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28 de Feb de 2020

Economía

El problema ruso de Europa

NUEVA YORK. ¿Cómo debería reaccionar Europa ante el ascenso de una Rusia hostil en su flanco oriental?

NUEVA YORK. ¿Cómo debería reaccionar Europa ante el ascenso de una Rusia hostil en su flanco oriental?

Los diferentes países han reaccionado de manera diferente, influenciados por su experiencia histórica y sus intereses económicos.

Sin embargo, es esencial que la Unión Europea desarrolle una política unificada, reconciliando estos intereses y actitudes nacionales divergentes.

Europa no puede no resistirse a la agresión geopolítica de Rusia, y necesita estar unida para tener alguna posibilidad de éxito.

Aún así, la política europea unificada no debe ser puramente geopolítica, porque si lo fuera, el interés común no sería lo suficientemente fuerte como para superar a los intereses nacionales.

Rusia podría dividir y conquistar como ya lo está haciendo en este momento.

En términos exclusivamente geopolíticos, Rusia ejerce una mayor influencia. La superioridad de Europa reside en sus valores y principios como una sociedad abierta, democrática, pacífica, próspera y respetuosa de la ley.

Estos valores conllevan un gran atractivo para la gente en la ex Unión Soviética —y eso incluye a los líderes tanto como a las masas, a pesar del hecho de que Occidente no respaldara sus valores y principios con los hechos en el pasado—.

En consecuencia, la admiración de Europa y la aspiración a tener sus mismos valores se combina con un sentimiento de desilusión y resentimiento, y el régimen de Putin ha logrado reunir un apoyo entusiasta para molestar a Occidente y tener un buen desempeño en el juego geopolítico.

No obstante, Rusia sigue siendo susceptible al encanto e Europa. Históricamente, Rusia siempre aspiró a ser parte de Europa, y el régimen de Putin reconoce que pagaría un precio muy alto si intentara regresar al aislamiento de la Unión Soviética.

Pero la posición geopolítica fortalecida de Rusia frente a Europa oscurece la grave debilidad en otras áreas. Su sistema político autoritario sofoca a la empresa y la innovación privada.

El régimen de derecho no existe, y se invierte mucho más esfuerzo en la extorsión y el cobro de rentas que en la producción. En consecuencia, el progreso económico no guardó el paso de la acumulación de ingresos petroleros. Estas deficiencias se acentuaron por la caída del precio del petróleo.

Otra gran debilidad es la demografía. Rusia tiene un territorio inmenso pero apenas 140 millones de personas. Una porción cada vez mayor de la población está conformada por minorías musulmanas con tasas más altas de natalidad que por rusos étnicos. Se espera que la población general decaiga en 10 millones de personas en una década.

Siberia, rica en recursos pero escasamente poblada, linda con China, un país deficiente en recursos pero que pulula y asciende. Si las repúblicas de Asia central son aisladas de Occidente, probablemente recurran a China para evitar volverse totalmente dependientes de Rusia.

En el largo plazo, la manera en que Putin molesta a Occidente puede terminar siendo tan autodestructiva como el modo en que Saakashvili fastidia a Rusia.

Pero, en el corto plazo, existe el peligro real de que Rusia persiga su aspiración de larga data de convertirse en parte de Europa en un intento por convertirse en la entidad dominante.

En estas circunstancias, Europa necesita adoptar una estrategia de dos puntas. Por un lado, debe protegerse de la amenaza geopolítica planteada por una Rusia novedosamente arremetedora y aventurada.

Por otro, debe intentar reemplazar el régimen de la fuerza por el régimen de derecho, y la geopolítica por la búsqueda de democracia, una sociedad abierta y la cooperación internacional.

La Unión Europea no podría de ninguna manera forjar una política común sin una estrategia de dos puntas.

Habría demasiados parásitos y desertores en un juego exclusivamente geopolítico; sin embargo, con una estrategia de dos puntas cada estado miembro podría encontrar su lugar apropiado.

La clave para neutralizar la ventaja geopolítica de la que disfruta Rusia es establecer una política energética unificada con una autoridad regulatoria a nivel europeo que tenga poder sobre los reguladores nacionales y una red de distribución a nivel europeo.

Esto privaría a Rusia de su capacidad para enfrentar a un país con otro, porque una concesión otorgada a un distribuidor nacional inmediatamente pasaría a estar a disposición de los clientes en todos los demás países.

Las empresas de energía están empezando a darse cuenta de esto y se vuelven más reticentes a una política energética europea común. Eso también permitiría otro objetivo compartido: ayudar a que el cambio climático esté bajo control.

La otra punta, promover el régimen de derecho, la cooperación internacional y los principios de una sociedad abierta tiene que perseguirse de manera indirecta, reformando el sistema financiero internacional y prestándole especial atención al exterior cercano de Rusia.

Ucrania, en particular, está en una situación peligrosa, pero financiar las obras públicas que crearían empleos en el este de Ucrania, donde la industria del acero atraviesa un estado preocupante, podría significar una diferencia importante tanto política como económicamente.

También hay que ayudar a Georgia a recuperarse del daño infligido por la invasión rusa, pero la ayuda debería estar supeditada a que el régimen de Saakashvili observara los principios de una sociedad abierta.

A Rusia no se la puede ayudar en forma directa por su excesiva dependencia del poder estatal arbitrario, pero cuando Rusia vea progreso en la cooperación internacional, particularmente con China, no querrá quedarse afuera en el frío.

Fortalecer y respaldar a las ex repúblicas soviéticas World favorecería ambas puntas de una política unificada de la UE hacia Rusia. Iría en contra de los valores de una sociedad abierta permitirle a Rusia convertir a estos países en satélites sólo porque tiene una fuerza militar superior.

Y Europa tiene un interés geopolítico en mantenerlos abiertos como fuentes de suministro de energía. © Project Syndicate, 2009.