El soldado que fue el pionero del Vale Todo

El Toro no respira, resopla. Sus bufidos retumban en el desierto israelí. Es septiembre de 1990, estalla la Guerra del Golfo y el Toro e...

El Toro no respira, resopla. Sus bufidos retumban en el desierto israelí. Es septiembre de 1990, estalla la Guerra del Golfo y el Toro es soldado de reserva en Israel. Tiene 20 años, pesa 87 kilos y lleva otros 45 encima, entre la ametralladora, las municiones, la tienda de campaña, la mochila y su equipo de paracaidismo. Lo obligan a usar máscara de gas en el entrenamiento pero la falta de oxígeno lo deja tendido en el suelo, mareado y con vómitos. Algunos luchadores se hacen en las calles. Otros se hacen en el gimnasio. El argentino Diego Visotzky se hizo luchador en el desierto, como soldado de res erva combatiendo durante tres años contra un enemigo invisible. Llegó a Israel con doble ciudadanía a estudiar educación física. Y terminó reclutado en el ejército, fortalecido y transformado en el Toro, el nombre con que se hizo conocido a nivel mundial. Hoy es uno de los referentes latino del Vale Todo –una de las disciplinas de lucha más brutales que existen en el mundo-, y uno de los pocos que se pegó patadas, codazos y aplicó estrangulamientos con los más encumbrados competidores a nivel mundial.

‘Estar en el ejército fue tremendo. Llega un punto en que lo físico no da más y es la cabeza lo que te lleva. Todo ese entrenamiento fue fundamental para llevarlo al ring’, recuerda Diego, cuerpo de superhéroe y mirada de santo, sentado en una oficina de su gimnasio en la provincia de Córdoba, en Argentina: las paredes con diplomas y las repisas cargadas de trofeos con placas en todos los idiomas.

UN GLADIADOR

Compitió a nivel internacional en Est ados Unidos, Rusia, Japón y Costa Rica. En esos destinos, contra todos los pronósticos, venció al ex campeón japonés Kenichi Yamamoto y estuvo a poco de batir al invicto Ben Saunders –al final, le dieron empate-. Visotzky logró lo que muy pocos latinos han alcanzado: se transformó en una suerte de versión moderna de los gladiadores romanos.

No combate en el Coliseo pero las jaulas octogonales en las que se desarrollan las peleas y el griterío del público le otorgan un marco similar aunque aggiornado al siglo XXI.

Además, escribe libros sobre Vale Todo, que lleva por todo el mundo y hasta recibe propuestas para capacitar de deportistas que necesitan de fortaleza y valentía, e imparte entrenamientos durísimos en las fuerzas de elite de la policía argentina.

En el 2011, trabajó con James Ward, el segundo jugador más importante del tenis británico actual. Además del instrucción física, aplicó técnicas de fortalecimiento mental que ya ofrecen resultados: el tenista estaba en el puesto 216 y hoy se ubica en el 143. ‘Me ocupé de levantarle la moral’, dice el Toro.

También asesoró al GOAT, el grupo de elite de la Policía de la Provincia de Córdoba. ‘Me dediqué a enseñarle a los muchachos técnicas de inmovilización y de traslado, y de reducción sin necesidad de pegar, trucos que fui aprendiendo en el camino’, indica el Toro.

Ya era Torito a los 7 años, cuando empezó karate. El apodo le vino del fútbol: mientras jugaba con amigos, se estrelló contra un poste y cayó al piso. Ante el estupor de sus compañeros, se levantó entre risas y uno de ellos lo comparó con un toro. La analogía resultó premonitoria.

Luego hizo judo, full contact y kickboxing pero no se sentía satisfecho con ninguno. Recién en 1995 encontró lo que buscaba. En un video que le regalaron descubrió las luchas cuerpo a cuerpo casi sin reglas, cuyas únicas prohibiciones eran morder y meter los dedos en los ojos. Todo el resto era lícito. Visotzky se fascinó con lo que vio.

Era la etapa precámbrica del Vale Todo y él se transformó en el principal difusor en la Argentina. Sus colegas dicen es ‘el primer evangelizador’ del Vale Todo.

‘Me enamoré del deporte propiamente dicho y de la forma en que peleaba Royce Gracie. Era más flaco que el resto y vencía a sus contrincantes de 120 kilos. Los llevaba al piso y hacía que se rindan con técnicas de sumisión’, evoca con fascinación el Toro.

La primera pelea en Vale Todo la hizo en 1999. Fue a participar a Buenos Aires a un torneo de jijitsu. Luego de ganar la final, por la noche, como un luchador de vale todo no se presentaba, le ofrecieron participar. Diego pesaba 89 kilos, el rival 98. En menos de dos minutos, lo tendió en el suelo. Fin del combate.

Hoy, Diego es una montaña de músculos de metro ochenta de estatura y 90 kilos que impone respeto a simple vista. Pero hay riesgo únicamente para quienes lo enfrentan en un ring. Sólo en ese ámbito pone en juego su arsenal de conocimientos sobre técnicas de combate. Basta buscar su performance en You Tube para encontrarse con un luchador que antes y después de sus batallas se comporta como un caballero.

A los 41 años, con un niño de cuatro llamado Iván, declara: ‘Mi hijo y pelear son las dos prioridades en mi vida. No me interesa ponerme de novio ni casarme’.

-¿Qué le genera combatir?

-No hay palabras para explicar esa magia. Sólo los luchadores sabemos lo que se siente en esos momentos. Nada del mundo se acerca a ese nivel de adrenalina.

-¿Hay una fecha de vencimiento en el vale todo?

-Sí, siempre la hay. No se puedes pelear hasta los 80 años. Es más, para lo que es el deporte, es una carrera bastante larga. Randy Couture es el tipo más respetado de estos combates, perdió el título del mundo de peso pesado a los 46 años. ¿En qué otro deporte se llega a semejante longevidad? Y hay lesiones. Viven golpeados, con hematomas, con inflamaciones, se cortan, se quiebran y hasta se desmayan.

UN CLUB CON CÓDIGOS

Sabe de lo que habla, lo vive en carne propia: ‘Prácticamente no hay luchador que no tenga el tabique fracturado y huesos rotos’, alega. Un hematoma le adorna el rostro y el labio superior aún conserva la herida tras incrustarse en un diente durante un entrenamiento.

Pocas semanas atrás se operó la rodilla por una lesión de ligamentos surgida a raíz del desgaste que le produce el ejercicio prolongado. Está roto por fuera pero por dentro, sigue siendo el mismo Toro que se levanta y sonríe y sigue embistiendo.

Diez años atrás, el Vale Todo se asociaba a las riñas callejeras a matar o morir como las que reflejaba el film ‘El club de la pelea’. Hoy, los torneos tienen grandes sponsors, hay códigos de lucha, la televisación mueve millones y hay quienes auguran que, en poco tiempo, terminará devorándose al boxeo. En 2011 Fox firmó contrato con la UFC –Ultimate Fighting Championship-, uno de los certámenes más convocantes del vale todo, para transmitir siete temporadas de sus peleas. El precio por darle la exclusividad: 90 millones de dólares anuales. La UFC, cuyos dueños fueron portada de la revista de negocios Forbes, agrupa a 275 combatientes que facturan, promedio, 100 mil dólares al año. Y sus combates los siguen tres millones de espectadores en todo el planeta.

‘Para el que no lo entiende, el vale todo son dos tipos pegándose pero es mucho más que eso’, dice el Toro. ‘Lo llamamos ajedrez humano porque involucra un manejo técnico, táctico, estratégico muy amplio de diferentes estilos de lucha y una condición física privilegiada’.

El arquitecto detrás de transformar los combates a todo o nada en certámenes deportivos fue Dana White, un empresario que dividió las peleas en rounds, estableció categorías de acuerdo al peso de cada luchador e instauró unas pocas reglas nuevas: ya no se puede golpear nuca, columna ni testículos. White encabeza el fenómeno mundial al frente de la UFC (Ultimate Fight Championship), la principal organización de MMA –Mixed Martial Arts-, valuada en precio superior a los mil millones de dólares, con un potencial de crecimiento ilimitado para el negocio. La clave para el despegue exponencial fue un reality show de luchadores que salió por televisión abierta en Estados Unidos. Tanto creció que el Toro sentencia: ‘El boxeo que existe ahora es herencia de nuestros abuelos y de nuestros padres. Estamos en una época de transición pero la próxima generación no va a tener más boxeo ni el resto de las artes marciales’.

En América Latina (salvo Brasil), ese progreso del Vale Todo recién comienzó. En Argentina, un novato gana 70 dólares por combate, y los más reconocidos (que se cuentan con los dedos de una mano) oscilan entre mil y dos mil dólares. En ese contexto, sin la infraestructura necesaria, el camino hacia la profesionalización es una utopía.

El argentino Visotzky se quiere posicionar como uno de los que den un marco legal y profesional al Vale Todo en Latinoamérica ‘Mi idea es regular luchadores federados, rankings, títulos, eventos, sistemas de seguridad, reglas’, el rey del vale todo latino sueña con los ojos abiertos. ‘Quisiera además incluir la enseñanza. He visto profesores que no sabes lo que son: habría que prohibirle dar clases’. El Toro recuerda la escena y otra vez resopla. Sus bufidos ahora estallan en las paredes de su gimnasio donde ultima los entrenamientos previos a un nuevo combate. Ya no es el jovencito que necesitaba oxígeno en el desierto de Oriente. Es el gladiador indiscutido del Vale Todo en Argentina y en buena parte de las comarcas vecinas. Aunque no lleva corona, su trono no peligra. Deberán pasar unos cuantos años para que algún luchador local alcance sus logros y aspire a arrebatarle su cetro. Una decena de sus discípulos levanta pesas, patea caras ajenas o golpea bolsas de box pero todos ellos lo saben: Toro hay uno solo.

Lo Nuevo