25 de Sep de 2021

Internacional

José Luis Parra:'Si no hay partidos políticos, no hay democracia'

Analizamos el escenario internacional, los resultados del proceso comicial en Chile, la convulsión sociopolítica en Colombia y las previsiones económicas para la región con el director del Observatorio Estratégico de la Alianza del Pacífico

José Luis Parra es también analista internacional e investigador asociado del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica de Chile.Cedida
  • Desde la Alianza del Pacífico plantean retos como el logro de una mayor cohesión que permita fortalecer la presencia de los países que la integran, frente al resto del mundo.
  • En Colombia, las protestas que iniciaron en contraposición a las reformas tributarias planteadas por el gobierno, dejaron ver las viejas heridas de otras demandas sociales.Shutterstock
  • El proceso comicial de Chile para elegir a los integrantes de la convención constitucional que redactará la nueva carta magna, rompió con los pronósticos de algunos analistas.EFE

Para José Luis Parra, director del Observatorio Estratégico de la Alianza del Pacífico, la democracia liberal en nuestra región “está siendo cuestionada en su modelo, por la forma como se aplica y porque ha faltado el cambio de los partidos políticos”. A esta premisa también atribuye las fallas en el aparto judicial y el cáncer de la corrupción. Parra es además analista internacional e investigador asociado del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica de Chile. Hoy analizamos el escenario global, los resultados del reciente proceso electoral en Chile, la convulsión sociopolítica en Colombia y las previsiones comerciales que vislumbran desde la Alianza, una iniciativa económica y de desarrollo entre Chile, Colombia, México y Perú que se ha convertido en el eje de una nueva forma de hacer negocios en el continente.

Las elecciones del pasado fin de semana en Chile generaron sorpresa al quebrar las previsiones de algunos analistas políticos, con el control de los independientes en un 64% de la convención constituyente, que redactará una nueva carta fundamental y posteriormente la constitución. En este grupo no hay militancia política y algunos se autodefinen como de izquierda, ¿esto qué evidencia?, ¿ha caído la representatividad de las formaciones tradicionales?

Los resultados sorprendieron en distintos aspectos; lo primero es que hubo más de un millón de votos menos que los que hubo en el plebiscito, y uno hubiese esperado una mayor participación; en segundo lugar, se esperaba que los no afiliados a ningún partido político o independientes tuvieran una muy buena ordenación, porque parte de lo que se votó en esta constituyente fue que no fueran los políticos quienes lo hicieran; de hecho, los políticos que hay tuvieron que renunciar a sus curules, a sus cargos, para poder ir a la coalición de algún partido político, entonces definitivamente es una tremenda sorpresa y la gran pérdida son los partidos políticos tradicionales; había un bloque de centro-derecha que logró unirse a través de cinco partidos políticos y ellos solamente han obtenido 37 escaños de 52 que era lo que esperaban para lograr ese tercio que pudiera tener fuerza para negociar con cualquier bloque; y la centro-izquierda tradicional, que ha gobernado gran parte de la vuelta a la democracia desde 1990 hasta la fecha, también se vio derrotada. Hay mucha expectativa. En los mercados, los primeros días la Bolsa cayó casi en un 10%, el dólar se ha mantenido porque estamos con el cobre muy alto. ¿Qué esperar?, que la sensatez prime, que comencemos a ver un trabajo más ordenado entre estas nuevas fuerzas, porque el drama que hay ahora es que como se declaran independientes no quieren conversar con ningún partido tradicional; creo que viene un tiempo de turbulencia y es muy temprano para dar un pronóstico más acertado de lo que puede pasar, pero hay varias cosas que esta nueva fuerza trae: un cambio en el modelo económico hacia uno muy centrado en el desarrollo sustentable, esto implica que industrias como la minería y otras podrían sufrir cambios; el tema del agua, que en Chile está privatizada y se quiere cambiar para que sea un bien del Estado; los temas de género que se quieren incorporar en la constitución y los derechos que ya están, pero quieren reforzarlos, como la salud, la educación y una pensión digna.

¿Podemos hablar de una crisis de la democracia representativa en Chile? En el país sudamericano la abstención se ha mantenido en un 50%, según datos oficiales.

En los países donde la democracia en sus distintas modalidades existe, en occidente, ha tenido un retroceso tremendo por múltiples factores. Se ha caído en una pérdida de credibilidad en las tres instituciones, me refiero a los tres poderes; ese es un factor que más adelante comentaremos para Colombia, pero que en Chile, Perú, México, y en toda la región está pasando. La OCDE tenía un 45% de confianza en los gobiernos como promedio para 2018 y si miras el caso de Colombia, estamos hablando de un 27%, y en el caso nuestro está por debajo del 20% y ha estado hasta en 15% el nivel de confianza en el gobierno. Los partidos políticos, ni hablar, un 3% y 4%; el Congreso de Chile un 8%. La democracia liberal está siendo cuestionada en su modelo, por la forma como se aplica y porque ha faltado el cambio de los partidos políticos y el sistema judicial es algo muy crítico para nosotros, aunado a esto, el tema de la corrupción en la región, que es abrumador; Chile es uno de los países que menos sufría de corrupción, pero hemos tenido unos escándalos desde 2010, primero en el sector privado, luego en el Ejército, y en los Carabineros, que han menguado en que la gente no crea en ninguna institución ni autoridad.

En las últimas décadas el modelo socioeconómico chileno fue elogiado por otros países de la región. Con estas transformaciones impulsadas desde 2019, a raíz de las protestas, vale la pena preguntarse, ¿cuánto de este modelo sobrevivirá y de qué manera sentará un precedente para Latinoamérica?

Yo diría que estos son vaivenes; el péndulo se está moviendo; nos movimos en nuestra región en donde el Estado dejó hasta antes de los 50 y 60 de tener un tremendo peso como generador del empleo, como participante dentro de las industrias, a irnos a una parte mucho más privatizada, desde la educación, la salud, etc. Ese péndulo que se fue a un extremo, donde se generaron problemas de accountability por parte de los gobiernos... hubo mucha gente que se enriqueció de una manera tremenda; hoy se habla mucho de un Estado más subsidiario, de un modelo mucho más europeo. Hay que tener mucho cuidado y ojalá, en el caso de Chile, que ha servido de referente como dices, para la región, seamos capaces de reconvertir el modelo y presentar uno equilibrado, porque las cuentas hay que pagarlas, Yandira; no quiero estigmatizar, pero hay países donde los jóvenes no quieren trabajar porque lo que el Estado les da por estar desempleados, es lo mismo que el mercado les puede pagar y no hay incentivos a que la gente con su esfuerzo salga adelante, como fueron los baby boomers o la 'generación X' a las que les tocó vivir otra realidad. Definitivamente va a haber cambios y creo que nos iremos a un Estado más subsidiario.

Miremos a Colombia. Las protestas mostraron las posibles heridas abiertas propias de las sociedades latinoamericanas. Y el levantamiento que comenzó como una manifestación contra las reformas tributarias, se convirtió en una válvula de escape por temas de vieja data. ¿Cuál es el balance que haces en torno a este tema?

Quisiera partir mencionando algunos factores transversales y que aplican a otros países. Ya hablábamos del primero, la pérdida de credibilidad en las institu ciones. Cuando no le creo a un gobierno, lo que me diga pensaré que lo está haciendo para perjudicarme. Un segundo factor muy relevante en la región y en Colombia es que se perdieron los consensos, porque los partidos políticos que perdieron credibilidad tuvieron su pulverización; no nos gustan los partidos ni la política corrupta, decimos, pero resulta que si no hay partidos políticos, no hay democracia. En Colombia hay una pulverización desde el año 2010, donde a veces para una Alcaldía puede haber mil candidatos y no hay con quién negociar. Un tercer factor que destaco en Colombia es un Proceso de Paz no terminado ni implementado adecuadamente; eso es algo que nos está pasando la cuenta, no es un problema solo de este gobierno, nunca se dijo de cuánto era la factura que esto le costaría a Colombia y son miles de millones de dólares y eso es algo que aún no se sabe. Otro tema transversal es el bajo crecimiento; Colombia viene creciendo por debajo del PIB potencial, entonces no produce los suficientes recursos para tener la ayuda social, en educación, salud y pensiones. Por otra parte, las reformas estructurales en salud, educación, pensiones, nunca se han atacado de manera adecuada; por ejemplo, en los gobiernos del expresidente Santos hubo siete reformas tributarias, en las que se partió con una ambición, como tenía el presidente Duque, muy alta, y terminó siendo muy pequeña, entonces hay una cantidad de cambios a las reglas del juego que perjudican a los inversionistas y a las personas. Un quinto factor es que la pandemia no ha sido bien manejada; hoy Colombia tiene apenas al 10% de su población inoculada, lo que es muy bajo. No negoció a tiempo la cantidad suficiente de vacunas. Todo eso, con una informalidad de la economía del 67% y una tasa del desempleo juvenil que alcanza el 23,9% y ese es un tema recurrente en todos los estallidos sociales de la región; se repiten los jóvenes, ¿y por qué? porque crecieron en un boom económico de nuestros países por las materias primas, con unas altas expectativas que no fueron cubiertas porque cuando fueron a la universidad y se endeudaron, salieron y no encontraron empleos de calidad; entonces el problema social está siendo manejado por jóvenes. ¿Quiénes ganaron la constituyente en Chile? La mayoría fueron jóvenes; por primera vez tenemos un alcalde de 29 años en Viña del Mar, una ciudad muy relevante.

¿Cómo evalúas el ascenso de la izquierda latinoamericana? Parece estar muy presente la crisis de institucionalidad como un detonante y es algo vinculado a lo que ya sustentaba el 'Índice de Riesgo Político' publicado por el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica de Chile.

A diferencia de muchos analistas, creo que ya es malo hablar de izquierdas y derechas. El populismo no respeta la tendencia política; ya lo hemos visto, tenemos líderes en países muy importantes que ganaron por la derecha, pero que son totalmente populistas. Cuando las personas se salen de la institucionalidad y del deber ser, las ubicamos dentro del contexto de la izquierda y está mal. Cuando hablas de un partido socialista como el de España, que gobernó con tanto éxito o en el caso de Chile, de Ricardo Lagos, veías claramente unas políticas en las cuales creer; hoy la izquierda que está al margen, como ocurrió hoy con la constituyente, no obedece a ningún partido político sino a querer una vida distinta, a pelear por cosas distintas, que van en contra de todo lo que hemos conocido; eso genera en la estructura de los países y de las empresas, un estrés muy fuerte porque no sabemos leerlo y cómo canalizar esas energías y peticiones. Creo que vamos a tener, cada vez más, gobernantes que hoy no sabíamos dónde ubicar, les llamábamos de izquierda y que en algunos años estarán militando en algún partido político; mira en Perú la situación, estaba a punto de ganar el profesor Castillo, decimos que es de izquierda, viene del partido comunista, podría estar más cercano, pero creo que él no es que esté militando en el partido comunista, sino que quiere una cuestión totalmente distinta a lo que tradicionalmente, o durante los últimos 25 o 30 años, Perú ha tenido como gobierno. Tenemos que aprender, Yandira, qué es esa nueva izquierda, que no es la izquierda tradicional, y qué es lo que se quiere, cómo se va a estructurar. El fenómeno latinoamericano de esta nueva izquierda, hay que estudiarlo.

Hablemos de la Alianza del Pacífico, entiendo que se orienta hacia la modernidad, el pragmatismo y la voluntad política de cara a los retos del entorno económico internacional, ¿esto en qué se traduce en pandemia?

La Alianza del Pacífico acaba de cumplir el 28 de abril 10 años. Colombia tiene la presidencia pro tempore y mostró la cantidad de logros que ha tenido en el tema de integración, de la liberalización de las tarifas arancelarias que están en cero, la movilidad de personas. Ya había acuerdos bilaterales entre los cuatro países, ya había un comercio que sigue siendo uno de los grandes retos, es muy bajo... pero sí ha habido una movilización de capitales muy importante. Ha habido un crecimiento de compras y asociaciones de empresas muy grande. También ha permitido una movilidad estudiantil, muy interesante; hay una beca de la Alianza del Pacífico con un programa de $2 millones anuales para que jóvenes conozcan y estudien en distintos países de la región. Se han estado haciendo armonizaciones regulatorias para que ciertos sectores puedan funcionar de la misma manera en los cuatro países. Y un tema muy relevante ha sido la cooperación; hoy los cuatro gobiernos se sientan cada tres meses a través del GAN o Grupo de Alto Nivel conformado por los viceministros o subsecretarios de relaciones exteriores y de comercio a conversar de diversos temas y hay una apertura al más alto nivel, que antes no existía. La Alianza del Pacífico, a diferencia del otro gran bloque de comercio, que es el Mercosur, es un bloque totalmente abierto con la mirada a ser un modelo de integración en la región; ahora Ecuador pidió el ingreso como socio en pleno, Costa Rica lo estuvo estudiando, Panamá también, porque son países que miran al Pacífico y como grupo sería muy interesante. También hay retos para el futuro como ser una fuerza que apalanque la llegada a Asia, porque hoy China es el primer socio comercial de Perú y Chile; para Colombia es el tercero y para México es el tercero o segundo; y no solo China, sino todos los países de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, que son 10 economías muy importantes, es un gran mercado y ahí ya se están comenzando a articular para ir abordando algunos sectores económicos e incrementar el comercio. También han generado una visión estratégica 2030. La Alianza del Pacífico nació con cero burocracia, muy pragmática; pero ya cuando pasamos a tener cinco, y ahora hay una nueva figura con cuatro países en negociaciones como Singapur, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Corea del Sur, ya vamos a hablar de un bloque de 10 países entre Latinoamérica y Asia, que hace que debamos tener una estructura delgada, porque si no se hace inviable el seguimiento y manejo de los compromisos, esos son los grandes retos de la Alianza a corto plazo.

¿Qué oportunidades vislumbran?, y ¿cuáles son las ventajas de trabajar con mecanismos multilaterales?

La Alianza del Pacífico es uno de los bloques más impresionantes a nivel mundial que tiene 59 países observadores; Panamá es un país observador. Eso implica un interés por hacer negocios, por aportar; todos los países observadores tienen el compromiso de trabajar en cuatro líneas de cooperación en educación, tecnología e innovación. No se ha logrado, allí hay una tarea pendiente, pero si la Alianza trabajara como un bloque, como el Mercosur, podría llegar a exigir a la Organización Mundial de Comercio cuando algún país en esta guerra comercial quiera imponernos alguna medida; es distinto tener una pelea con 230 que con 20; entonces eso es algo que la Alianza del Pacífico tiene que potenciar mucho más, vernos más como bloque.