‘La tarjeta amarilla de la UE a Panamá es una oportunidad para seguir fortaleciéndose y mejorando’: Javier Villanueva, de la FAO

  • 30/07/2026 00:00
En entrevista exclusiva con ‘La Estrella de Panamá’, el oficial Principal de Pesca y Acuicultura del organismo para América Latina y el Caribe, matizó el control pesquero en Panamá y defendió los avances del centro de monitoreo nacional frente al reto de la Unión Europea

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La “tarjeta amarilla” impuesta por la Unión Europea a Panamá (2019) debido a deficiencias en el control de la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) representa, desde la visión de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), como un canal de perfeccionamiento institucional.

De acuerdo con Javier Villanueva, oficial Principal de Pesca y Acuicultura del organismo para América Latina y el Caribe, “el caso de la tarjeta amarilla de Panamá yo lo veo como una oportunidad para el país para seguir fortaleciéndose y mejorando”, ponderando el desarrollo del centro de monitoreo satelital nacional frente a los desafíos globales de fiscalización.

Sin embargo, el optimismo técnico del organismo internacional contrasta con la realidad operativa del sector en el ámbito local. Investigaciones periodísticas recientes de La Estrella de Panamá evidenciaron que el 66 % de la flota palangrera carece de dispositivos de seguimiento VMS y alertaron sobre la existencia de naves con equipo mecanizado clasificadas como de “pequeña escala”, lo que impide su debida fiscalización. Ante estos hallazgos, la Autoridad de los Recursos Pesqueros de Panamá (ARAP) argumentó que el país atraviesa un “proceso en curso de fortalecimiento del sistema de ordenación pesquera” e informó que el porcentaje de embarcaciones monitoreadas pasó del 14% registrado a julio de 2025 al 34 % actual, en medio de un proceso de reclasificación y adecuación normativa.

En este contexto de contrastes entre la regulación internacional y los retos en aguas nacionales, Villanueva profundizó el diálogo sobre el panorama de la pesca sostenible en Panamá y la región, en esta entrevista exclusiva con este medio, en la coyuntura de un taller regional de expertos en pesca, celebrado en Panamá esta semana, para analizar los retos del sector y buscar movilizar recursos.

¿Cuáles son los temas principales que se están abordando en este taller?

Tenemos reunido a un grupo de expertos de diferentes países de la región —tanto de Sudamérica como de Centroamérica y algunos de más al norte— donde se están discutiendo retos y oportunidades para lograr una pesca sostenible. Como sabemos, la sostenibilidad pesquera no implica únicamente establecer medidas de ordenamiento, sino también considerar otros factores que afectan nuestra ordenación, tales como el cambio climático, la recolección de datos y la participación de los usuarios en las distintas medidas. Estamos aquí con diversos especialistas para compartir buenas experiencias, conocer modelos exitosos implementados en algunos países y, de esta manera, seguir fortaleciendo la pesca sostenible.

Menciona que existen desafíos. Desde la perspectiva de la FAO, de manera general, ¿cómo evalúa las capacidades de la región y, en particular, las de Panamá para lograr una pesca sostenible?

De manera general, la región cuenta con muchas capacidades, pero observamos que a menudo se encuentran aisladas o requieren concretarse y materializarse. Las capacidades existen y los datos para tomar decisiones están disponibles, aunque a veces estos datos necesitan cierto procesamiento para ser depurados y resultar más útiles.

En el caso de Panamá, persisten muchos retos, pero también hay bastantes capacidades ya instaladas. Se ha trabajado intensamente en los últimos años para avanzar hacia la pesca sostenible y creo que, en este momento, Panamá podrá obtener mejores ideas para seguir ejecutando acciones, como la mejora en la recolección de datos para interpretar de forma óptima las pesquerías.

Un ejemplo de esto es que cuando realizamos una ordenación pesquera o una evaluación de stocks, en la FAO clasificamos los datos en tres grupos. El 1 contiene datos finos, de buena calidad y fáciles de analizar; el 2 abarca datos medianamente buenos para su comprensión; y el 3 corresponde a datos limitados. Muchas pesquerías, especialmente las vinculadas a la pesca artesanal, se ubican en los niveles 2 o 3. Sin embargo, con el intercambio de experiencias de otros países, buscamos brindar asistencia técnica a las naciones presentes para que mejoren progresivamente y sus medidas de ordenamiento reflejen con mayor precisión la realidad del entorno. Esto incluye no solo la abundancia de las poblaciones, sino también externalidades como el cambio climático, permitiendo diseñar medidas adaptables que generen mejores beneficios para los medios de vida de quienes dependen de esta actividad.

¿Cuál considera es el principal obstáculo actual para la región y para Panamá?

Diría que el cambio climático es uno de los principales. Atravesamos un año muy particular con un fenómeno de El Niño bastante fuerte a diferencia de períodos anteriores, sobre el cual muchos expertos han expresado preocupación, pero también han compartido experiencias valiosas en manejo y adaptación.

Otro gran reto es la lucha contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. Este es un tema central de discusión y análisis para definir estrategias que permitan construir una cultura de cumplimiento. A menudo, la pesca ilegal ocurre por desconocimiento del pescador o por falta de medios para cumplir con las normas de ordenamiento. Por ello, abordamos estos temas para intercambiar vivencias y asegurar una pesca sostenible a futuro.

Ampliando sobre la tarjeta amarilla y el seguimiento a las naves, ¿cómo valora técnicamente los avances del país y las capacidades del centro de monitoreo satelital panameño?

Desde que tengo la oportunidad de trabajar con Panamá, he presenciado avances significativos. El centro de monitoreo satelital panameño es un claro ejemplo: hace unos años no contaba con la potencia ni la capacidad analítica que posee hoy para monitorear las embarcaciones. Como es sabido, Panamá administra una de las flotas más grandes a nivel mundial —no solo en buques pesqueros, sino también de apoyo a la pesca— y, como en cualquier lugar, existen dificultades de control. Sin embargo, la cultura que se ha ido construyendo marca un buen rumbo y confiamos en que próximamente Panamá pueda ejercer esta función al 100 %.

En materia de regulación y actualización legislativa, ¿cómo se posiciona Panamá frente al resto de la región?

Panamá es uno de los países que en los últimos 5 a 10 años ha actualizado de manera continua sus leyes y reglamentos de pesca para asumir los nuevos retos. La pesca es una actividad sumamente dinámica a nivel global; cada año los recursos pesqueros muestran comportamientos distintos según su abundancia, fluctuaciones climáticas y diversas externalidades. Esto exige actualizar la legislación para mantenerla a la vanguardia. No debe ser una normativa estática, sino revisada periódicamente, y Panamá ha estado trabajando en esa dirección. Asimismo, dado que los recursos pesqueros son compartidos, existen reglamentaciones internacionales derivadas de acuerdos multilaterales. Un ejemplo son las directrices para el transbordo en alta mar, donde Panamá fue uno de los primeros países en adoptar estas guías voluntarias e incorporarlas a su legislación nacional.

¿De qué manera ha contribuido la FAO en el proceso de reglamentación de la ley de pesca en Panamá?

Se ha ido reglamentando progresivamente. Hay una amplia variedad de temas por normar y muchas lecciones aprendidas donde las regulaciones deben ajustarse según evolucione la actividad. Desde la FAO hemos brindado asistencia técnica directa a la Autoridad de los Recursos Pesqueros de Panamá (ARAP) para fortalecer su capacidad de detectar falencias o necesidades de actualización normativa, promoviendo así una legislación viva y atenta a las necesidades del sector.

¿Cuáles han sido las recomendaciones clave brindadas a la ARAP?

Nos hemos enfocado en apoyar la adopción oportuna de instrumentos internacionales para mantenerse a la vanguardia. Ahora bien, uno de los mayores desafíos es la implementación: a menudo se actualiza la ley, pero se requiere acompañar ese proceso con la capacitación del talento humano. A veces el ritmo de las acciones dificulta mantener ese equilibrio, pero se está haciendo un esfuerzo considerable.

A mediados de junio se presentó el informe del Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura ¿cuál es el panorama global actual de la sostenibilidad pesquera?

A nivel mundial podemos afirmar que hemos mejorado: la recolección de datos refleja que pasamos del 62 % al 64 % de poblaciones de peces en estado de sostenibilidad biológica. Este incremento de dos puntos porcentuales es una señal muy positiva y evidencia que una buena gobernanza y gestión pesquera generan resultados concretos.

¿Qué muestra la evidencia sobre la situación de la sobrepesca específicamente en América Latina?

América Latina ha mostrado mejoras. Esto se debe en gran medida a que, en el pasado, los análisis se limitaban a las pesquerías principales. Desde la FAO estamos ayudando a los países a recopilar mejores datos y aumentar sus capacidades de evaluación para incluir la totalidad de sus pesquerías, ya que existen interrelaciones entre ellas. Anteriormente, al evaluar solo las especies icónicas, se dejaba fuera la realidad global del ecosistema.

¿Cuáles son las especies que enfrentan mayor riesgo de sobreexplotación en la actualidad?

La mayoría de las grandes especies comerciales a nivel global cuentan con medidas de gestión, ordenamiento y recolección de datos muy sólidas. Más que señalar especies en riesgo, lo crucial es remarcar la necesidad de mantener y fortalecer la gobernanza; pesquerías que antes sufrieron declives hoy se han recuperado gracias a un manejo adecuado. En los casos donde se observan datos menos favorables, suele deberse a deficiencias en la recolección de información. Por ello, asistimos a los países para que migren del Nivel 3 de datos limitados hacia niveles superiores, obteniendo así información precisa para perfeccionar las medidas de manejo.

¿Qué países de la región registran los mayores niveles de sobreexplotación en sus pesquerías?

El análisis de la FAO se realiza a escala global dividiendo los océanos por zonas de pesca. Cada zona presenta un panorama distinto: en algunas, la pesca se concentra en 2 o 3 especies, mientras que en otras abarca entre 20 y 30. Debido a esta diversidad biológica y operativa, resulta difícil realizar comparaciones directas entre países.

¿Cuál es el verdadero impacto y aporte del sector pesquero a la economía y a la sociedad?

Es un aporte de gran magnitud que a menudo no se dimensiona en su totalidad, pues se suele asociar la pesca únicamente a la extracción y desembarque en puerto. Se tiende a omitir el valor de la industria de transformación, así como su rol estratégico en la seguridad alimentaria y en la aportación de nutrientes esenciales para la población.

En términos nutricionales, ¿qué valor aportan los productos pesqueros a la alimentación humana?

Los productos del mar son ricos en proteínas de alto valor biológico, aminoácidos esenciales y vitaminas, por lo que son considerados superalimentos. Aunque los valores varían según la especie, está demostrado que los productos pesqueros se posicionan en el rango más alto de alimentos nutritivos.

¿Qué países participan en este encuentro regional en Panamá y qué resultados se esperan obtener?

Participan países con capacidades científicas consolidadas en sus institutos de investigación —especialmente del Cono Sur, como Argentina, Chile y Perú— que tienen la disposición de compartir conocimientos y capacitar a los países de Centroamérica, donde existen mayores brechas técnicas. Esperamos acordar líneas de acción conjuntas para avanzar alineados hacia el mismo objetivo.

¿Estas acciones están dirigidas exclusivamente a América Latina?

Sí, están enfocadas en América Latina.

Perfil

Javier Villanueva, oficial Principal de Pesca y Acuicultura de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para América Latina y el Caribe.

Es un profesional con una maestría en Gestión Pública Aplicada y una licenciatura en administración de recursos naturales.
Cuenta con más de 15 años de experiencia en el sector de la pesca, la que incluye experiencia a nivel local, nacional, regional y global en política pesquera, sostenibilidad de la pesca, combate a la Pesca Ilegal, No Declarada y No Reglamentada, pesca en pequeña escala y/o artesanal, y la adopción de instrumentos internacionales (acuerdos, directrices voluntarias, herramientas complementarias, etc.).
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