El español no es únicamente un idioma compartido por más de 600 millones de personas: también es un territorio cultural, político y emocional en permanente...
- 03/06/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Cuando se traen a colación los momentos futboleros del país en las reuniones familiares, por años se seguirá apelando a las remembranzas y las anécdotas para describir las escenas de película de lo acontecido en Panamá, la noche del 10 de octubre de 2017, desde el momento en que el árbitro central decretó la terminación del partido entre Panamá y Costa Rica que cerraba la eliminatoria de la Concacaf para la Copa Mundo 2018.
Si cuatro años antes, el último duelo eliminatorio se había transformado en un nudo en la garganta, esta vez, se convirtió en un día histórico que propagó la alegría por el país; una celebración masiva en la ciudad capital inundó las principales calles colapsándolas a ritmo de carnaval hasta la madrugada del día siguiente: la selección había clasificado a Rusia 2018. El fútbol panameño escribía su nombre en el mapa de los mundiales conformando el selecto grupo de las 32 naciones que cerrarían el ciclo de los torneos (vigésimo primero) en el Siglo XX, desde que se iniciaran en 1930.
Los panameños llegaban dependiendo de lo que hicieran por sí mismos para entrar en el repechaje, aunque soñando que lo que sucediera en otros partidos fuese una fantasiosa carambola a dos o tres bandas que les metiera de pronto en el cupo directo, con Costa Rica y los Estados Unidos implicados como en la anterior.
Como en la vida misma, la realidad superó a la ficción. Todos los factores se fueron inclinando hacia Panamá, por supuesto entre ellos la suerte. El pánico cundió cuando Costa Rica, ya clasificada al mundial, se adelantó en el marcador 1-0 a los 36’. Una generación insigne de futbolistas panameños vio naufragar sus esfuerzos por asistir a una cita mundialista. El equipo no bajó los brazos.
Con ímpetu, más que con serenidad, los panameños buscaron revertir el marcador parcial; una jugada en el área chica costarricense con Blas Pérez en modo redentor, entregado a empujar el balón, conseguía a los 7’ del segundo tiempo colocarlo mínimamente sobre la línea de meta, con los defensores ticos luego enviándolo fuera del campo de juego.
Quienes estábamos en el estadio cubriendo periodísticamente el partido supimos que subía el marcador inmediatamente, que se empataba 1-1. El juez de línea corriendo desde la esquina con la banderola hacia la demarcación del centro del campo indicaba reglamentariamente que validaba la jugada como gol. El árbitro central no tenía una visión clara de si había o no traspasado la línea de meta al quedar de frente a la jugada obstaculizado por los jugadores en el piso luchando; el criterio del juez de línea se imponía al seguir visualmente la jugada desde la esquina que cubría cerca al banderín del córner.
El VAR estaba estipulado para entrar a operar en el mundial, pero no activo en esas eliminatorias. La tecnología tantas veces reclamada para que ayudara al arbitraje en las “zonas grises”, superadas por la dinámica, la velocidad y la intensidad del juego, iba tomar luego cada vez más presencia sin que en las decisiones actuales de los árbitros, apoyadas en la tecnología, hayan desaparecido las polémicas.
Pero con el partido entrando en su último cuarto de tiempo, el empate solo aportaba un acto digno de cierre de eliminatoria para Panamá, pues Honduras estaba superando a México 3-2 desde los 60’. Los mexicanos no tenían problemas al estar clasificados de antemano, mientras Estados Unidos al ir perdiendo 2-1 con Trinidad y Tobago, en Puerto España, dejaban de acceder al cupo directo, sin embargo, les alcanzaba para el repechaje. Los panameños eran quintos en ese momento, tenían que vencer obligatoriamente. Era un drama, la radio y la televisión alcanzaban los más altos indicadores de audiencia nacional.
Con el entrenador colombiano Hernán Darío ‘Bolillo’ Gómez al mando, la selección panameña había tenido a lo largo de la eliminatoria un recorrido con regularidad posicionándose en el tercer y cuarto lugar, salvo en la séptima fecha en la que había caído al quinto lugar. ‘Bolillo’ supo cohesionar al equipo manteniendo la estructura base del proyecto anterior heredado de la gestión de Julio César Dely Valdés, haciéndole retoques y propiciando un espíritu de equipo compacto. El ‘Bolillo’ Gómez apeló en esa eliminatoria a toda su experiencia y perspicacia suramericana para no dejar escapar un momento único, realizó algunos cambios de jugadores y le dio más verticalidad.
Con el equipo intentándolo, Román Torres dejó la defensa para aportar en el ataque, consiguiendo el gol a los 88’; el 2-1 metía a Panamá directo al mundial si ganaban, al tener menor porcentaje de goles en contra (-1) frente a los hondureños (-6), con quienes empataban en puntos (13). Los tensos minutos finales hicieron sobrevolar en el ambiente el recuerdo latente de la debilidad psicológica en momentos similares, sin embargo, esta vez... no ocurrió. Panamá festejó.
La consecución de la clasificación fue el colofón de oro para una generación que dejaría una huella indeleble antes de su retiro: Jaime Penedo, Felipe Baloy, Román Torres, Gabriel Gómez, Luis Tejada, Blas Pérez, etc. Ir al mundial no era un sueño por alcanzar, ahora era una meta a la que había que procurar repetir como objetivo para seguir creciendo.
La anfitriona Rusia inauguraría el mundial derrotando 5-0 a Arabia Saudita; los rusos quedarían de segundos en el grupo A detrás de Uruguay que sería primero. Accederían a los octavos de final para enfrentar a España con la que empataban 1-1 y le derrotaban en la tanda de penales 4-3. Les correspondería Croacia en cuartos de final.
Los croatas habían avanzado empatando en octavos 1-1 ante Dinamarca y resolviendo también en los penales imponiéndose 3-2. Sería un 2-2 contra Rusia y nuevamente como solución para determinar el semifinalista, la tanda de penales. Los croatas eliminaban 4-3 a los rusos, se posicionaban como la sorpresa de la Copa por segunda ocasión después de haberlo sido en Francia ’98. En semifinales, les esperaba Inglaterra a la que vencieron 2-1 en la prórroga, por primera vez disputarían la final.
Alemania, defensora del título, sería la gran decepción al ser eliminada en la fase de grupos quedando última. Panamá, en su debut en el grupo G resistiría el primer tiempo a Bélgica, una de las favoritas con la llamada ‘Generación de Oro’; en el segundo tiempo los belgas lograrían una clara victoria 3-0. Luego Inglaterra la golearía 6-1 y en el cierre tendrían su mejor partido contra Túnez, aunque caerían 2-1.Colombia no mostraría las virtudes que exhibió cuatro años antes en Brasil 2014, pero le alcanzaría para llegar a los octavos de final; empató con Inglaterra 1-1 y dijo adiós en la tanda de penales al caer 4-3. Brasil se despediría en cuartos de final al perder 2-1 ante Bélgica. Argentina con Messi en su cuarta cita le costó superar su grupo pasando de segunda para acceder a los octavos de final.
Los franceses se impusieron en su grupo C derrotando a Australia 2-1, a Perú 1-0 y empatando 0-0 con Dinamarca. Ya en las últimas instancias fueron imparables: derrotaron 4-3 a Argentina en octavos, 2-0 a Uruguay en cuartos, y 1-0 a Bélgica en semifinales, para plantarse en su tercera final mundialista.
El Estadio Olímpico Luzhniki, en Moscú, acogió el 15 de julio de 2018 la final entre Francia y Croacia, teniendo como atractivos principales a Kylian Mbappé por los galos y a Luka Modric en el lado croata, a la postre premiados: Mbappé como el Mejor Jugador Joven, con sus 19 años y Modric con el Balón de Oro, al mejor jugador del torneo. Se impondría Francia 4-2, los galos conquistaban en Moscú su segundo título desplegando un fútbol eficaz y atractivo.