El resultado es un círculo vicioso: un servicio deficiente reduce la disposición a pagar, lo que a su vez limita la inversión y empeora aún más el servicio. Gran parte del problema radica en la infraestructura y la falta de mantenimiento. Muchas redes de distribución y plantas potabilizadoras fueron diseñadas hace muchos años y no han crecido al ritmo de la dinámica del país. Panamá Oeste, por ejemplo, enfrenta problemas tanto de producción como de distribución.

A pesar de que el presupuesto del IDAAN supera los $300 millones, el servicio de agua sigue siendo inefciente, reflejando un problema de arrastre. Esto revela que el problema de agua en el país, tiene que ver con la planificación y ejecución de programas y proyectos que garanticen el suministro.

El acceso al agua en Panamá también refleja desigualdades profundas. En áreas rurales, la población carece de acceso básico, empeorando la calidad de vida de ciento de familias. Los sistemas comunitarios muchas veces no tienen regulación ni control de calidad, siendo las comarcas indígenas – donde se concentra la pobreza – los más afectados.

Urge resolver el problema del agua en nuestro país, y esto requiere un plan a largo plazo con el apoyo de todos los sectores, empezando con la modernización institucional del IDAAN, para transformarlo en una entidad más eficiente, con capacidad y respuesta. Donde resalte una gestión y formación técnica, digitalización de procesos y rendición de cuentas. Esto conlleva inversión en infraestructura crítica, ampliando y modernizando potabilizadoras a nivel nacional, renovando redes de distribución obsoletas e incorporando tecnología para detección de fugas.

La eficiencia de los servicios públicos debe ser prioridad, y más cuando se trata de agua potable. Menos agua perdida significa menos inversión necesaria en nuevas fuentes, por lo que es clave fortalecer la planificación hídrica e integrar el manejo del agua con el crecimiento urbano, el cambio climático y la demanda futura. El agua no es solo un servicio público: es la base de la salud, la productividad y la calidad de vida.

Un país que aspira a atraer inversión, desarrollar turismo y mejorar su competitividad no puede tener comunidades enteras sin acceso continuo a agua potable. Esto implica tomar decisiones difíciles, como nuevas fuentes de agua, para ampliar la oferta hidrica del país, que va más allá de la logística , sino también incorporando el consumo humano presente y futuro. El proyecto de Río Indio, se convierte en una alternativa importante para mejorar la oferta de agua y fortalecer la matriz de sistema hidrico nacional de los próximos 50 años, lo cual es sumamente importante para la estabilidad económica y social de nuestro país, en multiples sectores productivos como comercio, industria, agro, logística y construcción.

Recordemos que los distritos de Panamá, San Miguelito, Arraiján, La Chorrera y Colón dependen de este sistema hídrico. Esta concentración en una sola fuente representa una vulnerabilidad estructural, considerando una demanda poblacional que supera los 2 millones de personas, y adicional, una demanda no residencial o comercial dentro de estas locaciones. También en estos distritos, se concentra la mayor red hospitalaria, más de 50 centros de salud, que brindan los servicios sanitarios a la población de manera diaria, lo cual demanda una cantidad de agua significativa. Sumado a ello, más de 2 mil escuelas y colegios en el área, que requieren agua diaria para poder funcionar. Sin agua, no hay clases, y sin clases, no generamos calidad educativa ni tampoco competitividad, por lo que es importante considerar la demanda actual y futura en estos distritos.

Panamá tiene los recursos para resolver esta problemática, falta voluntad y compromiso. Sigue faltando decisión, ejecución y visión de largo plazo.Porque al final, el desarrollo no se mide solo en crecimiento económico, sino en algo mucho más simple: que cada ciudadano pueda abrir el grifo y tener agua.

El acceso al agua en Panamá también refleja desigualdades profundas. En áreas rurales, la población carece de acceso básico, empeorando la calidad de vida de ciento de familias
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