He trabajado con organizaciones alrededor del mundo por más de cuarenta años y he sido estudiante de las grandes mentes que han estudiado las organizaciones. La mayoría de los movimientos culturales grandes, los que han construido grandes organizaciones que sostienen el crecimiento a largo plazo, prosperidad y contribución para el mundo comenzaron con la elección de una persona.
A veces esa persona era el líder formal, el “CEO” o presidente. A menudo comenzó con alguien más, un profesional, un gerente de línea, el asistente de alguien. Sin importar su posición, esta gente primero se cambió, ellos mismos de adentro hacia fuera. Su carácter, competencia, iniciativa y energía positiva, en fin, su autoridad moral inspiró y levantó a otros.
Ellos poseían un sentido anclado de identidad, descubrieron sus fortalezas y talentos, y los utilizaron para cumplir las necesidades y producir resultados. La gente se dio cuenta. Se les dio más responsabilidad. Ellos aumentaron la nueva responsabilidad y nuevamente produjeron resultados. Más y más gente se dio cuenta de lo sucedido. La gente en el tope quería aprender de sus ideas cómo ellos lograban tanto. La cultura fue atraída a su visión y a ellos.
La gente como esta no son chupados o halados hacia abajo por largo rato por toda la fuerza negativa, desmoralizante, insultantes en la organización.
Se convierten en una isla de excelencia en un mar de mediocridad. Y es contagioso. ¿De dónde consigue una persona tal fortaleza interna para nadar en contra de la corriente y soportar las provocaciones culturales negativas, subordinarse a intereses egoístas, y desarrollar y sostener tal visión y determinación?
Ellos aprenden de su naturaleza verdadera y sus dones. Los utilizan para desarrollar una visión de grandes cosas que quieren lograr. Con sabiduría ellos toman la iniciativa y cultivan un gran entendimiento de las necesidades y las oportunidades alrededor de ellos. Ellos cumplen esas necesidades que igualan a sus talentos únicos, que tocan sus altas motivaciones y que hacen una diferencia. En resumen, ellos encuentran y utilizan su voz. Ellos sirven e inspiran a otros.
Ellos aplican los PRINCIPIOS que gobiernan el crecimiento y la prosperidad en los seres humanos. Y en las organizaciones principios que atren lo más alto y mejor de la “persona integral”-cuerpo, mente, corazón y espíritu. De igual significado, ellos también escogen influenciar e inspirar a otros a encontrar su voz a través de estos principios también. Yo he llegado a creer con una convicción profunda que el liderazgo es una elección, no una posición.
Cuando usted tiene un liderazgo bueno, familias, negocios, escuelas, hospitales, comunidades y gobiernos florecen. Bajo un liderazgo pobre o mediocre, ninguna de estas entidades cumplen su potencial. El liderazgo, por lo tanto, es el negocio de todo el mundo.
Es el negocio de elección, de hacer que sucedan las cosas y de hacer una diferencia. Los seres humanos tienen el poder intrínseco y la libertad de hacer elecciones. Después de la vida en sí, el poder de hacer elecciones es nuestro mayor don precioso. Percibiéndose usted como una víctima, sin elección, es el factor que más inhibe para lograr lo que es más importante para usted. Nosotros evaluamos el desempeño de la gente en autoridad y los llamamos buenos y malos líderes. Es fácil y conveniente para explicar las situaciones y asignar la culpa cuando las cosas no funcionan como una función de las acciones y las elecciones de otra gente.
La gran meta es aumentar su poder y capacidad para liderar, para ayudar a escoger y ejercer influencia, sin importar su posición. Sea usted un trabajador de empresa industrial, un “CEO”, un gerente de nivel medio, un conserje, un empresario o un padre soltero, el liderazgo es una elección, no una posición.