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- 05/03/2026 00:00
La más reciente Encuesta de Mercado Laboral, que abarca el periodo entre octubre de 2024 y septiembre de 2025, revela un panorama de claroscuros para la economía panameña. Si bien el país logró un hito al alcanzar 1,968,748 personas ocupadas —un incremento de 27,547 trabajadores (1.4 %) respecto al periodo anterior—, este crecimiento no fue suficiente para contener el alza del desempleo.
La tasa de desocupación nacional escaló de 9.7 % en 2024 a 10.4 % en 2025, afectando a 227,302 personas en el último año analizado, un incremento que los especialistas coinciden en calificar como un reflejo del rezago de crisis previas y cambios estructurales en la economía.
Para el economista Eric Molino Ferrer, es imperativo ponerle “cara” a estas cifras. El especialista destaca que el aumento ha sido progresivo (pasando de 7.4 % en 2023 a 10.4% en 2025) y tiene un marcado sesgo de género: mientras el desempleo masculino es del 8.1 %, el femenino se dispara al 13.2 %.
“Cuando queremos personificar el desempleo, estamos hablando de una mujer, especialmente de mujeres jóvenes que históricamente han estado sobrerrepresentadas en la desocupación”, explica Molino Ferrer, subrayando que este es un aspecto social crítico que debe atenderse con urgencia.
Un punto de convergencia entre los analistas es la preocupación por la calidad del empleo. El economista Adolfo Quintero advierte que la cifra de ocupación puede ser engañosa, ya que incluye a personas que trabajan pocas horas al día o que se refugian en el trabajo por cuenta propia ante la falta de plazas formales.
En este sentido, Molino Ferrer recuerda que, a falta de desgloses actualizados, la última cifra de informalidad rondaba el 49.3 %, sugiriendo que gran parte del crecimiento reportado podría estar concentrado en el sector informal, lo cual no es el objetivo de una política pública saludable.
El consultor laboral René Quevedo y Molino coincide en que el cese de la actividad minera y la incertidumbre en la construcción han dejado una huella profunda. Quevedo señala que el cierre minero y la pérdida del grado de inversión eliminaron 125,010 empleos y drenaron $60 millones mensuales en masa salarial.
Quevedo detalló que esto ocasionó una fuerte contracción del consumo en la primera mitad del 2025. Las recaudaciones del Impuesto de Transferencia de Bienes Muebles y Servicios (ITBMS), dijo, se redujeron en 11 % versus 2024, indicativo de una disminución de $128 millones mensuales de consumo a nivel nacional, 47 % de la cual fue directamente atribuible a la pérdida de empleo formal en Panamá y Panamá Oeste, a lo cual se agregó una mayor austeridad en el gasto discrecional en esas provincias.
Por su parte, Molino Ferrer añade que el impacto indirecto en el comercio local fue masivo, dejando de circular cerca de $900 millones anuales en bienes y servicios, un efecto de rezago que aún golpea la recaudación tributaria y el consumo.
En el sector logístico, aunque ha habido crecimiento, este ha provenido principalmente del movimiento de carga en el Canal, una actividad que, según Molino, “no conlleva necesariamente nuevos empleos”.
Además, agrega que la construcción se vio afectada durante gran parte del año pasado por la incertidumbre sobre la renovación del interés preferencial, lo que paralizó proyectos, especialmente en el interior del país.
A pesar de los desafíos, el consultor laboral destaca que el segundo semestre de 2025 mostró señales de mayor confianza: los financiamientos bancarios al sector productivo subieron un 9 % y el consumo mensual aumentó en $100 millones. Asimismo, el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral tramitó un 11 % más de contratos laborales, lo que sugiere una dinamización en las contrataciones.
“Aún con los factores externos que impactarán la generación de empleo (como el reciente conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán), hay síntomas de mejora en los niveles de confianza en el clima para la inversión privada, que comienzan a traducirse en una dinamización de las contrataciones laborales, tendencias que se estarán consolidando a lo largo del 2026”, recalca Quevedo.
Para consolidar esta tendencia, Quintero insiste en la necesidad de motivar la inversión privada mediante proyectos estratégicos como los puertos en Chiriquí y Bocas del Toro, y el ferrocarril.
Molino coincide en que proyectos como Río Indio, la construcción de nuevos puertos y una posible negociación beneficiosa en el tema minero podrían inyectar empleos de forma inmediata. “Primero viene la inversión y después el empleo; las señales de confianza que estamos mandando deben traducirse pronto en plazas de trabajo para que la gente sienta los efectos de la estrategia económica”, sostiene el economista.