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08 de Aug de 2020

Economía

El nuevo rol de los consumidores

E n este nuevo siglo, los consumidores tienen que ser más prácticos y participativos. Los tiempos en que papá Estado intervenía, protegí...

E n este nuevo siglo, los consumidores tienen que ser más prácticos y participativos. Los tiempos en que papá Estado intervenía, protegía, subsidiaba y regulaba están contados. La humanidad se enfrenta hoy a una nueva realidad, muy diferente a la que el mundo ha visto hasta ahora.

Es muy probable que en los próximos años el precio del barril de petróleo regrese a $150, y que antes de que termine el siglo alcance cifras superiores a los $400. El galón de gasolina subirá a niveles inimaginables de $20, ¡si es que hay!.

Igualmente, debido al calentamiento global y a la superpoblación, se suscitará una escasez alimentaria de proporciones desconocidas y la humanidad tendrá que enfrentarse a una crisis para su supervivencia. Por tanto, es vital que los consumidores comprendan esta realidad y adopten un papel más protagónico de cara a nueva era.

Una de las ideas que más pueden ayudar a que el consumidor asuma su nuevo rol es la economía doméstica. Por ejemplo, reciclar genera dinero.

Se estima que en un edificio de 20 apartamentos pueden producirse más de dos toneladas de papel por año, y con precios que varían entre uno y diez centavos, dependiendo de la calidad del papel, se obtiene ingresos superiores a los $500 por año. El plástico y vidrio son también reciclables, lo que no sólo ayuda a preservar el planeta, sino a disminuir los costos de recolección de basura.

Otra buena práctica de consumo es comprar para un grupo múltiple de personas. Adquirir alimentos al por mayor reduce los precios hasta un 50%. De esa forma, en un edificio con 20 familias, los ahorros en compras de verduras y vegetales superan los $50 por mes por familia.

Procesar alimentos en el hogar también ahorra dinero. Comprar un saco de naranja y exprimirlo en casa disminuye en 75% el costo de adquirir un jugo fresco. Además, las cáscaras desechadas pueden reutilizarse para preparar otros alimentos como postres, conservas y salsas, al igual que su aceite natural se usa como desinfectante y limpiador.

Los consumidores deben cocinar sólo lo básico. Las zanahorias, brócoli, coliflor y demás vegetales deben comerse crudos. Los frijoles deben dejarse en agua desde la noche anterior y cocinarse en olla de presión. No solo se alimentarán más saludablemente sino que también ahorran en gas de cocina. Y al encender el horno, hay que tratar de cocinar varios alimentos juntos (papas, plátano, carne, etc.), y para varias tandas.

Todo esto requiere que los consumidores estén organizados. Sin demeritar el esfuerzo aislado que históricamente ha hecho un par de cabecillas por crear unas cuantas organizaciones mínimas, el movimiento de consumidores en Panamá está en pangas y es patética su discordancia y atomización de acciones.

Afortunadamente, en la actualidad existen algunos mecanismos legales que sí protegen al consumidor, preservan la libre competencia, erradican las prácticas monopolísticas, crean reglamentos técnicos sobre la calidad de los productos y servicios, sancionan la publicidad engañosa y vigilan la existencia de cláusulas abusivas en los contratos de adhesión.

Pero lo más importante en el futuro será que los consumidores se unan y organicen para velar por sus derechos. De esa manera, quedarán legitimados para actuar como denunciantes ante la ACODECO y como demandantes ante los tribunales. Y al final, su mera supervivencia dependerá de su capacidad de generar una verdadera cultura de consumo que sirva para el aprovechamiento y la preservación de los recursos productivos del planeta.