La jefa de gabinete del MEF defiende la urgencia del proyecto de ley de sustancia económica. Explica cómo esta normativa busca modernizar el sistema fiscal...
- 11/01/2015 01:00
La crisis económica europea se niega a desaparecer suavemente en la noche. Al iniciar 2015, Europa representa ‘la mayor amenaza económica’ para la frágil recuperación global, tal como lo expresa la revista The Economist. Pocos cuestionarían esa aseveración. Hay dos grandes problemas.
El primero (ya lo adivinaron) es Grecia. El hecho de que el parlamento no pudiera elegir a un nuevo presidente desencadenó una elección, en la que el partido de izquierda, Syriza, lleva la delantera en las encuestas. Su programa radica en repudiar muchas de las medidas de austeridad adoptadas como condiciones para los masivos rescates proporcionados por otros miembros de la zona del euro (los 19 países que utilizan esa moneda) y el Fondo Monetario Internacional.
El peligro reside en que Grecia y sus acreedores no lleguen a un acuerdo. Grecia se iría de la eurozona y adoptaría su propia moneda. El cambio sería perturbador y causaría temor de que otros países deudores (Portugal, España, Italia) se vieran obligados a seguirla. El malestar, entonces, se intensificaría, cuando se rescribieran los contratos y se cuestionara la estabilidad de las nuevas monedas nacionales.
Es cierto, muchos economistas e inversores profesionales no consideran que este fatídico resultado sea probable. Una defensa es la creencia de que el Banco Central Europeo (BCE)--la reserva Federal de Europa--compraría los bonos de los países deudores afectados, si se encontraran bajo un feroz ataque. Pero la promesa no ha sido puesta a prueba y podría resultar inadecuada si los hechos se descontrolaran.
Lo que podría suceder, ya que Grecia simboliza la desilusión generalizada con las medidas de austeridad.(La austeridad en general requiere medidas para reducir el déficit presupuestario mediante una disminución de gastos y aumento de impuestos). El desempleo promedió un 11.5% en noviembre para la zona del euro, pero fue mayor en los países de alta deuda: un 25.7% en Grecia (en septiembre, el mes más reciente de datos disponibles), un 23.9% en España, un 13.4% en Italia y un 13.9% en Portugal. Francia tuvo un 10.3% y Alemania, un 5 %.
El segundo problema de la zona del euro es el magro crecimiento económico. La manera más fácil de que un país pague los intereses de sus deudas es generar ingresos que se eleven rápidamente, con los cuales puedan efectuarse los pagos de las deudas. Pero desde 2008, la zona del euro ha experimentado dos recesiones. El crecimiento económico en todo el período ha sido prácticamente inexistente. El estancamiento económico ha conducido ahora a la caída de los precios --una deflación--.
Como resultado, la deuda gubernamental para muchos países ha continuado elevándose, aunque los déficits anuales han disminuido. La solución es acelerar el crecimiento económico, pero no está claro cómo puede hacérselo, o si se lo hará. En un informe reciente, economistas del Peterson Institute for International Economics de Washington criticaron a los líderes europeos por ser demasiado tímidos para estimular el crecimiento económico. El informe hizo tres propuestas principales:
El BCE debe facilitar el crédito enérgicamente, comprando bonos gubernamentales y del sector privado (Este enfoque se conoce como ‘facilitación cuantitativa’, QE por sus siglas en inglés, o programa de compra de activos y fue empleado por la Reserva Federal).
Los países con déficits presupuestarios pequeños o con excedentes deben promulgar programas de estímulo equivalentes a por lo menos 0.5% de su economía. Alemania, que tiene la mayor economía de Europa y la más saludable, sería el más afectado.
Los países deben aumentar su flexibilidad económica facilitando la contratación y el despido de operarios. (En muchos países, las restricciones para despedir a los trabajadores permanentemente desalientan a las empresas para contratarlos.)
Se espera que el BCE lance un QE de gran escala. La idea es que la compra de bonos dejará a los inversores con efectivo que, dedicado a otros valores, reducirá las tasas de interés o elevará los precios. Pero las tasas de interés ya son bajas (la tasa de un bono francés de 10 años es menos de un 1%), y un estudio de 32 países por el Financial Times halló escepticismo de que el QE fuera a funcionar como se espera.
Déficits mayores en los países más fuertes podrían reforzar los gastos, pero sería controvertido; a Alemania especialmente le desagradan los déficits. Aunque relajar las restricciones para despedir a los trabajadores podría ayudar a algunos países a largo plazo, hasta los economistas de Peterson conceden que, inicialmente, podría aumentar el desempleo. The Economist insta a que se haga ‘algo radical’: gastos de infraestructura de unos $400 mil millones y generosa compra de bonos por el BCE.
Con una población que envejece y estados de bienestar social generosos, Europa está atrapada en una trampa de altas deudas y crecimiento económico lento. El fantasma final es que se anulen algunas deudas --incumplimiento de pagos--. Pero eso crearía otros problemas desestabilizantes. Europa se las ha arreglado en sus crisis anteriores y quizás vuelva a hacerlo. Pero si los problemas subyacentes no se arreglan, sus penurias perseguirán a la economía mundial.
THE WASHINGTON POST