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- 08/05/2026 00:00
Los medicamentos biosimilares están tomando fuerza en los sistemas de salud no solo por su impacto clínico, sino también por el potencial económico que representan para gobiernos, hospitales y aseguradoras en medio de la presión global por reducir costos sanitarios.
En Panamá, especialistas consideran que estos tratamientos podrían convertirse en una herramienta estratégica para mejorar el acceso a terapias de alto costo, mientras los sistemas públicos y privados enfrentan crecientes desafíos financieros asociados al envejecimiento poblacional y al aumento de enfermedades complejas.
Se estima que, a nivel mundial, los biosimilares podrían generar ahorros acumulados superiores a $215 mil millones entre 2021 y 2026, una cifra que ha acelerado el interés de la industria farmacéutica y de los sistemas de salud por este segmento del mercado biotecnológico.
La doctora Ivonne Torres Atencio explicó que los biosimilares son medicamentos altamente similares a productos biotecnológicos innovadores, desarrollados bajo estrictos estándares regulatorios.
“Un biosimilar es un medicamento altamente similar a un biotecnológico de referencia, desarrollado bajo estándares rigurosos que garantizan su seguridad y eficacia”, señaló Torres.
Los medicamentos biológicos han revolucionado tratamientos contra cáncer, artritis reumatoide, psoriasis, esclerosis múltiple y otras enfermedades complejas. Sin embargo, su elevado costo ha representado una de las principales barreras para los sistemas de salud.
En ese contexto, los biosimilares surgen como una alternativa capaz de introducir competencia en mercados dominados históricamente por medicamentos innovadores de alto precio.
A diferencia de los medicamentos genéricos, los biosimilares no son copias exactas, debido a que se producen a partir de organismos vivos y requieren procesos biotecnológicos sofisticados.
“Son estructuras proteicas, y por su naturaleza, nunca serán exactamente iguales lote a lote. Sin embargo, deben mantenerse dentro de rangos estrictos de biosimilitud que aseguran su desempeño clínico”, detalló la especialista.
El desarrollo de un biosimilar inicia una vez el medicamento innovador pierde su patente. A partir de ese momento, laboratorios farmacéuticos invierten en recrear moléculas altamente similares mediante plataformas biotecnológicas complejas.
Según Torres, la mayor inversión se concentra en la fase analítica y en el desarrollo inicial de la molécula, lo que exige infraestructura tecnológica avanzada y controles estrictos.
“El mayor esfuerzo está en la fase analítica, donde se construye la molécula con precisión. No es un proceso sencillo ni económico, y requiere tecnología avanzada y controles estrictos”, afirmó.
Los productos deben ser aprobados por entidades regulatorias internacionales como la Agencia Europea de Medicamentos y la FDA de Estados Unidos, además de permanecer bajo monitoreo constante mediante procesos de farmacovigilancia y trazabilidad.