29 de Sep de 2022

América

Torturadores deben ser castigados

George W. Bush afirmó insistentemente que EEUU no practicaba la tortura. Sin embargo, los memorandos de la Oficina de Consejo Legal de l...

George W. Bush afirmó insistentemente que EEUU no practicaba la tortura. Sin embargo, los memorandos de la Oficina de Consejo Legal de la época de Bush, publicados la semana pasada, pintan un panorama totalmente diferente. Los memorandos dieron autorización legal para aplicar “técnicas severas de interrogatorio” utilizadas durante los años posteriores al 11-S. Autorizaron a “golpear a los detenidos contra una pared, abofetearlos, confinarlos en condiciones de hacinamiento, obligarlos a permanecer de pie, forzarlos a permanecer en posiciones incómodas, privarlos del sueño, colocar insectos en una celda de confinamiento, y [permitieron] el submarino”. Según la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU), durante el gobierno de Bush, la Oficina de Consejo Legal “se convirtió en la facilitadora de la conducta ilegal del gobierno”. Los memorandos autorizan lo que el Comité Internacional de la Cruz Roja denominó “trato y técnicas de interrogatorio (?) equiparables a la tortura”.

Estas técnicas de tortura fueron desarrolladas por dos psicólogos: James Mitchell y Bruce Jessen. Su empresa brindó capacitación especializada a miembros de las FFAA para lidiar con la captura por parte de fuerzas enemigas. El programa de entrenamiento se llama SERE,  (Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape). Mitchell y Jessen fueron contratados por el gobierno para entrenar a interrogadores en técnicas que, según afirmaron, harían  desmoronar a los prisioneros. Utilizaron la técnica SERE en un sentido inverso. Esta técnica había sido desarrollada originalmente para ayudar a la gente a soportar y sobrevivir a la tortura. En cambio, ellos la utilizaron para entrenar a una nueva generación de torturadores. La periodista Katherine Eban escribió un artículo de denuncia sobre Mitchell y Jessen en 2007, denominado “Rorschach y Awe”. Le pregunté sobre ellos a la luz de los memorandos de tortura. Describió a Mitchell y Jessen de la siguiente manera: “Eran académicos que querían estar de algún modo en la palestra operativa. Pero, de hecho, eran profesores y supervisores del programa, donde solamente monitoreaban el bienestar de los soldados. No eran científicos. No tenían datos para demostrar que al invertir estas tácticas, serían efectivas para obtener información. Estos tipos eran amateurs. Pero aparentemente fueron muy convincentes al vender el uso de estas tácticas a la CIA”.

Los memorandos brindan detalles atroces de las torturas implementadas. El submarino fue utilizado cientos de veces en una serie de prisioneros. El memorando de Bybee incluye esta autorización kafkiana: “Les gustaría colocar a [Abu] Zubaydah en una celda de confinamiento con un insecto. Nos informaron que, al parecer, él tiene miedo a los insectos. En particular, les gustaría decirle a Zubaydah que pretenden colocar un insecto que pica en la celda junto con él”.

Luego de que Obama dijo que no debería haber procesamientos, esta semana fue recibido en la CIA con bombos y platillos. Le pregunté a Mark Benjamin, el periodista que inicialmente reveló la noticia de Mitchell y Jessen, acerca de la postura de Obama. Y esto fue lo que me dijo: “Si te fijas en las declaraciones del Presidente, de Rahm Emanuel y de Eric Holder, verás que en los últimos días el gobierno anunció que nadie afrontará cargos. En cambio, les proporcionarán abogados (?), les han dado inmunidad total (?) a cambio de nada”. La Presidenta del Comité de Inteligencia del Senado, Dianne Feinstein, le pidió a Obama que postergara la decisión hasta que su Comité termine una investigación que completará en los próximos seis meses. Mientras que Obama promete dejar libres a los torturadores, otros los están buscando. En España, el juez Baltasar Garzón tiene a Bybee y a otros funcionarios de Bush en la mira.

Durante años, la gente ha sentido que se ha dado la cabeza contra una pared (y algunos sufrieron esto literalmente). Sin embargo, el día en que se celebraron las elecciones, parecía que esa pared se había convertido en una puerta. Pero la puerta está apenas entreabierta. Si se abre de una patada o se cierra de un portazo, no depende del Presidente. Aunque posiblemente él ocupe el cargo de mayor poder en la Tierra, hay una fuerza más poderosa: la gente comprometida que exige un cambio. Necesitamos un criterio universal de justicia. Los torturadores deberían ser castigados.