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25 de Feb de 2021

Economía

Monopolio: eterno chivo expiatorio

El monopolio termina siempre como el chivo expiatorio de los problemas económicos generados por otros. Todo afectado de su incapacidad d...

El monopolio termina siempre como el chivo expiatorio de los problemas económicos generados por otros. Todo afectado de su incapacidad de sostenerse en una economía de mercado culpa al monopolio de su resultado.En lo que sigue, argumento por qué las políticas públicas de defensa de la competencia deben actuar para evitar la regulación del monopolio y concentrarse en evitar el comportamiento monopólico, el cual no es exclusivo del monopolio.

A los empresarios siempre les gusta ser monopolio, no porque el camino hacia el monopolio favorece a los consumidores, sino porque las ganancias del monopolio son mayores que las obtenidas en un mercado competitivo. Para lograr ser un monopolio, el empresario debe hacer que los consumidores prefieran su producto por encima del de los competidores, ofreciendo mejor calidad y precio. Poder ser monopolio es el máximo incentivo para competir.

La competencia por llegar a ser monopolio, hace que este resultado rara vez se alcance y su duración sea fugaz. Ello ocurre porque todos los competidores aspiran a ser un monopolio y quien lo logra y sube los precios para aumentar la ganancia, incentiva la entrada al mercado, y con ello termina generando más opciones y mejores precios para los consumidores.

Si la aspiración a ser monopolio incentiva a competir, la  regulación de precios al monopolio por parte del Estado, bajo el argumento de evitar precios abusivos por parte del monopolio, termina garantizando su permanencia, limitando opciones a los consumidores, desincentivando la innovación y la inversión. La regulación de precios “abusivos” se basa asume que los formuladores de políticas públicas tienen mejor conocimiento del mercado que los empresarios que participan en él, aunque muchas veces esto se da realmente con la excusa de establecer un supuesto precio justo.

Est rictamente, monopolio significa un oferente en un mercado. En una economía abierta a la competencia, los monopolios son rareza de escasa duración. Si nos proponemos inventariar cuantos de los mercados en el país tienen una estructura de monopolio, nos daremos cuenta de que por lo general, se trata de monopolios legales. Ser la única empresa que produce un bien no la acredita como monopolio.

Si eres el único prestador de telefonía fija, pero los consumidores consideran a la telefonía móvil como sustituto efectivo, el prestador de telefonía fija no tiene un monopolio. Tampoco eres un monopolio, por ejemplo, si eres el único en el país que presta el servicio de administración de la portabilidad numérica, si tecnológicamente es posible que otro prestador ubicado fuera del país pueda prestar el servicio, porque se convierte en un competidor potencial que evita que te comportes como monopolio.

No se niega la posibilidad e incluso conveniencia de regular el monopolio en algunos casos, pero debe ser la excepción, y ante la duda es mejor abstenerse como reza el adagio jesuita. En sectores donde el cambio tecnológico es muy dinámico, regular posterga los beneficios derivados de las opciones que surgen para el consumidor de la innovación. En telecomunicaciones, por ejemplo, el fenómeno de la digitalización, ha reducido las barreras de entrada a los mercados, al permitir que las redes no sean exclusivas y puedan prestar múltiples servicios.