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- 14/11/2008 01:00
EL PAÍS.
Los supervisores quieren poner luz y taquígrafos en los mercados OTC (over the counter), los mercados privados donde proliferan los productos de inversión derivados de la ingeniería financiera, que constituyen el germen de la crisis financiera mundial.
Todos quieren participar en la cumbre que se celebrará en Washington el próximo sábado y que representará la clave de bóveda del nuevo orden financiero internacional. El comité internacional de supervisores Iosco, cuyos miembros regulan el 95% de los mercados de capitales del mundo, ha enviado una carta abierta a los miembros del G-20 en la que propone como acción urgente la regulación de los mercados OTC, que pasarían así a estar dentro de la órbita de control de Iosco.
Los mercados OTC funcionan mediante acuerdos privados entre comprador y vendedor. Carecen, por tanto, de contraparte que garantice la liquidez y permanecen ajenas a la actividad supervisora de entidades públicas como la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). En estos mercados han proliferado productos derivados alternativos a las herramientas tradicionales de inversión, que han propiciado grandes rentabilidades, pero que a falta de una adecuada supervisión han degenerado en un problema de proporciones mundiales y están detrás de la restricción global de crédito que amenaza ahora la economía.
Iosco reclama más coordinación a escala internacional, pero con un apoyo gubernamental visible.
Lo que Iosco busca es que sus principios de regulación sean adoptados de forma universal, 'incluso aunque se requieran modificaciones en la legislación'. Estos principios fueron establecidos en 1998, se reforzaron en 2002 con el memorándum Iosco MOU y se actualizan cada año.
La línea de trabajo de los supervisores pasa por cuatro puntos: fijación de estándares internacionales de información financiera que las compañías cotizadas deben remitir a las autoridades nacionales; fortalecer la confianza de los inversores a través de 'la cooperación transfronteriza en la supervisión y analizando las cuestiones suscitadas por las ventas abusivas a corto en la actual situación'; impulsar la transparencia y el desglose de información de todos los productos y financieros, y, por último, establecer normas globales para las agencias de rating, cuya actuación ha quedado en entredicho en la presente crisis.
La actividad en derivados para cobertura de impagos, los llamados Credit Default Swaps (CDS) cayó un 1% en el primer semestre del año, según los datos divulgados por el Banco Internacional de Pagos (BIS, en sus siglas en inglés). Es la primera vez que este segmento se contrae desde que se recogen estadísticas.
El volumen global de CDS ascendió a 57 mil 325 billones de dólares, frente a los 57 mil 894 millones con los que había cerrado 2007.