26 de Sep de 2022

Internacional

A veces pierden los casinos

Está claro que el objetivo del empresario que monta un casino es, como el que lo hace en cualquier otro sector, ganar dinero. Abrirse un...

Está claro que el objetivo del empresario que monta un casino es, como el que lo hace en cualquier otro sector, ganar dinero. Abrirse un pequeño hueco en el nicho de mercado elegido y hacer crecer sus emolumentos bancarios. En ocasiones se venden coches, comida, casas, ordenadores y en los casinos se vende suerte o, más bien, se trata de que no la tengan los jugadores.

Obviamente (sino no existirían) estadísticamente los casinos siempre ganan. Por esa razón, los jefes de estas salas de juego suelen ser personas que no tienen demasiados problemas para pagar la hipoteca a fin de mes incluso en estos tiempos en los que estamos viviendo una cruel crisis económica.

Sin embargo, a veces hay excepciones. Hay ocasiones, muy pocas, en las que los casinos pierden. Un buen ejemplo es la película protagonizada por Daniel Bruhl The Pelayos que cuenta como el jefe del clan de los Pelayo descubre un sistema para saltar la banca en los casinos de medio mundo.

Phil Ivey también sabe lo que es ver perder al casino, al menos, sabe lo que es ponerle contra las cuerdas porque aún no ha recibido los 8,3 millones de libras esterlinas que ganó jugando al baccarat en el casino londinense de Crockfords. Ivey es un jugador profesional de poker poseedor de 8 brazaletes de las WSP que, de vez en cuando, deja el poker de lado y prueba otro tipo de juegos. En Londres le fueron bien las cosas y hace poco salió la noticia de la disputa entre el casino y este jugador de poker.

Pérdidas también tuvo durante el 2011 el casino Tropicana en New Jersey. La culpa fue de Don Johnson, de verdad, no el de Miami Vice, que ganó la nada desdeñable cantidad de seis millones de dólares con el blackjack.