Transformación digital: el muro invisible que frena a las empresas en la región

  • 05/11/2026 00:00
La inteligencia artificial y la automatización concentran cada vez más las inversiones empresariales, pero las estructuras rígidas, los procesos obsoletos y la resistencia al cambio siguen siendo barreras para acelerar la transformación digital

La transformación digital en el tejido empresarial latinoamericano ha dejado de ser una opción de vanguardia para convertirse en un imperativo de supervivencia. Sin embargo, el salto tecnológico convive hoy con una profunda paradoja: mientras los presupuestos y la intención de inversión se disparan hacia la inteligencia artificial, las organizaciones enfrentan un muro invisible compuesto por estructuras rígidas, procesos obsoletos y la resistencia humana al cambio.

Esta radiografía regional queda al descubierto al cruzar los hallazgos de la Encuesta Global sobre Compras Digitales 2026 de PwC, la experiencia en el terreno de Marcos Vélez, CEO de la multilatina Pragma —especializada en tecnología y transformación digital—, y las directrices del estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sobre transformación productiva (Transformación digital productiva. Análisis de políticas, estrategias e instrumentos para impulsarla en América Latina. Dic. 2025).

El salto de las compras corporativas

El área de compras y adquisiciones atraviesa el periodo más transformador de su historia. Según el informe de PwC publicado el pasado 27 de octubre de 2026, el desempeño financiero encabeza las prioridades estratégicas con un 59%, seguido de cerca por la transformación digital con un 46% y la gestión de relaciones con proveedores con un 32%.

El dato más disruptivo del estudio es la irrupción de la inteligencia artificial, que debuta con un 27% de peso en la agenda de los líderes de compras y se alza como el área de inversión prioritaria para los próximos tres años (47%). Le siguen la automatización de procesos (procure-to-pay) con un 43%, el seguimiento de ahorros (26%) y la gestión de contratos (26%).

Detrás de este apetito tecnológico se encuentra un motor ineludible: la búsqueda de eficiencia y simplificación de procesos, señalada por el 74% de los encuestados, por encima del ahorro directo en compras (46%). No obstante, el estudio expone una brecha crítica entre las expectativas y la realidad operativa. Aunque el 72% de las empresas reconoce que las herramientas digitales generan eficiencia, la mayoría opera con niveles limitados de automatización en las fases de identificación y contratación (S2C), concentrando sus avances únicamente en las transacciones de compra a pago (P2P).

En el plano de los ecosistemas, la colaboración con proveedores sigue siendo una tarea pendiente: solo el 8% de las organizaciones cuenta con una plataforma madura para todo su ecosistema, mientras que un 40% mantiene una implementación parcial y un 35% apenas ha identificado la oportunidad sin una solución visible.

El diagnóstico

Para Marcos Vélez, CEO de Pragma, la raíz de esta brecha entre la ambición digital y la realidad corporativa reside en la inercia interna de las empresas. En entrevista con La Estrella de Panamá, el ejecutivo explica que muchas organizaciones tradicionales están construidas con estructuras históricas tan rígidas que su velocidad operativa es extremadamente baja. Cuando el mercado y la sociedad evolucionan a un ritmo acelerado, a estas compañías les cuesta rediseñar sus procesos, construir nuevos servicios o competir con agilidad.

“A veces llegamos a empresas que se han movido más despacio en su propia transformación y son empresas a las que les cuesta servir distinto, a las que les cuesta transformar sus procesos, les cuesta construir nuevos servicios, les cuesta ofrecer nuevos productos, y se demoran mucho en esos tiempos. Organizaciones que desde su historia, por su origen y como están, si se quiere (decir) armadas por dentro, la velocidad en la que pueden mover es muy baja”, afirmó Vélez.

Esta lentitud estructural se agrava ante la llegada de la inteligencia artificial. Según Vélez, los principales frenos en la adopción no son presupuestarios ni técnicos, sino culturales: el desconocimiento sobre el alcance real de la tecnología y el miedo al reemplazo laboral. Mientras las cifras de PwC sitúan a un 31% de las empresas sin haber comenzado en la adopción de la IA y a apenas un 3% con una estrategia madura, Vélez subraya que el verdadero reto directivo consiste en “poner en blanco y negro lo que es verdad” y desmitificar la IA, transformándola de un temor infundado a un catalizador que potencie las capacidades humanas. “[...] Ahí creo que hay un reto grande de las organizaciones por entender de verdad esto (la IA) para qué le sirve, y la gente dentro de la organización perderle el miedo al reemplazo”, dijo Vélez.

Este esfuerzo por modernizar los modelos operativos no solo impacta la rentabilidad interna, sino que redefine sectores enteros como la banca y el retail (comercio minorista). Vélez destaca que la digitalización ha democratizado la inclusión financiera, abaratando los costos de transacción y permitiendo a las instituciones servir a bases más amplias de la población de manera marginalmente rentable. En mercados como el panameño —donde coexisten entidades con sofisticación de clase mundial junto a operaciones aún manuales, la presión competitiva obliga a una revisión continua.

En paralelo, la expansión tecnológica trae consigo vulnerabilidades en materia de ciberseguridad. Ante el incremento de vectores de ataque, el ecosistema empresarial ha madurado: las organizaciones han desarrollado capas de defensa robustas y una capacidad de respuesta organizada que permite contener los incidentes en espacios acotados, evitando las catástrofes sistémicas del pasado. El nivel técnico requerido en este proceso se refleja en reconocimientos globales como la certificación de Amazon Web Services (AWS) que ostenta Pragma, un estándar alcanzado por menos del 4% de sus socios a nivel mundial.

El rol ineludible del Estado y las políticas públicas

El panorama regional se completa con el análisis de la Cepal, elaborado por Alejandro Patiño, Sebastián Cabello, Diego Ros y Milagros Urtasun, el cual recalca que la digitalización ya no es opcional, sino una necesidad ineludible para mantener la competitividad del tejido productivo.

Una economía digitalizada optimiza procesos, reduce costos e impacto ambiental, y dinamiza la creación de empleo. Sin embargo, el organismo advierte que para que este proceso sea exitoso —especialmente en el segmento de las pymes— se requiere un ecosistema propicio. Por ello, la Cepal enfatiza que los gobiernos tienen la responsabilidad fundamental de diseñar políticas públicas e instrumentos que impulsen una transformación digital inclusiva, sostenible y alineada con los desafíos del desarrollo regional.

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