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20 de Sep de 2020

América

Obama y América Latina: el retorno del ‘buen vecino’

WASHINGTON. El 23 de mayo, Obama pronunció, ante la Fundación Nacional Cubano Americana en Miami, su discurso “La renovación del lidera...

WASHINGTON. El 23 de mayo, Obama pronunció, ante la Fundación Nacional Cubano Americana en Miami, su discurso “La renovación del liderato de EEUU en las Américas”. En él, el candidato demócrata hizo referencia directa a la visión de las cuatro libertades que practicó Franklin Delano Roosevelt. De acuerdo a Roosevelt, el mundo que emergería de la II Guerra Mundial debería estar “fundado en cuatro libertades esenciales”—la libertad política, la libertad de religión, la libertad de la carencia y la libertad del temor.

La referencia de Obama a FDR es una forma grata de empezar a renovar las relaciones entre América Latina y EEUU. Bajo su liderato, las relaciones hemisféricas mejoraron considerablemente en la década de 1930, cuando EEUU le dio fin a una era caracterizada por la intervención y ocupación militar directa de las naciones de la Cuenca del Caribe, en lo que el propio Roosevelt llamó la política del “buen vecino”.

Los principios del buen vecino de “respeto mutuo”, “un espíritu de cooperación” y “autodeterminación” ofrecerían un antídoto muy oportuno a la política exterior de la administración Bush, y continúan siendo de especial relevancia a las relaciones de EEUU con América Latina.

En gran medida, la responsabilidad de asegurar las cuatro libertades en Latinoamérica no recae en EEUU si no en los países de la región en sí. Con demasiada frecuencia en el pasado, las promesas de EEUU de apoyar la “libertad” y el desarrollo en la región han resultado codiciosas y han impedido el desarrollo propio de la región. No cabe duda de que hubo deficiencias e inconsistencias mayores en la política del buen vecino de FDR, pero la ética que definió la política —respetar al vecino y a sí mismo, cooperar para resolver problemas comunes, y dejar que los vecinos determinen su propio desarrollo— debe ser acogida una vez más por el gobierno de EEUU. Una política del buen vecino renovada y puesta al día serviría de mucho para fomentar el desarrollo político y económico a través de la región.

En su documento de fundación, los Progresistas por Obama declararon: “Necesitamos volver a la política del Buen Vecino de Franklin D. Roosevelt, la cual rechazaba la intervención militar y aceptaba el derecho de México de nacionalizar su petróleo ante la oposición de la industria”.

Obama definitivamente reconoce que hace falta un cambio dramático en la política de EEUU hacia América Latina. “Es hora para una nueva alianza de las Américas”, dijo. “Después de ocho años de las políticas fracasadas del pasado, necesitamos un nuevo liderato para el futuro. Después de décadas de presión para reformas por parte de las altas esferas hacia la base, necesitamos una agenda que avance la democracia, la seguridad y la oportunidad desde abajo hacia arriba. Así es que mi política hacia las Américas estará guiada por el principio sencillo de que lo que es bueno para los pueblos de las Américas es bueno para los Estados Unidos”.

Mientras que es agradable escuchar hablar de alianzas y políticas “desde abajo hacia arriba”, dista todavía de un compromiso a la autodeterminación y el respeto mutuo. Al mismo tiempo que Obama estaba promoviendo una alianza y ser socios, señaló que la alianza lo más seguro fuese con sólo algunos países —incluyendo a México, Colombia y Brasil— mientras que otras naciones que han adoptado políticas de izquierda —incluyendo a Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador— lo más seguro que no formen parte como miembros de esta “nueva alianza de las Américas”.

Al comentar sobre la visión de Obama para su política exterior hacia América Latina, Forrest Hylton, quien ha escrito libros sobre Bolivia y Colombia, dijo, “Para decir la verdad, el mejor momento para reconsiderar la política de EEUU hacia América Latina antes de que sea demasiado tarde es ahora mismo. Esta es la hora de introducir algo como una versión renovada de la política del buen vecino. Sin embargo, cuando Obama plantea casi explícitamente la interrogante de quién perdió a América Latina, él contesta su propia pregunta con una serie de posiciones derechistas que son más conservadoras que las del Consejo sobre las Relaciones Exteriores, el cual representa el consenso con respecto a la política exterior estadounidense establecida”.

Está claro que Obama todavía está aprendiendo sobre América Latina, una región a la cual nunca ha viajado. Aunque su plan sin duda rompe retóricamente con una larga tradición de política hegemónica, Obama se verá enfrentado a muchos retos si EEUU pretende ser respetado como un socio regional. Como presidente no se espera que Obama alabe o apoye a gobiernos y movimientos populares con los cuales el gobierno de EEUU tiene diferencias mayores, pero va a necesitar tratarlos como naciones soberanas que tienen el derecho a establecer su propio rumbo. Su intento de ganar puntos políticos en su discurso ante la Fundación Nacional Cubano Americana con sus críticas de Venezuela y Cuba no la mejor manera de empezar su plan para establecer una nueva alianza o asociación regional.

Un compromiso hacia el respeto mutuo, la autodeterminación y la cooperación llevaría a Barack Obama mucho más lejos en fomentar una asociación legítima y duradera para las Américas.