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22 de Jan de 2021

Economía

Obama dejó un historial atroz en inmigración

Obama pasó de solicitar votos latinos en la elección de 2008, con la promesa de encarar la reforma migratoria en sus primeros 100 días

Cuando se escriba finalmente la historia de la presidencia de Barack Obama, espero que los biógrafos dediquen algunas páginas al atroz historial del 44° presidente en el asunto que parece desconcertarlo más: la inmigración.

Desde un comienzo, Obama se puso en una situación difícil al tratar de ser simultáneamente comprensivo y duro. Quiso complacer a los latinos, que se identifican tanto con los inmigrantes que desean conceder a los indocumentados categoría legal, y también a los miembros de los sindicatos, que temen tanto la competencia de los inmigrantes que prefieren entregarles un boleto sólo de ida a sus países de origen. Al final, Obama optó por los sindicatos y se contentó con tratar de engañar a los latinos para que pensaran que él estaba de su lado. En realidad, estaba actuando contra sus intereses al deportar a un número récord de individuos.

En su primer período, Obama perdió mucho tiempo y energía discutiendo con los defensores de los inmigrantes, que querían que detuviera las deportaciones —o que al menos las disminuyera— y negando que tuviera autoridad ejecutiva para actuar sin el Congreso. En su segundo período, milagrosamente encontró ese poder y concedió a los llamados Soñadores —jóvenes indocumentados que fueron traídos al país de niños— un aplazamiento de dos años para las deportaciones.

Obama pasó de solicitar votos latinos en la elección de 2008, con la promesa de encarar la reforma migratoria en sus primeros 100 días, a no resolver nunca la situación de los que se estima que son 11 millones de inmigrantes ilegales en los Estados Unidos. Y pasó de criticar al gobierno de George W. Bush por enviar agentes federales a arrestar a madres de niños de pecho que fueron ‘arrancadas de sus bebés', a esencialmente comisionar, por medio de Secure Communities, a miles de agentes de seguridad locales y de los estados para imponer la ley de inmigración federal al verificar la categoría migratoria de todo aquel con el que entraran en contacto.

En semanas recientes, la misma persona que —en agosto de 2010— firmó una propuesta de ley de seguridad fronteriza de $600 millones, presentada por los demócratas del Senado, que asignaba más agentes, cercas y equipo en la frontera mexicano-americana, expresó consternación sobre el plan de su sucesor de construir una muralla fronteriza. Es surrealista escuchar a Obama y a otros demócratas expresar su indignación ante la idea de que se pueda deportar a familias separadas cuando, durante los últimos ocho años, ése fue el procedimiento normal del gobierno de Obama y del partido que lo cubrió.

Es necesario que se haga una evaluación honesta y seria de la cínica y cruel gestión de Obama en inmigración. Y sin embargo, no podemos esperar que los medios la realicen. Están demasiado ocupados escrudiñando al actual presidente porque amenaza con hacer muchas de las cosas que el presidente anterior hiciera. Al mismo tiempo, tenemos manipuladores pro-Obama, que intentan que su gestión quede limpia y tratan de convencernos de que lo malo nunca ocurrió.

Ocurrió y fue de la siguiente manera. Tras ganar la elección de 2008, Obama reclutó como jefe de personal a Rahm Emanuel quien, mientras estuvo en el Congreso, trató enérgicamente de que la reforma migratoria quedara fuera del programa. Y nombró como secretaria de seguridad del territorio a Janet Napolitano quien, como gobernadora de Arizona, declaró estado de emergencia en la frontera. Una vez asumido el cargo, Obama quebró su promesa de convertir la reforma migratoria en suma prioridad, deportó a unos 3 millones de individuos, dividió a cientos de miles de familias, y colocó en casas de acogida a decenas de miles de niños nacidos en Estados Unidos, cuyos padres fueron deportados. También resistió inicialmente a los reformistas de la inmigración, que pidieron que utilizara su poder ejecutivo para detener las deportaciones, dijo falsamente que su gobierno estaba deportando solamente a delincuentes y después trató de echar la culpa de toda la debacle a los republicanos. Y cuando se encontró —en el verano de 2014— con decenas de miles de mujeres y niños refugiados de América Central, que cruzaban la frontera mexicano-americana, Obama ordenó que se deportara a la mayoría de ellos sin el debido proceso, encerró a otros miles, entre ellos bebés y niños pequeños, que fueron colocados en lo que los activistas llamaron ‘cárceles de bebés', y dejó en libertad a otros bajo la custodia de parientes en Estados Unidos sólo para hacer una redada de ellos dos años después.

Mientras ocurría todo eso, los medios liberales parecieron no estar interesados y dijeron poco. No es de sorprender que estén ahora tan entusiasmados en perseguir al presidente Trump en su ofensiva contra la inmigración. Tras una siesta que duró ocho largos años, deben estar bien descansados.

ANALISTA DE THE WHASHINGTON POST WRITERS GROUP