Temas Especiales

08 de Apr de 2020

Economía

Desconcertante giro de Pence hacia Trump

Es difícil entender cómo el gobernador de Indiana, Mike Pence, aceptó unirse a la fórmula de Trump

Di que no es así, Mike. El gobernador de Indiana, Mike Pence, ganó el concurso ‘Aprendiz Vicepresidente' y la dudosa distinción de servir junto a Donald Trump, en la fórmula presidencial republicana.

Entiendo por qué Trump ofreció el trabajo a Pence; el gobernador de Indiana es de primera clase y ampliamente apreciado y respetado. Posee una disposición calma y tranquilizadora y experiencia política en el ámbito estatal y federal. Además, se desempeñó tanto como legislador y jefe ejecutivo.

Lo que no comprendo es por qué Pence aceptó. Trump es un desastre. El magnate de los bienes raíces es un novicio y un narcisista, que dice lo primero que le viene a la cabeza, tiene pocos principios y se ama tanto a sí mismo que no está claro si ama alguna otra cosa —incluyendo a su país.

La elección de Trump para vicepresidente es una píldora dura de tragar para aquellos en el movimiento ‘Jamás Trump' que conocen a Pence, han seguido su carrera, admiran su habilidad y a quienes el gobernador cae genuinamente bien.

Cuando me presionan para que nombre al funcionario demócrata electo que más admiro, generalmente me refiero al representante de Illinois, Luis Gutiérrez, que tuvo el coraje de que lo arrestaran dos veces protestando fuera de la Casa Blanca las políticas migratorias represivas del presidente Obama, para disgusto de muchos de su propio partido.

Pero cuando me pedían que mencionara al republicano que admiro más, siempre elegía a Pence. Escribí sobre este graduado de Hanover College durante más de una década, y me pareció una persona extraordinaria —un republicano de mente aguda, buen corazón y sentido común. Cuenta con fuertes principios conservadores, pero —a diferencia de muchos en su partido— no usa demagogia.

Entonces, ¿por qué se junta Pence con tipos como Trump? Me parece que es una prueba. Me encantaría ver a Pence desempeñarse como vicepresidente pero no a expensas de elegir a Trump como presidente.

Pence debería saberlo. La ambición tiene sus límites. Vincularse con Trump sólo perjudicará la reputación del gobernador a largo plazo. La historia lo recordará desfavorablemente, como un individuo que quería tanto estar en la Casa Blanca —aunque más no fuera en la oficina menor cerca de la del presidente— que se avino a tocar de segundo violín con alguien que se opuso a muchas de las cosas en las que él cree y que cree muchas de las cosas a las que él se opone.

Después de todo, Pence no es exactamente lo que se puede denominar como un republicano de Trump. Ni siquiera apoyó a Trump en las primarias de Indiana. En lugar de eso, el gobernador afirmó su apoyo a un elocuente senador de Texas.

Antes de que se emitieran los votos, Pence dijo en una entrevista radial: ‘No estoy contra ninguno, pero votaré por Ted Cruz en las inminentes primarias republicanas'. Pero también felicitó a Trump por haber ‘dado voz a las frustraciones de millones de trabajadores estadounidenses'.

Noté pro primera vez la presencia de Pence en 2005 cuando, estando en el Congreso, se lanzó al debate de la inmigración y asumió la desagradecida tarea de escribir una propuesta de reforma migratoria integral. Reclutó a la senadora de Texas, Kay Bailey Hutchinson, como copatrocinadora de la ley.

Aunque aseguraba la frontera y creaba un programa de trabajadores invitados, la propuesta de ley Hutchinson-Pence brindaba a los indocumentados los medios para permanecer en Estados Unidos. La idea era requerir que un miembro de la familia volviera al país de origen para sesiones de procesamiento de uno o dos días —en los que Pence llamó ‘Centros Ellis Island' antes de volver a Estados Unidos con un permiso de trabajo temporario y la capacidad, para ese individuo y su familia, de vivir aquí sin que los deportaran.

Aunque no fuera perfecta, es una solución adulta del tipo que no se ve a menudo en el debate de la inmigración.

Los liberales se mofaron de la idea, hasta el punto de que intentaron copiarla en una propuesta propia.

Pero fueron los conservadores los que realmente odiaron el plan. El representante Tom Tancredo, republicano por Colorado, quizás el miembro del Congreso más abiertamente nativista, atacó el plan de Pence como una ‘mini-amnistía'. Y el presidente del Comité Judicial de la Cámara, Jim Sensenbrenner —que había propuesto su propia propuesta migratoria draconiana que no iba llegar lejos— trató de socavar a Pence y descarrilar la propuesta.

Con enemigos de ese tipo, me imaginé que Pence debía ser una buena persona. Así es que lo contacté y comenzamos una serie de entrevistas y conversaciones durante las cuales determiné que eso era exactamente lo que era: una buena persona.

Y ahora que Trump-Pence es un hecho, sabemos que hasta las buenas personas pueden a veces tomar decisiones erradas y mostrar falta de criterio.

ANALISTA DE POLÍTICO-ECONÓMICO DE THE WASHINGTON POST WRITERS GROUP

Mike Pence debería saberlo. Pero la ambición por llegar a la Casa Blanca tiene sus límites. Vincularse con Donald Trump sólo perjudicará la reputación del gobernador a largo plazo.