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13 de Oct de 2019

Economía

¿Dónde están los 3 billones de dólares?

¿Es la economía norteamericana más fuerte de lo que creemos? Quizás.

¿Es la economía norteamericana más fuerte de lo que creemos? Quizás. Una incógnita persistente sobre su reciente desempeño es la marcada diferencia entre el crecimiento en los puestos de trabajo (que fue inesperadamente robusto) y el crecimiento en la producción económica (que fue inesperadamente débil). ¿Cómo puede una economía en apuros producir tantos puestos de trabajo? La incógnita desaparecería si se ha subestimado sistemáticamente la producción económica.

Y eso es lo que ha ocurrido, dicen los críticos. A las estadísticas gubernamentales se les escapan muchos avances de Internet, sostienen, porque algunos servicios ‘gratis' como Facebook, Google y Twitter, no se cuentan directamente en la producción económica, es decir en el producto bruto interno (PBI). Eso parece no tener sentido común, considerando el uso generalizado de esos servicios. (En la última medición, Facebook contaba con 1.600 millones de usuarios en todo el mundo y Twitter, con 320 millones.) Otros economistas niegan el argumento de que se subestime la producción.

El debate es importante. La rápida creación de puestos de trabajo y el crecimiento económico lento se manifiestan en una productividad de la mano de obra pobre. (Productividad es el término que designa la eficiencia.) En verdad, el crecimiento en la productividad del sector empresarial cayó. Entre 1995 y 2004, promedió un 3.25% anual; desde entonces, el promedio es de 1.5%, informa un nuevo estudio. Si se hubiera mantenido el ritmo de 1995-2004, el PBI en 2015 hubiera sido 3 billones de dólares más alto, eso representa un sexto del actual PBI de 18 billones de dólares.

Así pues, el debate arde furiosamente entre los economistas. ¿Qué pasó con los 3 billones de dólares? ¿Están allí, pero se los ha pasado por alto porque las estadísticas económicas no alcanzan a describir el mundo real? ¿O es que la vitalidad económica ha declinado? Si es así, los 3 billones de dólares se perdieron para siempre y las perspectivas futuras de mayor crecimiento económico se han atenuado.

Ahora, un nuevo estudio rechaza el argumento de la subestimación de la productividad. ‘No encontramos prueba alguna [de] crecientes mediciones incorrectas,' expresan los economistas David Byrne y John Fernald, del Federal Reserve System, y Marshall Reinsdorf, del Fondo Monetario Internacional, en un estudio preparado para la Brookings Institution. Hay que admitir que el debate es puramente técnico, pero considerando lo que está en juego, vale la pena explorarlo.

Lo que importa para el PBI son los productos finales adquiridos por consumidores y empresas. Consideremos el acero utilizado para fabricar un automóvil. No se cuenta directamente en el PBI, porque el producto final es el auto. Contar el acero (que se denomina como ‘producto intermedio') separadamente duplicaría el conteo. ¿De qué manera afecta eso a Internet?

Algunos servicios de Internet (por ejemplo: descargar música y pagar tarifas de acceso mensuales) constituyen productos tradicionales para el consumidor y se cuentan de esa forma. De la misma manera, algunos servicios de Internet son productos intermedios para otros negocios. Si Google permite que las empresas automotrices operen con mayor eficiencia, eso se manifestará en la productividad mejorada de la industria automotriz.

El argumento real se refiere a los servicios (por ejemplo, la mayoría del correo electrónico y Facebook) que son ostensiblemente gratis para los consumidores. Esos son los servicios gratis sumamente subvaluados por el PBI, dicen los críticos. El nuevo estudio presenta tres respuestas principales.

Primero, muchos de esos usos de Internet son ‘producción en el hogar' privada —parecido a realizar las tareas del hogar, cocinar o jugar al fútbol con los niños. Esas actividades pueden ser importantes y placenteras, pero no forman parte de la ‘economía de mercado', donde se compran y venden productos y servicios por efectivo. Eso es lo que el PBI desea medir; por tanto, estos beneficios de Internet, aunque importantes, se excluyen apropiadamente del PBI.

Segundo, aunque esos servicios de Internet no se agregan directamente al PBI, se los cuenta indirectamente. Gran parte de Internet se mantiene mediante publicidad paga; por lo tanto, esos servicios de Internet se evalúan al costo de esa publicidad. No es algo nuevo. Se aplicó (y aún se aplica) la misma lógica a la así llamada televisión gratis —transmisión al aire. Se supone que los costos de todos esos anuncios están insertados en los precios de los productos finales.

Tercero, el estudio concede que la economía digital es difícil de medir, pero no concluye que los errores hayan crecido drásticamente con el transcurso del tiempo. Algo más debe haber causado la caída de la productividad.

Quizás el PBI deba revisarse para reflejar los múltiples usos cotidianos de Internet, aunque eso suscitaría difíciles cuestiones técnicas. ¿Cómo, por ejemplo, se evaluarían los servicios ‘gratis', si no fuera por la publicidad? Pero los economistas respondieron a otra pregunta: ¿Ha creado Internet una economía oculta que escapa cada vez más a las cifras oficiales? Su conclusión es que no.

Sabemos algunas cosas sobre la caída de la productividad. Se inició antes de la Gran Recesión; afecta a muchas naciones e industrias; los actuales avances de la productividad se parecen a los de la década de 1970 y 1980. Esas conclusiones también tienden a exonerar a Internet. Pero para la pregunta de qué fue lo que causó la caída, la respuesta honesta es que no lo sabemos.

ANALISTA DE THE WASHINGTON POST