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25 de Jun de 2022

Economía

Desafios de Suecia y España

En su programa de trabajo para la presidencia rotatoria de la Unión Europea durante este semestre, el gobierno sueco ha establecido una ...

En su programa de trabajo para la presidencia rotatoria de la Unión Europea durante este semestre, el gobierno sueco ha establecido una serie de prioridades que suponen una agenda prometedora, no sólo por su contenido, sino por llegar tras una presidencia checa que se ha visto lastrada por la dimisión de su gobierno a mitad de mandato y por la muy escasa vocación europeísta de algunos de sus dirigentes.

La presidencia sueca es también importante para España, ya que la situación en la que quede la Unión Europea a final de año será un factor importante que influirá en la agenda de la presidencia española, que sucederá a la sueca y arrancará en enero de 2010. La lista sueca de objetivos incluye temas tan importantes como la gestión de la crisis económica, un nuevo acuerdo sobre cambio climático, continuar el proceso de ampliación de la Unión y avanzar en la coordinación de las políticas nacionales en áreas como la seguridad o la inmigración.

No es solamente un programa interesante que necesitará de mucha dedicación y paciencia, sino que su cumplimiento dependerá, hasta cierto punto, de factores externos, como la evolución económica a nivel global, el resultado del referéndum irlandés sobre el tratado de Maastricht, en octubre, o la conferencia global sobre cambio climático en Copenhague, en diciembre.

El reto más importante e inmediato será la respuesta coordinada a la crisis. ya que hay pocas herramientas para llevar a cabo esta tarea y la crisis no ha dejado de sorprender negativamente desde que comenzó. Así, la política monetaria de la zona euro (de la que Suecia no es país miembro) está en manos del Banco Central Europeo, que es independiente y parece menos decidido a utilizar medidas no ortodoxas que sus homólogos anglosajones ante una situación de muy baja inflación y una considerable capacidad productiva ociosa en la mayoría de los países europeos.

En este sentido, la falta de coordinación en su diseño a principios de este año y sus efectos colaterales en el grado de competencia existente en los mercados, es un buen ejemplo de la dificultad de la tarea. Y los desacuerdos pueden ser mayores de cara al futuro, toda vez que Francia ha dejado claro, por un lado, que la reducción de los déficit públicos no es la primera de sus prioridades, mientras que en Alemania prima la preocupación por las “estrategias de salida” de la expansión fiscal, con una reforma constitucional que apunta en esa dirección, las promesas de reducir los impuestos de cara a las elecciones de septiembre. Respecto a la política fiscal, luego contradicha por el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, ha dejado claro que, en su opinión, “la línea de introducir paquetes de estímulo se ha agotado”.

Hay otros asuntos importantes sobre los que Suecia tendrá opiniones definidas, como el debate sobre el modelo de regulación y supervisión bancaria en Europa, o el relanzamiento de la agenda de Lisboa. Otra de las áreas donde Suecia tratará de marcar su impronta es la referente a asuntos medioambientales.

Suecia tiene uno de los niveles de emisión del CO2 más bajos del mundo desarrollado y pondrá un énfasis especial en llegar a un acuerdo sobre cambio climático en Copenhague. Habrá reuniones previas de la UE con países que son emisores importantes de CO2, como EEUU, Rusia y Brasil, para tratar de asegurar el éxito del encuentro en la capital danesa, pero, a priori, parece difícil que estos países sigan el ejemplo sueco. Y muchos países europeos van a argumentar que no pueden aceptar costes más altos en medio de una crisis que, en cualquier caso, está ya reduciendo las emisiones de CO2. Llegar a un acuerdo en esta área será, quizás, lo más difícil de la presidencia sueca y una solución insatisfactoria del problema formará parte de los deberes que tendrá que afrontar la presidencia española a partir de enero.