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15 de Apr de 2021

Economía

Le concierne a Estados Unidos

Mientras el presidente Obama espera la aprobación del Congreso para intervenir en Siria, es obvio que el universo está patas arriba.

Mientras el presidente Obama espera la aprobación del Congreso para intervenir en Siria, es obvio que el universo está patas arriba.

Para resumir: Un líder mundial, a quien se galardonó con el Premio Nobel de la Paz, parece preparado para iniciar una acción militar. Algunos demócratas liberales que se opusieron a la intervención estadounidense en Irak —sin duda porque fue lanzada por el republicano George W. Bush— parecen listos para seguir la directiva de Obama y castigar a Ashar al-Assad por la utilización de armas químicas contra su propio pueblo, de lo cual el gobierno dice tener pruebas claras. Algunos halcones del Partido Republicano repentinamente se han convertido en palomas, que o bien se oponen totalmente a un golpe militar o parecen estar buscando una excusa para mantenerse al margen.

Mientras tanto, la exgobernadora de Alaska, Sarah Palin, publicó lo siguiente en los medios sociales: ‘Entonces bombardearemos a Siria porque Siria está bombardeando a Siria? ¿Soy idiota? … El presidente Obama quiere que Estados Unidos se involucre en la guerra civil de Siria que enfrenta al hostil régimen de Assad contra los igualmente hostiles rebeldes afiliados a al-Qaeda. Pero no está demasiado seguro de qué bando está haciendo eso, cuál será el resultado final y ni siquiera a qué bando debemos apoyar.’

Eso prácticamente lo resume todo. Excepto un pequeño detalle. Siria no está bombardeando a Siria. No es tan simple, Sarah.

En lugar de eso, un implacable dictador, desesperado por mantener el poder, castiga a su propio pueblo con armas que han sido prohibidas en el mundo civilizado durante casi 100 años. Un matón está tratando brutalmente a los vulnerables. Alguien los tiene que defender, y enseñarle al dictador —y a todos los demás líderes autoritarios que están observando este enfrentamiento con sumo interés— que los códigos internacionales de conducta se aplican a ellos como a todos los demás.

Y sí, por supuesto, fue un error que Obama trazara una ‘línea roja’ para el uso de armas químicas en Siria. Pero eso es historia. No importa cómo llegamos a ese punto —en esta situación en la que no se puede ganar nada y en que todas las opciones son malas y todos los caminos podrían llevar al mismo oscuro resultado (un ataque contra Israel, una guerra regional, el fortalecimiento de elementos desagradables). Lo único que importa es lo que hagamos ahora.

Obama tuvo razón al decir que Estados Unidos debe iniciar una acción militar contra Siria, porque ‘en un mundo con muchos peligros, hay que enfrentar esta amenaza.’ Pero estuvo mal cuando anunció sus planes al mundo, renunciando al factor sorpresa y permitiendo que los sirios se preparen para un ataque. Y fue una tontería ir al Congreso y colocar un asunto tan grave como éste a merced del partidismo y de los aislacionistas, que desean apartarse del papel que el resto del mundo espera que Estados Unidos desempeñe.

No es necesario que seamos la policía del mundo, pero —nos guste o no— somos el árbitro moral del mundo. No siempre lo fuimos cuando deberíamos haberlo sido. Como cuando Estados Unidos hizo la vista gorda a lo que estaba ocurriendo en Alemania, en los años 30. Eso no es una excusa para negarse a hacerlo ahora. Defendemos a los que no tienen poder ni voz. Eso es lo que hace Estados Unidos. Es una tarea dura y a menudo desagradecida. Pero también es una tarea indispensable, si aspiramos vivir en un mundo civilizado.

La buena noticia es que el presidente de la Cámara, John Boehner, la senadora Dianne Feinstein, de California, y otros miembros de ambos partidos dijeron, el martes, que apoyan el llamado a la acción contra Siria de Obama. Estos legisladores podrían ser aliados para obtener los votos de sus colegas.

La mala noticia es que seguramente habrá un fuerte contingente de republicanos, en la Cámara y en el Senado, que se opondrá a la acción militar. Casi siempre lo habrá. Algunos están paralizados por lo que ven como un menú de platos desagradables. Y algunos son partidistas que están condicionados a oponerse al gobierno.

En este último grupo figura el senador de Florida, Marco Rubio, quien recientemente dijo que Estados Unidos deberá tomar medidas militares sólo en persecución de un objetivo de seguridad nacional claro y alcanzable, y no para ‘enviar un mensaje a fin de salvar cara.’

Rubio no entiende, como Palin tampoco entiende. No se trata de Obama. Se trata de la tarea increíblemente difícil que, como presidente de Estados Unidos, Obama debe llevar a cabo.

LA COLUMNA DE RUBÉN NAVARRETTE