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- 20/03/2012 01:00
WASHINGTON. La lucha por reactivar el mercado IPO representa el microcosmos de un debate mayor: ¿Están las regulaciones gubernamentales estrangulando la recuperación económica?
Las IPOs —siglas en inglés de ‘ofertas públicas iniciales’— ocupan un lugar especial en el folklore del capitalismo norteamericano. Somos, se dice, la nación más emprendedora del mundo.
La gente con nuevas ideas puede recaudar dinero, a menudo de capitalistas de riesgo, quienes pueden recuperar su inversión multiplicada, por medio de una IPO, si la empresa tiene éxito. Por ese camino han transitado Apple, Starbucks, Home Depot, Genentech y muchas otras. Pero si los inversores iniciales no pueden recuperar ese dinero, no invertirán en la siguiente vuelta de empresas incipientes.
En apariencia, el mercado de IPOs parece saludable. En 2011, Zynga, una empresa de juegos electrónicos, recaudó $1,000 millones de su IPO, y Groupon, la firma cibernética de cupones, obtuvo $700 millones. El Godzilla de las IPOs, Facebook —podría obtener $5,000 millones en la primavera.
Lamentablemente, las apariencias engañan. El mercado de IPOs ‘nunca se recuperó, realmente, del colapso de 2000’ que afectó a empresas nuevas de Internet, expresa el profesor de Harvard Business School, Josh Lerner, experto en capital de riesgo.
‘Hay algunos (éxitos) espectaculares —los YouTubes, Googles y Facebooks. Donde hay más escasez es en las empresas de nivel medio’. Entre 1985 y 2000, el número anual de IPOs promedió 154, informa la Asociación Nacional de Capital de Riesgo. En 2011, hubo 52.
CAPITALISTAS
Precisamente, sostienen los capitalistas de riesgo (VCs, siglas en inglés). Sólo los ganadores colosales pueden hacer IPOs con facilidad; muchas empresas exitosas más pequeñas, no pueden. Y las equivocadas regulaciones gubernamentales, expresan los VCs, son el principal motivo.
La Ley Sarbanes-Oxley es uno de los presuntos villanos. Promulgada en 2002, después de que los escándalos contables de Enron y WorldCom revelaran ganancias que no existían, Sarbanes-Oxley impuso nuevos y costosos requisitos de auditorías, para que los altos gerentes y contadores externos pudieran detectar con mayor facilidad errores y fraude. Pero los costos anuales agregados pueden exceder $3 millones, reduciendo las ganancias de una empresa nueva y el valor para sus inversores.
Consideremos una compañía con $5 millones en ganancias, que podría justificar un IPO de 20 veces sus ganancias —una venta de acciones de $100 millones.
Parte del dinero iría a los inversores, otra parte a la empresa para su expansión. Ahora supongamos que su coste anual por Sarbanes-Oxley es de $2 millones. Las ganancias descienden a $3 millones y el nuevo valor de la empresa con la misma multiplicación es sólo de $60 millones. El atractivo de la empresa para los inversores se reduce; así como también el reembolso para los VCs. Se puede sostener que la menguante capacidad para recaudar capital nuevo debilita las innovaciones.
¿REGULACIÓN O DESREGULACIÓN?
La amenaza no es enteramente hipotética. El economista Peter Iliev, de Pennsylvania State University, estudió 301 empresa pequeñas que se cotizan en bolsa. Aunque las empresas eran aproximadamente del mismo tamaño, algunas se veían sometidas a la ley Sarbanes-Oxley y otras no (existía una exención basada en el valor de mercado de las firmas).