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25 de Nov de 2020

Economía

Encontrar al verdadero enemigo

Hoy esta columna será algo distinta. Voy a replicar con datos de Panamá un artículo del investigador chileno Rafael Rincón publicado hac...

Hoy esta columna será algo distinta. Voy a replicar con datos de Panamá un artículo del investigador chileno Rafael Rincón publicado hace un par de meses por el Instituto Cato y que es de total aplicabilidad a nuestro país.

A través de nuestra página web www.acodeco.gob.pa, nuestras páginas en Facebook (ACODECO Protege y ACODECO Resuelve), mi cuenta de Twitter, y especialmente con nuestro lema: ¡Un consumidor informado tiene poder!, hemos animado a los consumidores a acudir a la ACODECO siempre que vean sus derechos irrespetados por quienes les ofrecen y entregan bienes y servicios a cambio de su dinero.

La idea es que cada consumidor se sienta importante y digno de hacerse atender debidamente, como manda la decencia y como debería ser en cualquier sociedad civilizada.

¡Y estoy convencido que hemos tenido éxito! Las quejas, según los registros oficiales de la ACODECO, aumentaron más de un 63% en los últimos tres años, pasando el total de quejas de 2,745 en el 2009 a 4,488 en 2012; y durante los primeros 11 meses del 2013, el total asciende a 3,733.

Lo bueno es que cada vez más afectados están usando nuestros servicios. Lo malo es, precisamente, que tanta gente deba dedicar tiempo productivo señalando a quienes lesionan sus derechos y lesionan reiteradamente el sistema económico de libre mercado.

Los enemigos públicos del progreso son el empresario deshonesto, el vendedor tramposo, el contratista mediocre. No son ‘las empresas’, sino sus versiones viciadas. No son ‘los empresarios’, sino los mercaderes de la mediocridad y del engaño. Son las malísimas copias piratas de los emprendedores los que dañan a los consumidores.

Por eso resulta oportuno no generalizar. Son estos empresarios inconsecuentes los enemigos de la libertad económica y los aliados más eficientes de aquellos que sueñan con desmantelar la institucionalidad que le ha dado a Panamá, además del reconocimiento internacional en los temas de protección al consumidor y defensa de la competencia, y a todo el mundo desarrollado la mayor prosperidad de su historia.

El accionar de estos cuestionables empresarios son los que provocan que al final de cuentas paguen justos por pecadores, a la hora que se hacen generalizaciones indebidas. Esto nos lleva a la reflexión sobre el importante papel que pueden jugar las asociaciones empresariales, al distanciarse (por ejemplo a través de la expulsión de los miembros que comprobadamente burlan las normativas existentes) de estos patrones de comportamiento nada edificantes.

Muchos consumidores, en parte por equivocadas creencias sobre el origen de sus desgracias, no están defendiendo con entusiasmo la economía de mercado ni la libre empresa, que es la que más poder, opciones y satisfacciones les entrega al final de cuentas. Y es comprensible porque la rabia y la impotencia suelen cobrar venganza.

Pero deben los ofendidos saber que cuanto les perjudica —toda forma de abuso o de atención inapropiada— no es ni remotamente parte de una economía libre, sino decididamente contrario a ella, por lo que debemos unir nuestros esfuerzos para identificar realmente a los enemigos del sistema.

ADMINISTRADOR DE LA ACODECO