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21 de Jan de 2021

Economía

Una cuestión de principios

Siempre es agradable ser invitado. Pero con los latinos, las cosas sólo se ponen interesantes

Siempre es agradable ser invitado. Pero con los latinos, las cosas sólo se ponen interesantes cuando lo ‘desinvitan’ a uno. Me ha pasado varias veces.

Hace unos años, me comprometí a hablar en la conferencia anual de la Asociación de Educación Bilingüe de California. La invitación se hizo porque los organizadores aprobaban mi apoyo a la reforma migratoria. Después alguien me ‘Googleó’ y encontró que, en el curso de los años, también he criticado la educación bilingüe. La invitación fue rápidamente retirada.

Poco tiempo después, fue invitado a recibir un premio organizado por legisladores latinos en California. El día anterior al evento, una legisladora me llamó para invitarme personalmente. Otra galardonada —la ex vicepresidenta de los Campesinos Unidos de América (UFW, por sus siglas en inglés), Dolores Huerta— se puso furiosa porque yo había revelado, públicamente, la desagradable historia del sindicato de entregar inmigrantes ilegales a los funcionarios de inmigración para su deportación. Fui, de todas formas, acepté el premio y terminé en una discusión a gritos con Huerta.

Ahora ha vuelto a ocurrir. Manny Ruiz, director ejecutivo de la conferencia de medios sociales con sede en Miami, Hispanicize, me invitó para moderar un panel centrado en un estudio sobre las tendencias políticas de periodistas latinos. En el panel figuraba el representante de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ, por sus siglas en inglés), con quien Ruiz estaba tratando de forjar una alianza. El año pasado, critiqué a la NAHJ por ceder a la exigencia del presidente de la Asamblea de California, John Perez, de que el grupo expulsara a un rival político de un panel de su propia conferencia anual. Alrededor de dos semanas antes del evento de Hispanicize, recibí un mensaje electrónico de Ruiz diciendo que él debería haber consultado con los otros panelistas y que —tras hablar con ellos— ‘se [había] tomado la decisión’ de ‘rescindir la invitación’.

Todas estas des-invitaciones me llevaron a pensar en el cuadro más grande.

El mes pasado, los latinos sobrepasaron a los blancos para convertirse en el mayor grupo racial/étnico en California. Los latinos componen ahora el 39% del estado más poblado de Estados Unidos.

Aún así, una mayor población no siempre equivale a más poder.

Lo que frena el avance de los latinos no es sólo la discriminación, las escuelas deficientes, el acceso inadecuado al capital, la reacción de los nativistas y las puertas cerradas, desde Wall Street hasta Hollywood.

Algunos impedimentos son internos. Muchos latinos están —debido a la forma en que han sido tratados— plagados de inseguridades, tienden a sostener rencillas internas, se tienen envidia mutua, están ansiosos por destrozarse mutuamente e insisten en que todos deben seguir una narrativa establecida. A menudo reprochan, regañan o atacan a los que ofrecen un punto de vista diferente.

Consideremos el cuento de la UFW y uno de los disidentes de la organización, co-fundador del sindicato, que fue tratado injustamente en el nuevo filme ‘César Chávez’. Los cineastas —que obtuvieron derechos de copyright de la UFW y trabajaron con funcionarios del sindicato para crear la historia— escogieron a Michael Peña para protagonizar al icónico líder sindical. Yancey Arias interpreta a Gilbert Padilla, que ahora tiene 86 años y es un ex organizador comunitario que luchó en los campos junto a Chávez.

Padilla renunció como tesorero-secretario de la UFW después de expresar su inquietud sobre la contabilidad del sindicato. Se convirtió en un crítico elocuente de la dirección en que Chávez estaba llevando al sindicato —es decir, apartándose de la organización de los campesinos y hacia un boicot nacional de la uva. También criticó la tendencia de Chávez a creer sus propios recortes de prensa, y el hecho de que un sindicato que fue creado por muchos individuos fuera descripto en los medios como la obra de uno solo. Pronto, se etiquetó a este veterano del movimiento sindical como traidor.

Conocí a Padilla hace unos 25 años y tuvimos una serie de reveladoras discusiones sobre la realidad de la UFW, de Chávez y el movimiento. Padilla cuenta con un gran repositorio de historias, que para mí fueron aún más irresistibles porque la UFW y otros miembros de la izquierda no quieren que se divulguen.

En el otoño de 1990, yo di un curso de estudios Chicano-Latinos en la Universidad de California en Fresno. Cuando invité a Padilla a hablar a mis estudiantes sobre la UFW, el jefe del departamento me llamó a su oficina y trató de que yo lo ‘desinvitara’. Me negué a hacerlo y lo traje a la clase.

Nunca más solicitaron mis servicios como profesor en esa institución.

Presten atención, latinos. Mantener los principios de uno no es una manera de hacerse amigos. Pero es esencial para que dejemos de ser nuestros peores propios enemigos.

COLUMNISTA