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Semana Santa: la historia que esconden las siete iglesias del Casco Antiguo
- 05/04/2026 00:22
Para muchos católicos panameños, el recorrido de las siete iglesias del Casco Antiguo trasciende la tradición de Semana Santa. Es un itinerario espiritual que atraviesa siglos de historia: siete templos que narran, piedra a piedra, el contexto colonial y la llegada del catolicismo al istmo de la mano de los españoles.
Este viaje en el tiempo comienza en las ruinas de la iglesia y convento de Santo Domingo, templo originalmente situado en Panamá la Vieja. Fue fundado en 1571 por el fray Domingo Pérez junto a miembros de su cofradía; sin embargo, un siglo después, los ataques piratas arrasaron la ciudad y Panamá Viejo ardió por completo, llevándo consigo este templo.
Como ocurrió con el resto de la urbe, la iglesia y el convento dominico se trasladaron al Casco Antiguo por orden del nuevo gobernador, Antonio Fernández de Córdoba y Mendoza, tras la destrucción de la ciudad.
En un primer momento se levantó una capilla provisional que comenzó a oficiar misas apenas cuatro años después de la tragedia, en 1675. Con el tiempo, se inauguró la nueva iglesia y convento de Santo Domingo en la actual avenida A.
Las paredes se construyeron en cal y canto, como muchos edificios del Casco Viejo, mientras que el techo, las tribunas, el coro y el claustro eran de madera. El templo se diseñó con una sola nave y ocho capillas laterales.
Pero la historia del edificio volvió a marcarse por la tragedia: incendios en 1737 y 1756 dañaron gravemente el conjunto. Tras el último siniestro se reconstruyeron las celdas del convento, pero la iglesia quedó sin techo y nunca volvió a levantarse, según la Guía de Arquitectura y Paisaje de Panamá del historiador Eduardo Tejeira Davis.
En su lugar, se edificó una segunda iglesia, mucho más pequeña, a un costado de la ruina. La estructura original era singular: no seguía la disposición tradicional de tres naves con pilares de madera, sino que presentaba una sola nave ancha con ocho capillas empotradas en sus gruesos muros laterales.
En su interior destaca el famoso Arco Chato de poco más de 11 metros de luz, que sostenía el piso del coro alto. También resultaban únicas la portada principal, de forma escalonada y dos cuerpos de pilastras (sin aletones ni torres), y la portada lateral, arcaica para el siglo XVIII y probablemente procedente de Panamá Viejo.
Otro templo que corrió la misma suerte que Santo Domingo fue la iglesia de La Merced. Tras el ataque del pirata Henry Morgan a Panamá la Vieja, el edificio tuvo que trasladarse a las faldas del cerro Ancón en 1673, aunque los mercedarios abandonaron definitivamente el antiguo convento en 1675.
El nuevo emplazamiento quedó frente a la Puerta de Tierra, punto de acceso a la ciudad amurallada. En los primeros años se reutilizaron materiales del viejo templo, pero la falta de fondos obligó a levantar una pequeña iglesia de madera, con capacidad para apenas 150 personas y dormitorios básicos para los religiosos. La construcción definitiva en mampostería no llegaría sino entre 1720 y 1732. Su imponente fachada principal fue trasladada piedra por piedra desde Panamá Viejo, donde había sido tallada en 1620.
El templo está compuesto por tres naves y una entrada principal marcada por un gran arco flanqueado por columnas con estrías verticales. En la capilla lateral derecha —erigida antes que la iglesia principal— se celebró la misa con la que se inauguró la nueva Ciudad de Panamá el 21 de enero de 1673.
En el siglo XVII, el obispo fray Agustín de Carvajal autorizó la instalación del convento de San José, regentado por la Orden de los Agustinos Recoletos.
De acuerdo con Arquitectura Religiosa, de Samuel Gutiérrez, el templo fue fundado originalmente el 15 de abril de 1612. Sin embargo, tras el incendio que destruyó la antigua Ciudad de Panamá, la nueva iglesia se levantó entre 1671 y 1677.
A la estructura se incorporó un altar mayor de estilo barroco, con influencias indígenas y coloniales, tallado en madera y recubierto con pan de oro. Durante siglos circuló la leyenda de que este altar fue salvado de los piratas en Panamá Viejo, cuando los agustinos recoletos lo cubrieron de barro para ocultarlo. No obstante, estudios posteriores contradicen esta versión y sitúan su origen en el siglo XVIII.
También conocida como la Ermita de Santa Ana, se levantó hacia 1568, extramuros de la antigua Ciudad de Panamá. Era una pequeña construcción de mampostería situada cerca del Puente del Rey y servía como parroquia del barrio de Malambo.
Con el traslado de la ciudad, la parroquia perdió relevancia dentro del nuevo trazado urbano. Como señalaba el historiador y político Juan B. Sosa, ni siquiera se le reservó un solar dentro del recinto amurallado para templos y edificios públicos. Aun así, hacia 1677 se levantó una humilde ermita en las afueras de la nueva ciudad, destinada a atender a los habitantes del arrabal de Malambo.
En 1751, debido al deterioro del templo, se inició la construcción de una nueva iglesia, casi 80 años después del traslado de la ciudad. Las obras avanzaron hasta 1754, cuando se detuvieron por falta de recursos. Hasta que en 1757 el comerciante español Mateo de Izaguirre y Eguren asumió el financiamiento de la construcción.
La iglesia fue inaugurada el 20 de enero de 1764 como un sólido edificio de mampostería de tres naves. Del antiguo santuario se trasladaron elementos como la escalera de caracol y paneles tallados que revestían el exterior del púlpito.
En 1854, un incendio arrasó parte del arrabal y dañó gravemente el templo: la estructura y los altares quedaron destruidos por las llamas. Posteriormente fue restaurado y dotado de nuevos retablos y ornamentos. En 1911, el techo de tejas se sustituyó por uno de zinc acanalado.
Oratorio San Felipe Neri
En 1682, el obispo Lucas Fernández de Piedrahita solicitó al rey de España la fundación de una casa del Oratorio de San Felipe Neri en la nueva ciudad de Panamá, junto con un hospital para sacerdotes. Dos años después, el rey Carlos II aprobó la iniciativa mediante Real Cédula.
En 1685, el padre Agustín de Peralta fundó la congregación de los Padres Oratorianos en Panamá y, apenas tres años más tarde, ya contaban con su iglesia en San Felipe. A finales del siglo XVII también se les confió el Colegio Seminario de la Catedral y se inauguró el hospital, aunque ambos proyectos cerraron poco después por falta de recursos.
El templo sufrió dos grandes incendios, en 1737 y 1756, que lo destruyeron casi por completo; solo sobrevivieron sus gruesos muros. Tras cada siniestro fue reconstruido para continuar como parroquia y sagrario de la catedral.
En 1875 llegaron las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, quienes establecieron una escuela en el lugar.
A diferencia de las otras seis iglesias, la Catedral es heredera directa de la primera catedral del istmo, erigida en 1510 por mandato del papa Adriano VI en la gran casa del cacique Cémaco, cuando los españoles fundaron la población de Santa María de la Antigua del Darién. En 1513, una bula elevó el asentamiento al rango de diócesis y su iglesia a catedral, con fray Juan de Quevedo como primer obispo.
Tras el abandono de Santa María la Antigua por orden de Pedro Arias de Ávila, la catedral heredó insignias, bulas y reliquias del antiguo enclave. Luego del incendio de 1671, provocado para impedir que el pirata Henry Morgan tomara la ciudad, Panamá fue trasladada al actual Casco Antiguo en 1673. Con ese traslado comenzó la construcción de una nueva catedral, una obra monumental que tardó 108 años en completarse, entre 1688 y 1796.
El templo y el convento de San Francisco ocuparon un amplio solar en una de las zonas más privilegiadas de la nueva ciudad de Panamá. Ambos edificios se incendiaron en 1737 y nuevamente en 1756, pero fueron reconstruidos cada vez.En 1821, poco antes de la independencia, una ley colombiana suprimió los conventos con menos de ocho religiosos. Ante la inminente unión del istmo a la Gran Colombia, los franciscanos abandonaron el lugar.
El convento pasó a manos del gobierno y fue convertido en cuartel del Batallón Primero del Istmo, que luego participaría en la batalla de Ayacucho. En su sala capitular también se celebró el Congreso Anfictiónico convocado por Simón Bolívar, donde se aprobaron los Protocolos del Istmo.
Con el paso del tiempo, el claustro se deterioró y en 1860 fue vendido a un particular que lo habilitó como hospital de extranjeros, aunque la iglesia continuó funcionando como templo. En 1882 los Escolapios compraron el convento y abrieron un colegio, que cerró durante la Guerra de los Mil Días. Posteriormente, el edificio albergó la primera Asamblea Constituyente de Panamá.
En 1910, los Hermanos de La Salle adquirieron el conjunto, lo remodelaron y levantaron nuevos pabellones para uso educativo. A lo largo del siglo XX fue ocupado por distintas instituciones académicas, hasta que entre 1999 y 2003 se realizó una restauración que añadió un nuevo pabellón y lo convirtió en sede de la Cancillería.