10 de Ago de 2022

Economía

El verdadero acuerdo presupuestario

WASHINGTON. Con tanta agitación financiera, es importante comprender lo que logra y no logra el acuerdo presupuestario de la semana pasa...

WASHINGTON. Con tanta agitación financiera, es importante comprender lo que logra y no logra el acuerdo presupuestario de la semana pasada. Observen, para empezar, que no creará una gran ‘carga fiscal’ para la economía.

Los recortes de gastos son sencillamente demasiado pequeños, en una economía anual de 15 billones de dólares. El acuerdo podría recortar un décimo de un 1% del crecimiento anual en la próxima década, según estima la firma de pronósticos Macroeconomic Advisers.

Observen también que el acuerdo no supone una victoria de los miembros del ‘tea party’ sobre los liberales. Los liberales obtuvieron mucho de lo que pidieron, mientras la influencia del ‘tea party’ puede disminuir. Los impuestos podrían elevarse si los recortes fiscales Bush-Obama se vencen a fines de 2012.

Pero el acuerdo presupuestario sí refleja las prioridades nacionales, para bien o para mal. Es más que nada, un triunfo del estado benefactor sobre el Pentágono. Aún antes del acuerdo, el gobierno de Obama proyectó que —suponiendo que se realicen retiradas continuadas de Irak y Afganistán— los gastos de defensa se reducirían al 15% del presupuesto de 2016. Esa cifra representaría la proporción más baja, desde antes de la Segunda Guerra Mundial.

Los recortes agregados del acuerdo, potencialmente $950.000 millones en el curso de una década, reducirían esa cifra aún más. En los años 50 y 60, los gastos de defensa representaban a menudo la mitad del presupuesto. Una reducción militar drástica parece poco sensata.

Amenazaría la capacidad de estar preparados, los entrenamientos y el reemplazo de armamento obsoleto. Muchos aviones, barcos y vehículos se están acercando, o ya han pasado su vida de servicio anticipada, expresa la analista de defensa de la Heritage Foundation, Mackenzie Eaglen.

Los recortes de defensa muestran cómo, contrariamente a la sabiduría popular, el acuerdo presupuestario refleja las preferencias liberales.

El programa liberal se presentó en tres partes: Primero, elevar los impuestos a los norteamericanos de altos ingresos para limitar los recortes de gastos internos; segundo, cubrir la ‘red de protección’ social, especialmente el Seguro Social y Medicare; y finalmente, cortar los gastos de defensa para salvar (nuevamente) los programas internos.

Los liberales obtuvieron dos de esas tres cosas. Fallaron en los impuestos, la pruebe definitoria para los republicanos. Pero prevalecieron en el resto. El Seguro Social y Medicare, y la mayoría de los beneficios (estampillas para alimentos, Medicaid) para los pobres, independientemente de la edad, fueron inexpugnables.

Las tasas de reembolso de Medicare podrían recortarse un 2% como parte de una segunda vuelta de reducciones, pero eso es una nimiedad.

Puesto que los beneficios de los jubilados constituyen la mitad de los desembolsos federales que no son intereses, el acuerdo no afecta agudamente los gastos generales del gobierno.

La real historia del presupuesto es cómo la protección de estos vastos beneficios de los jubilados domina las políticas de gobierno. Si se protege casi la mitad de los gastos y aún se exigen recortes, la presión se intensifica en todo el resto.

Junto con defensa, el acuerdo presupuestario también restringe esa categoría amplia: ‘los gastos internos discrecionales’, que cubre muchos programas: carreteras, subvenciones a los estados y localidades y muchos otros rubros.

Estamos penalizando las categorías generales del gobierno para proteger a todos los jubilados, sin importar cuan saludables o ricos son. Anteriormente, este año, la Oficina de Presupuesto del Congreso proyectó que los gastos internos discrecionales caerían un 30% —como porción de la economía— de 2011 a 2021. El acuerdo presupuestario profundizará esa situación. El presidente Obama sigue diciendo que estos gastos se reducirán, nuevamente, como porción de la economía, a su nivel más bajo desde Eisenhower. ¿Por qué alardea de esto? La sabiduría popular sostiene que los republicanos, rehenes del tea-party, impidieron un acuerdo mayor y más ‘balanceado’ al negarse a todo incremento fiscal, nunca.