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06 de Apr de 2020

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Ejemplo de perseverancia

Estoy seguro del poco conocimiento sobre la constante e increíble dedicación de uno de nuestros mejores deportistas y modelo para muchos...

Estoy seguro del poco conocimiento sobre la constante e increíble dedicación de uno de nuestros mejores deportistas y modelo para muchos, especialmente para la juventud. Se trata de Cristóbal Girón, un docente excelente, quien apasionadamente ha dedicado su vida al deporte de las masas. Conocí al profesor en su mocedad cuando se iniciaba en el bate y la pelota, pasatiempo preferido por todos los istmeños Era un poco común receptor del grupo “B” creado por la liga metropolitana debido a la proliferación de nuevos amantes de esta modalidad recreativa, con el encomiable fin de permitirles participar en el mencionado entretenimiento.

En aquella algo lejana época, cuando yo incursionaba en la crónica deportiva, apodé al jovencito como “Pura pinta” debido a su peculiar manera de manejar el difícil sector detrás del pentágono. Además se desempeñaba como alguien distinto a los demás. Esto ocurría en un estadio del área juandieña, cercano a la iglesia de la Virgen del Carmen. Un poco más tarde, el chico mencionado ascendió a la llamada división mayor donde salen los representantes del sector de la metrópoli aledaña al Canal de Panamá. Allí brilló en su primera campaña, pero fue marginado de la selección de Panamá Metro por su breve trayectoria en la mencionada categoría.

El sitio detrás del plato era propiedad absoluta de Vicente Foster y Carlos “Lito” Anderson, dos jugadores de vasta experiencia y dueños de amplios palmarés ganados en diversos certámenes. En los años ochenta, sino falla mi memoria, el instructor de la zona, Roberto “Bobby” Prescott, el último día para designar a los seleccionados representantes de la metrópoli descartó al hoy virtuoso maestro por no tener recorrido en contiendas importantes.

Luego de la nocturna y decisiva escogencia final encontré muy triste a “Tobita” sentado a las puertas del estadio Juan Demóstenes Arosemena. Me aproximé para preguntarle sobre su pena. Él con palabras entrecortadas respondió: “Bravo, yo soy mejor que los escogidos. Lo he demostrado en todo el campeonato y en las prácticas. No jugaré nunca más”. Las lágrimas amenazaban brotar de sus ojos. Con cariñosa palmada en la espalda le dije: Estás en pleno ascenso, únicamente debes aguardar la contienda venidera, porque los hoy preferidos envejecerán y estarán obligados a retirarse. Entonces tendrás tu ansiada oportunidad. Persevera para triunfar.

Fue un momento inolvidable, quizás por él no recordado, pero guardado por mí como un instante decisivo en la existencia del joven apartado de un grupo especial de beisbolistas. Los aficionados son los mejores testigos de la carrera victoriosa de este “máscara” capitalino, quien vistió exitosamente la franela provincial por más de una década. Nadie puede criticar su habilidad detrás de la bandeja y su característica manera de soltar el madero antes de la decisión arbitral de un posible “strike”.

Al transcurrir los años se dedicó a dirigir equipos de adolescentes con buen acierto, gracias a su profesión educativa apta para rozarse con muchachos y guiarlos por el camino honesto y deportivo. Puede tener sus errores, pero ha demostrado hasta la saciedad ser el mejor e indiscutible director de la categoría juvenil amasando una gran cantidad de títulos nacionales, hazaña sin parangón en nuestra historia. ¡Loor al maestro!