Algo más que un partido de fútbol

El equipo del pueblo, los toros de Pedregal, la furia colonense, los monjes chorreranos,...Azules, albinegros, rojos.. Sangres y pasione...

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El equipo del pueblo, los toros de Pedregal, la furia colonense, los monjes chorreranos,...Azules, albinegros, rojos.. Sangres y pasiones que llevan el color de una camiseta y ese algo indescriptible que te llena de vida.

Pero es solo el principio, de que sirve el color y la pasión por tus colores si no tienes a un rival, un archienemigo con quien crear esa dependencia y esa mordaz rivalidad que encierran historias creando dicotomías uniéndose al mundo del fútbol y hacen de un partido, algo más que eso.

Las rivalidades fueron desde siempre: el bien y el mal, quimera y belerofonte, el lado oscuro y el lado de la luz, el héroe y el villano?

En la actualidad todas las miradas van a los clásicos de fútbol, esa salida apasionada e inevitable: "la gran epopeya del presente, la guerra sublime, el olimpo encerrado entre cuatro tribunas/Dioses en disputa, jugándose el reinado sobre tristes mortales" que escribiera alguien.

El fútbol está regresando a los estadios de Panamá. En imagen y en esencia; con buen juego en las canchas y espectáculo en las tribunas, con sus propios sonidos y colores.

Ya se está haciendo costumbre impacientarse el fin de semana esperando la jornada de la LIGA PANAMEÑA DE FÚTBOL (LPF). Esperando con ansiedad presenciar un partido contra un rival clásico.

El del viernes, en La Ciudad Deportiva, al Tauro-San Francisco no le faltó nada. Hubo fútbol, goles, lleno completo y rivalidad clásica.

El domingo, en el Javier Cruz del Artes y Oficios, Chorrilo y Plaza Amador reeditaron con creces el Clásico del Pueblo. Además del partidazo del Plaza, es saludable ver el renacimiento del Equipo del Pueblo, tanto en lo futbolístico como en la comparecencia de sus fanáticos en las gradas.

Más allá de los resultados lo importante es que se está recobrando la identidad, el sentido de pertenencia entre los aficionados.

Porque la rivalidad clásica es la sal de la tierra, el verdadero motor de la competición deportiva, más poderoso que el dinero y los trofeos.

Los rivales se mueven en dos dimensiones diferentes: en una se odian y en la otra se aman, como se ama o se necesita al complemento indispensable, la dualidad inquebrantable capaz de crear esos clásicos modernos que le dan vida al fútbol.

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