Crédito en Panamá: entre el consumo y la inversión productiva

  • 31/08/2026 00:00
La respuesta no se encuentra solamente del lado de los bancos, debe existir una persona o empresa dispuesta a asumir el préstamo y con capacidad para pagarlo. Las decisiones de inversión dependen de la demanda esperada, la rentabilidad, los costos, las tasas de interés, la seguridad jurídica y las expectativas económicas

Cuando se analiza el desempeño de la economía panameña, la atención suele centrarse en el crecimiento del Producto Interno Bruto, el comportamiento del empleo o la evolución de los precios. Hay otro indicador que merece igual atención: el crédito. Saber cuánto están prestando los bancos es importante, pero resulta todavía más revelador saber hacia dónde se dirige ese dinero. No produce el mismo efecto económico financiar el consumo que destinar recursos a maquinaria, inventarios, construcción, vivienda o ampliación de empresas.

Las cifras de 2026 presentan un escenario interesante. La economía panameña creció 4.8% durante el primer trimestre respecto al mismo período del año anterior. El PIB alcanzó $22.550,7 millones, un aumento de $1.032,2 millones.

Según el Informe de Actividad Bancaria de junio de 2026 de la Superintendencia de Bancos de Panamá, la cartera crediticia local bruta del Sistema Bancario Nacional alcanzó los $65,592.7 millones. Esto representó un crecimiento interanual del 1.26%. Dentro de esa cartera, el financiamiento destinado al sector privado aumentó un 0.58% mientras que el crédito al sector público creció un 19.39%.

No sería correcto comparar directamente el crecimiento del PIB de 4.8% con el aumento de 1.26% de la cartera crediticia y concluir que existe una brecha. Son indicadores distintos, medidos para períodos diferentes. Sí permiten observar cómo se comporta el financiamiento mientras la actividad económica avanza.

A junio de 2026 el crédito destinado al consumo personal registró un crecimiento interanual de 5.83% y alcanzó $15.383,9 millones. La cartera hipotecaria aumentó 1.50% y llegó a $21,614 millones. En contraste, los saldos destinados a la construcción disminuyeron 10.20% mientras que los créditos dirigidos a la industria se redujeron 13.79%.

El consumo es una pieza fundamental de cualquier economía. Una persona que utiliza financiamiento para adquirir un automóvil o equipar su vivienda genera demanda que se traslada al comercio y otras actividades. Tampoco debe interpretarse automáticamente el aumento del crédito personal como una señal negativa. Las familias utilizan el financiamiento para distribuir gastos en el tiempo.

El crecimiento sostenido necesita consumidores, pero también inversión. Una empresa requiere recursos para comprar equipos, aumentar inventarios o ampliar instalaciones. Cuando esas inversiones son viables pueden elevar la producción, generar empleos y crear demanda para otras empresas. Por eso importa conocer cuánto crédito existe y qué estamos financiando con él.

Junio dejó una señal que merece seguimiento. Los nuevos créditos otorgados durante el mes alcanzaron $2.859,6 millones, unos $874,7 millones más que en junio de 2025. El incremento interanual fue de 44.07% y representó el nivel mensual más alto de la serie disponible desde 2012.

Es una variación considerable, pero el resultado de un solo mes no permite establecer una tendencia.

Cuando se amplía la mirada al primer semestre, el comportamiento es mucho más moderado. Entre enero y junio de 2026 los créditos nuevos sumaron $13,149.3 millones, apenas 0.70% más que durante el mismo período del año anterior. Hasta mayo el acumulado registraba una contracción de 7.08%. El fuerte resultado de junio permitió revertirla.

Las nuevas colocaciones destinadas al sector privado aumentaron 3.13% y alcanzaron $12,005.7 millones. Representaron el 91.3% del total originado. Los próximos meses mostrarán si junio inició una recuperación más amplia o respondió a operaciones concentradas en un período particular.

Construcción y vivienda ofrecen un ejemplo claro. Durante junio las nuevas colocaciones hipotecarias alcanzaron $157,5 millones, un aumento interanual de 34.3%. Los nuevos créditos destinados a la construcción llegaron a $208.4 millones y crecieron 37.1%. En conjunto representaron $365,9 millones frente a $269,3 millones en junio de 2025.

A pesar de ese repunte mensual, las colocaciones hipotecarias acumuladas entre enero y junio disminuyeron 12.37% mientras que las destinadas a construcción se redujeron 14.9%. El resultado favorable de junio moderó esas contracciones, pero todavía no fue suficiente para compensar el comportamiento de los meses anteriores.

Hay otra pregunta que merece atención: si el sistema bancario dispone de recursos, ¿qué determina que esos fondos se convertirán o no en crédito para el sector privado?

La respuesta no se encuentra solamente del lado de los bancos. Debe existir una persona o empresa dispuesta a asumir el préstamo y con capacidad para pagarlo. Las decisiones de inversión dependen de la demanda esperada, la rentabilidad, los costos, las tasas de interés, la seguridad jurídica y las expectativas económicas.

El Centro Bancario Internacional registró depósitos por $121,866 millones al cierre de junio de 2026, con un crecimiento interanual de 7.69%. Los depósitos de particulares aumentaron 9.13% y alcanzaron $97.257,9 millones. Estos representaron el 79.8% de las captaciones y explicaron aproximadamente el 93.5% del crecimiento total de los depósitos.

La expansión de los depósitos fue superior al crecimiento de la cartera crediticia neta. Como resultado, la relación entre cartera neta y depósitos disminuyó de 88.1% a 84.9%. Esto amplió la holgura relativa de fondeo del sistema para respaldar la intermediación y atender sus necesidades de liquidez.

Parte importante del dinamismo crediticio está ocurriendo fuera del mercado doméstico. La cartera externa neta del Centro Bancario Internacional creció 7.91% y alcanzó $39.729,1 millones. Este componente explicó alrededor del 77% del incremento interanual de la cartera crediticia neta del CBI.

Esto no significa que los bancos deban reducir sus operaciones internacionales ni asumir riesgos innecesarios. Panamá posee una plataforma bancaria internacional que forma parte de su modelo de servicios. El reto está en crear proyectos nacionales viables para que la disponibilidad financiera pueda traducirse en inversión interna.

Para el ciudadano esta discusión tiene consecuencias concretas. Cuando una empresa obtiene financiamiento puede contratar trabajadores y comprar bienes y servicios. Un proyecto de vivienda moviliza construcción, materiales, transporte y comercio. La maquinaria puede aumentar la productividad. El capital de trabajo permite adquirir inventarios, pagar proveedores y mantener una empresa operando.

También debe existir prudencia. En junio de 2026 la cartera morosa y vencida del Centro Bancario Internacional se situó en $3.757,8 millones y representó el 3.55% de su cartera total. El monto se mantuvo prácticamente estable frente a los $3,752.9 millones registrados en junio de 2025 mientras su incidencia disminuyó desde 3.69%.

Este indicador no debe confundirse con la calidad de la cartera local bruta del Sistema Bancario Nacional. En esa cartera la incidencia conjunta de los créditos morosos y vencidos fue aproximadamente 5.4% en junio de 2026 frente a cerca de 5.5% un año antes.

La expansión del crédito no puede convertirse en un objetivo por sí mismo. Prestar más sin considerar la capacidad de pago de hogares y empresas podría terminar debilitando el sistema financiero y afectando el crecimiento que se busca promover. La calidad del crédito importa tanto como su cantidad.

Panamá no necesita simplemente más deuda. Necesita financiamiento que acompañe el consumo responsable y que al mismo tiempo permita invertir, producir, construir, innovar y generar empleo. Necesita empresas con proyectos capaces de acceder a recursos y condiciones económicas que hagan atractiva la decisión de invertir.

El desafío no es promover crédito a cualquier costo. Es lograr que un sistema financiero con capacidad para movilizar millas de millones se encuentre dentro de la economía proyectos viables, empresas dispuestas a invertir y hogares con capacidad de pago. Cuando el crédito se convierte en inversión, productividad y empleo deja de ser solamente una cifra bancaria y pasa a formar parte de la construcción del crecimiento futuro del país.

La expansión del crédito no puede convertirse en un objetivo por sí mismo. Prestar más sin considerar la capacidad de pago de hogares y empresas podría terminar debilitando el sistema financiero y afectando el crecimiento que se busca promover. La calidad del crédito importa tanto como su cantidad.
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