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07 de Mar de 2021

Economía

Toy Story 3 y sus enseñanzas

En noviembre pasado escribimos un artículo en el que remitíamos a nuestros lectores a la película Shrek Para Siempre, para que vieran un...

En noviembre pasado escribimos un artículo en el que remitíamos a nuestros lectores a la película Shrek Para Siempre, para que vieran un entretenido ejemplo de la importancia de leer los contratos antes de firmarlos.

Al final de esa columna nos comprometimos a escribir sobre la película que ha ganado en días pasados el Óscar a la mejor película animada y las enseñanzas que nos deja sobre el tema de los derechos de propiedad. Ha llegado el momento de honrar esa promesa.

Iniciemos por señalar que los derechos de propiedad son derechos que se tienen sobre el uso, la venta y los ingresos provenientes de un bien o recurso, pero cuando estos derechos no están bien definidos pueden surgir situaciones donde el mercado no es siempre el mejor mecanismo para la asignación de recursos ya que podría llevar a que se produjera ‘demasiado’ de algo, y en consecuencia hace recomendable la intervención reguladora del Estado. Pongamos un ejemplo para explicar mejor esto.

Nuestra constitución señala que los recursos pesqueros le pertenecen al Estado, o sea, a todos nosotros, pero como son de ‘todos’ no pertenecen a ‘nadie’ en particular. En consecuencia, ¿de quiénes son los camarones que hay en nuestras aguas? Pues del que los capture primero; lo que evidentemente puede llevar a la sobreexplotación de este recurso dado que lo que no capture un pescador lo capturará otro.

Popularmente es conocida la expresión ‘con lo que no nos cuesta, hagamos fiesta’, por lo que resulta necesaria la intervención del Estado, por ejemplo a través de la veda del camarón que limita la captura de este recurso en ciertas épocas del año para asegurar que continuemos disfrutando del mismo en el futuro. Pues resulta que esta ‘tragedia de los comunes’ está en buena parte del hilo argumental de Toy Story 3. Veamos.

En Toy Story 3 los juguetes son relegados cuando Andy crece, y frente a la posibilidad de quedarse abandonados en un baúl los juguetes deciden escaparse a una guardería. Ahí tendrían una oferta ilimitada de niños que siempre jugarían con ellos. Lotso, un oso de peluche que controla al resto de los juguetes, les promete que nunca serán abandonados porque en ese lugar los juguetes no dependen de un dueño, es decir, no hay propiedad privada, ya que los juguetes son de ‘todos’ los niños que asisten a la guardería.

Pero, ¿qué les pasa a los juguetes en una guardería, en contraposición a los juguetes que tiene un niño en su cuarto? Pues que los juguetes ‘comunes’ se dañan mucho más rápido, ya que cada uno de sus ‘usuarios’ no se preocupa mucho de cuidarlos, porque a lo mejor otro niño los dañará, y porque además siempre tendrán sus juguetes preferidos en casa.

Es en general, lo que ocurre al grueso de la propiedad pública: cuánta gente tira basura en las calles pero siempre mantienen limpio el portal de su casa.

En la película, Lotso decide qué juguetes van al cuarto de los niños mayores, que son más cuidadosos, y cuáles van al cuarto de los párvulos, que evidentemente son menos considerados con los juguetes.

Al final los juguetes de Andy logran escapar de la tiranía de Lotso, y regresan a un mejor lugar: uno donde los derechos de propiedad están bien definidos.