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- 15/06/2009 02:00
ESPAÑA. Hace casi 100 años, Henry Ford, fundador de la compañía que tiene su nombre y padre de las modernas cadenas de producción en masa, dijo algo con mucho sentido común: “Tengo que pagar buenos sueldos a mis empleados para que puedan comprar mis automóviles”. Podía pagar buenos sueldos porque revolucionó la productividad de sus operarios mediante la fabricación en línea. Pero lo interesante es que tuvo la visión de darse cuenta de que, para la masificación en la venta de sus productos, él tenía el rol de mejorar la productividad de sus operarios para así poder pagarles mejor y que le pudieran comprar sus automóviles.
La falta de estos dos ingredientes, demanda y buena gestión, resume la indigestión que está removiendo las tripas de la industria mundial del automóvil, “la máquina que cambió el mundo”, en palabras del economista Michael Porter. El sector de las cuatro ruedas es hoy para muchos la siguiente burbuja en pincharse.
Un estudio del Parlamento Europeo sobre el impacto de la crisis en la industria del continente estima que en torno a un 70% de las compras de vehículos son a plazo. El cierre del grifo del crédito está detrás —junto al aumento del desempleo y a la falta de confianza— del desplome de la demanda, que en algunos mercados alcanzará el 50%.
“No hay industria que resista una caída de tal magnitud”, asegura Pedro Nueno, profesor del Iese experto en el sector.
El achicamiento de los tres gigantes de Detroit no es sólo el fin de una era, la de la opulencia de mediados del siglo pasado, según la describió Galbraith, cuando uno de cada dos norteamericanos conducía algún modelo de General Motors (GM). Es también el mejor de botón de muestra de mala gestión, defiende Nueno.
Empieza el baile de fusiones, con el patrocinio de muchos Estados. La consolidación se ha acelerado con la adquisición de Chrysler —que incluye también las marcas Jeep y Dodge— por parte del grupo de Turín y la venta de Opel —a la que aspiraba muy seriamente Fiat— al proveedor canadiense Magna, con la ayuda de capital ruso. A la italiana le quedan, como mínimo, otros dos si desempolvando su proyecto inicial de fusionarse con el grupo francés PSA Peugeot-Citroën. PSA se deja querer. El nuevo presidente del grupo francés, Phillipe Varin, afirma que la empresa está dispuesta a desarrollar alianzas externas con el fin de potenciar su actividad internacional. También BMW que no ha tenido más remedio firmar un pacto con su eterna rival, Mercedes, para unificar de momento compras de componentes.