Minería inclusiva: el motor femenino tras los minerales críticos del futuro

  • 24/04/2026 00:00
Más allá de los yacimientos, la inclusión femenina en la minería formal se traduce en autonomía económica y reducción de la pobreza en las regiones extractivas. Con ingresos que duplican el promedio regional, las mujeres no solo operan los minerales del futuro, sino que dinamizan el encadenamiento productivo y el bienestar de las comunidades en América Latina

Bajo el sol inclemente de las regiones mineras de América Latina, el paisaje está cambiando. Ya no solo son los cascos y el estruendo de los camiones de extracción los que definen la jornada; es una transformación silenciosa, pero profunda, en la composición de su fuerza laboral.

“La mayor presencia femenina en la minería ya no es una excepción, sino parte de una transformación estructural impulsada por políticas públicas, compromisos empresariales y una nueva visión sobre el talento en el sector.

Lo que antes era un terreno vedado por mitos y leyes restrictivas —pese a los desafíos pendientes— hoy se convierte en el escenario de una revolución liderada por mujeres que operan desde maquinaria pesada hasta centros de monitoreo digital de alta tecnología.

“Yo directamente no vengo de una empresa minera, vengo de una empresa que prestaba servicios a la industria minera, trabajo en maquinaria pesada, en una compañía con 2,000 equipos de maquinaria pesada, atendiendo este sector...”, afirmó Cheryl Watemberg, máster en Administración, diplomada en gestión estratégica minería y consultora internacional con 25 años liderando buenas prácticas en compañías multinacionales del sector con enfoque en ASG (Ambiente, Social y Gobernanza).

Watemberg, fundadora y miembro del Consejo Directivo de Women in Mining Colombia, fue reconocida en 2022 como una de las 100 mujeres más inspiradoras e influyentes de la minería mundial (WIM100). Su trayectoria es testimonio de un cambio cultural que permea no solo los yacimientos, sino las economías locales de ciudades como Barranquilla, dinamizando todo el encadenamiento productivo.

El impacto de esta industria no es un evento aislado dentro de la mina. Watemberg, parte de la creciente fuerza laboral femenina en la industria, sostiene con claridad que la minería dinamiza la economía de un país entero. Un ejemplo contundente se observa en el departamento del César, Colombia: en 1994, los índices de necesidades básicas insatisfechas en municipios como La Loma y La Jagua de Ibirico rondaban el 30%. Treinta años después, tras la actividad minera, ese número ha caído a un solo dígito. “Son niños con oportunidades, son padres, son madres y sobre todo son mujeres, cabezas de familia, que tienen la posibilidad de enrolarse en compañías con empleo formal, con contratos a largo plazo”, explicó.

Estas mujeres acceden a empleos que, a nivel mundial, representan ingresos entre dos y cuatro veces superiores a lo que podrían aspirar en sus territorios con carreras técnicas no asociadas a la industria.

Históricamente, el camino fue bloqueado por barreras invisibles y tangibles. “En mis primeros intentos de ingresar a una mina me decían, es que si tú entras la veta se esconde. Mitos: que la madre naturaleza esconde la veta”, recordó Watemberg.

Sin embargo, el obstáculo no era solo cultural; el código sustantivo de trabajo en muchos países prohibía explícitamente el ingreso de mujeres a operaciones subterráneas. Hoy, la conversación ha madurado. En Colombia, la tasa de participación femenina ha pasado del 5% hace quince años a niveles cercanos al 15% o 17%, con un notable 12% en áreas críticas de operación, producción y mantenimiento.

La minería moderna ha dejado de ser la actividad precaria del siglo XVII para convertirse en un sector de alta estandarización internacional. Las carreras STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) son ahora el requisito fundamental, y son precisamente las mujeres quienes están liderando los promedios en estas disciplinas. “Estamos hablando de que una mujer embarazada puede estar en una cabina remota aquí, operando dos tractores allá”, señaló Watemberg, resaltando que la autonomía, la digitalización y la electrificación han eliminado las limitaciones físicas de antaño.

Minerales críticos y equidad

Este cambio cobra una urgencia global en el contexto de la transición energética. Según el reporte “¿Se quedarán rezagadas las mujeres en la carrera por los minerales estratégicos? Lecciones de América Latina”, publicado en marzo de 2026 por ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el cobre, el litio, el cobalto y el níquel son los activos estratégicos del siglo XXI. América Latina, que produce más del 40% del cobre mundial y un tercio del litio, tiene ante sí una oportunidad de desarrollo sin precedentes.

Luz María de la Mora, directora de la división de comercio internacional de UNCTAD, subraya que aprovechar esta riqueza depende de marcos de gobernanza que integren la inclusión en las estrategias industriales desde el inicio.

A nivel mundial, las mujeres representan solo el 14% de la fuerza laboral minera industrial, pero el panorama en el Cono Sur ofrece datos esperanzadores.

En Chile, la minería vive un recambio generacional profundo. Según el estudio de CCM-Eleva, la Generación Z es la que muestra la menor brecha de género: el 44.9% son mujeres, frente al escaso 8.5% que se registraba entre los Baby Boomers.

En una publicación del Portal Minero, el 9 de marzo, Darling Carrasco, especialista en Diseño de Rutas para Operación Autónoma de Escondida en BHP, destaca que hoy cuentan con más de 1,700 trabajadoras en distintos roles: “Cada vez es más común ver mujeres liderando equipos y tomando decisiones importantes”.

El informe 2024 sobre la representación de la mujer en el sector minero en Chile, que abarca el 97.2% de la producción de cobre nacional, arroja hallazgos clave:

Salto en operaciones: La participación en funciones de producción se duplicó de un 6% en 2020 a un 13% en 2024.
Alta dirección: La representación femenina en cargos gerenciales y de jefatura subió del 12% al 17% en solo un año.
Fuerza laboral joven: El 27.2% de las mujeres en el sector tiene menos de 30 años, proyectando una integración sostenida.
Contratistas: En este segmento mayoritario, la presencia femenina aumentó significativamente del 11,3% al 17.3%.

Sin embargo, persisten desafíos cualitativos. El “Estudio Mujer en Minería 2024” de Vantaz Group revela que el 72% de las mujeres percibe brechas salariales frente a sus colegas hombres, y el 71% considera que los varones aún tienen mejor acceso a roles de liderazgo. Esto evidencia la persistencia de un “techo de cristal” que la industria debe romper para garantizar una inclusión genuina.

La industria minera ha cruzado un umbral sin retorno. Superada la fase de captación de talento, el desafío se traslada ahora a la retención y a una metamorfosis cultural que cale en la raíz del sector.

La capacidad del sector para consolidar su liderazgo y asegurar su licencia social para operar en las próximas décadas dependerá de su habilidad para convertir la riqueza mineral en una oportunidad de crecimiento diversificado, resiliente e inclusivo para las mujeres de toda la región. “El mundo es diferente, las condiciones tecnológicas son diferentes” y el momento de construir en doble vía es ahora, concluyó Watemberg.

Cheryl Watemberg
Especialista en gestión estratégica minería y consultora internacional
En mis primeros intentos de ingresar a una mina me decían, es que si tú entras la veta se esconde. Mitos: que la madre naturaleza esconde la veta...Estamos hablando de que una mujer embarazada puede estar en una cabina remota aquí, operando dos tractores allá...”
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