14 de Ago de 2022

Economía

Competencia, institución y consumidores

Existe un nexo muy directo entre la gestión de defensa de la competencia y la de protección al consumidor. De por medio, siempre hay un ...

Existe un nexo muy directo entre la gestión de defensa de la competencia y la de protección al consumidor. De por medio, siempre hay un consumidor, quien al final es el rey en una economía de libre mercado porque es el que escoge, elige y decide qué comprar y a qué precio. Pero para que el consumidor pueda realmente realizar su función en el mercado, deben existir reglas claras en cuanto a la competencia y las obligaciones de los proveedores, y para eso es importante que existan instituciones fuertes como la ACODECO para que fiscalice y supervise que los agentes económicos hagan correctamente su trabajo.

Es de todos harto conocido que la libre competencia en los mercados beneficia a los consumidores a través de menores precios y de un aumento de la cantidad, variedad y calidad de los productos ofrecidos. Se trata de una razón más que suficiente para apostar por una política y unas instituciones de defensa de la competencia activas, vigilantes y dotadas de recursos suficientes.

Cuando los agentes económicos fijan precios y obstaculizan la información que debe existir para que el consumidor decida en el mercado, se crean distorsiones, se inhibe la innovación, aumentan los precios y desmejora la calidad. En definitiva, se mejoran las finanzas de los agentes económicos pero sin duda perjudica al fin y al cabo a los consumidores.

Es como asistir a un partido de fútbol donde el resultado final ya esté arreglado. Los fanáticos se sentirían traicionados y el evento deportivo se desluciría tremendamente. Por el contrario, cuando el partido es concurrido y competido por un espíritu deportivo de ‘juega limpio’, el acto es animado, hay competencia y el público recibe un retorno por lo que pagó. Igualmente ocurre en el mercado. Cuando los agentes económicos ensucian sus principios y se ponen de acuerdo para vulnerar las reglas del mercado, la competencia se convierte en una ilusión. Y es ahí donde la ACODECO interviene como árbitro, toca el pito, marca la falta y muestra la tarjeta si es preciso.

Este papel de árbitro es el que tiene a la ACODECO en permanente vigilancia, en la cual se vela por el cum plimiento de las normas de libre competencia y se sanciona la existencia de posiciones dominantes y prácticas monopolísticas que permiten la creación de beneficios mayores que los que se generan en un mercado competitivo.

ADMINISTRADOR DE LA ACODECO