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08 de May de 2021

América

‘Uribe maneja Colombia como una finca’

M. aría Jimena Duzán (Bogotá, 1960) es probablemente la columnista más joven de la historia en Colombia. A los 16 años, una carta que l...

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aría Jimena Duzán (Bogotá, 1960) es probablemente la columnista más joven de la historia en Colombia. A los 16 años, una carta que le había escrito a su fallecido padre llegó a manos de Guillermo Cano, entonces director del diario El Espectador , quien la publicó y la invitó a ocupar la columna de su padre en el periódico. “Era pésima columnista, no tenía ni idea”, comenta ella, recordando aquellos tiempos. Lo que vendría después sería una carrera colmada de éxitos, como la obtención de la beca Nieman en la universidad de Harvard y el premio Simón Bolívar a la Periodista del Año en 2005. También momentos difíciles, como el asesinato de su hermana Silvia –también periodista— en 1990 a manos de grupos paramilitares. Profesionalmente, Duzán se ha desempeñado en todos los medios importantes de Colombia –actualmente es columnista de la revista Semana — y también ha estampado su firma en publicaciones tan prestigiosas a nivel internacional como el Wall Street Journal , y las revistas Newsday y Marie Claire. Ha publicado dos libros, “Crónicas que matan” (1994) y “Así gobierna Uribe” (2004). En esta entrevista, esta reconocida columnista analiza para La Estrella el actual momento político colombiano y por qué, en su opinión, Colombia es un país “amorfo” en el ámbito político, gobernado por un presidente que, aunque nadie lo crea, se parece a Hugo Chávez y los presidentes “populistas de izquierda” mucho más de lo que la gente cree.

¿CÓMO DEFINIRÍA EL MOMENTO POLÍTICO POR EL QUE ATRAVIESA COLOMBIA?

Como uno de los más difíciles para la democracia, principalmente porque se ha producido una desinstitucionalización profunda. A pesar del conflicto interno, mal que bien habían logrado sobrevivir algunas instituciones. Con el gobierno del presidente Uribe esas instituciones, que nacieron con la Constitución de 1991, se están yendo a pique. Colombia, después de una época de enfrentamientos con el narcotráfico y la mafia organizada que produjo cientos de muertos y después de un apaciguamiento con el M-19, redactó la Constitución del 91, por la cual se amplió una democracia —dominada por dos partidos— que estaba necesitando oxígeno. El presidente Uribe, con su forma de gobernar, ha acabado con la Constitución del 91, que plantea la importancia de los derechos y deberes de las minorías, el respeto por el pluralismo, los DDHH, la opinión disidente, la separación de poderes, y un sistema de pesos y contrapesos basado en la no reelección.

¿ES JUSTO EL PRECIO QUE ESTÁN PAGANDO LOS QUE SE SOMETIERON A LA LEY DE JUSTICIA Y PAZ?

Yo soy víctima de los paramilitares y me sometí a la ley. Tiene cosas buenas y otras que nunca van a funcionar. Lo bueno es que por primera vez hay un intento de hacer visibles a las víctimas de un conflicto. Las víctimas en el conflicto colombiano aparecen siempre como víctimas de las FARC, pero no de los paramilitares, que protagonizaron un genocidio durante los últimos 20 años. Lo malo es que es una ley para los victimarios. A pesar de todos los cambios, la ley quedó muy desbalanceada. Beneficia a los victimarios y no es capaz de dar reparación a las víctimas. Denunciamos desde el principio que la desmovilización no era completa y por eso iba a ser muy peligrosa. Las estructuras de poder estaban quedando intactas y solo se estaban desmovilizando las cabezas. A dos años de la ley, el número de condenados entre los paramilitares desmovilizados es ínfimo: dos. Hay dos formas de reparar: diciendo la verdad y con tierras. Pero no han podido quitarle las tierras a los paramilitares que, aún encarcelados, siguen teniendo la mayoría de sus propiedades, a través de testaferros.

¿A QUÉ HA CONTRIBUIDO LA LEY?

A la recuperación de cuerpos, y eso es importante para mucha gente. Muchas de las personas desaparecidas, cuyos cuerpos estaban en fosas, han aparecido. La gente ya sabe dónde está el cuerpo de sus seres queridos, pero no sabe quién los mató, y los asesinos tampoco están bajo la lupa de la ley. Lo que está pasando es que los objetivos eran muchos y solo pocos se cumplieron, por lo cual el grado de frustración que van a tener la víctimas va a ser doble.

A DIFERENCIA DE CHÁVEZ, POR EJEMPLO, URIBE HA SIDO MAS BIEN DISCRETO EN SUS INTENCIONES DE REELEGIRSE. ¿CREE USTED QUE LAS REFORMAS POLÍTICAS QUE HA PROPICIADO SON MÁS PARA SACAR ADELANTE LA REELECCIÓN QUE PARA MEJORAR LA DEMOCRACIA?

Chávez y Uribe, a pesar de ser aparentemente distintos en términos de ideología, conciben el poder de forma muy parecida. Manejan el país como si fueran capataces de una finca. El presidente Uribe no ha dicho que quiere la reelección, pero ha hecho todo lo posible por procurarla por segunda vez, en contra de las normas constitucionales, y así está sucediendo con las reformas. Todo está al servicio de su propia reelección. Eso está acabando con la institucionalidad del país, con la autonomía del Congreso y de las Cortes.

DE LOS NIVELES ESTRATOSFÉRICOS DE POPULARIDAD DURANTE EL RESCATE DE INGRID, URIBE PASÓ A LOS FALSOS POSITIVOS, DMG, EL ESCÁNDALO DE SUS HIJOS.. ¿ESTÁ AÚN EN CAPACIDAD DE REELEGIRSE HOLGADAMENTE POR SEGUNDA VEZ?

Uribe es producto de las FARC. A las FARC le debemos que en Colombia no se haya podido desarrollar una izquierda democrática poderosa, que nos hace muchísima falta. Por temor a la guerrilla tenemos un Gobierno que se quiere quedar en el poder, que busca desinstitucionalizar y concentrar en él todas las facultades, lo cual nunca nos había pasado. Siempre se había respetado esa especie de fórmula democrática. Y por cuenta de no haber podido solucionar ese tema es que ese tipo de gobiernos están floreciendo en el país. La gran paradoja es que Uribe tampoco ha podido contra las FARC. En su primer gobierno tuvo algunos éxitos, pero nos prometió que iba a acabar con ellas y tampoco lo pudo hacer. Y por cuenta de eso, ya vamos en la segunda reelección para extender su ‘seguridad democrática’. El presidente es un hombre muy popular, lo cual sumado al temor a las FARC hace que él represente al único capaz de sacarnos de este sueño horrible. Además se nos están acabando los partido tradicionales, el liberal y el conservador. Uribe desdeña los partidos, y se ha ido consolidando una especie de democracia plebiscitaria. Según Uribe, lo que importa es lo que diga ‘el pueblo’, es decir, las encuestas, que son manipuladas. Dicen algo de verdad, pues en sus primeros años Uribe logró reducir los índices de violencia en Medellín y Bogotá. Pero esos índices se están devolviendo, debido a que las estructuras de poder de los paramilitares quedaron intactas. Estamos viendo el resurgimiento de los paramilitares. El gobierno les pone otros nombres, pero son los mismos. Y están tomándose el mismo poder que tenían antes. Es el resultado del fracaso de la ley de justicia y paz, más los vacíos de la política de seguridad democrática. Esos son los argumentos que utiliza el gobierno para su reelección y son los que más cuestionamientos merecen.

COLOMBIA NO HA SIDO INUNDADA POR LA OLA IZQUIERDISTA QUE RECORRE EL CONTINENTE. ¿QUÉ ASPECTOS DE ESTOS PROCESOS RECOGERÍA PARA SU PAÍS?

Como tenemos a las FARC, el sistema colombiano ha ido blindándose, de manera injusta, frente al surgimiento de fenómenos de izquierda. En Colombia hubo una época en que la izquierda era la aliada de la guerrilla. Eso cambió, pero esa tara todavía no permite desarrollar movimientos democráticos de izquierda. Por eso somos un país amorfo. Sin embargo, la concepción de poder si sigue siendo muy parecida. Chávez, Uribe y Correa se parecen en la concepción autoritaria del poder. Todas son democracias plebiscitarias falsas, en las que suponen que el pueblo está con ellos. No hay ni Congreso, ni Cortes, ni instituciones. Se autonombran los interlocutores del pueblo. Uribe no es ni de izquierda ni de derecha. Uribe es un hombre feudal, que hubiera sido excelente como presidente del siglo XIX. No es un hombre ideológico. Si uno intenta explicar a Uribe por sesgos ideológicos no lo va a entender. Nos ha devuelto a esas épocas aciagas donde los grandes señores de la tierra –como él— son los que imponen las pautas de un país moderno como Colombia.

¿VE A LAS FARC NEGOCIANDO CON URIBE?

Ni las FARC quieren negociar con Uribe, ni él con las FARC. Esa es la triste realidad. Las FARC perdieron un momento sin igual para negociar con el país cuando Pastrana les ofreció el diálogo. Eso es algo que casi ningún colombiano les perdona. Esa frustración que sentimos los colombianos la están pagando muy caro las FARC. Cada día se convierten más en un grupo eminentemente terrorista, que tiene a personas secuestradas por más de 10 años. ¿Eso qué es? ¿Qué tipo de sociedad nueva quieren construir? ¿Qué hombre revolucionario nuevo sale de ahí? De todas formas, el presidente Uribe ha logrado golpear a las FARC pero no las ha derrotado. Y la única manera de derrotarlas es a través de una posición muy dura, con un ejército muy fuerte pero finalmente con un acuerdo político. Y ese momento todavía no ha llegado.

¿CONCIBE LA POSIBILIDAD DE QUE LAS FARC –COMO EL FSLN EN NICARAGUA O EL FMLN EN EL SALVADOR— ALGÚN DÍA ACCEDAN AL PODER POR ELECCIONES?

Sí. ¿Por qué no? Creo que todavía no estamos listos. Pero tenemos el caso del M-19, que se desmovilizó y produjo la Constitución del 91, después de una época aciaga en la que el narcotráfico y los paramilitares mataron a toda una generación de políticos, periodistas y jueces. Hoy ellos están en el Congreso, son miembros de la oposición y la democracia colombiana ha ganado con eso. Aspiro a que eso mismo ocurra. Tenemos que entender que las cosas han cambiado. Ahora hay Corte Penal Internacional y los delitos de lesa humanidad no se olvidan fácilmente. Hay que hacer algún tipo de acuerdo político con la guerrilla, pero después de haberlos desgastado militarmente, punto al cual no hemos llegado.

¿QUÉ LE DIRÍA A LOS PANAMEÑOS QUE SUSPIRAN POR UN PRESIDENTE COMO EL SUYO AQUÍ?

El peligro de Uribe es el mismo peligro que tiene Fujimori. Son liderazgos que crean bastante audiencia en otros países, como Panamá, pero cuyo costo puede ser alto. La segunda reelección de Fujimori fue hecha para tapar toda la corrupción y la manera como había amasado el poder para sí mismo. Para eso se reeligió. Lo mismo le puede estar pasando a Uribe. Él tiene la gran ventaja de que Colombia es un país que ha sufrido muchísimo y ese presidente frentero contra las FARC produce cierta admiración. La gente cree que llegó el Mesías que nos va a salvar. Pero es evidente que sus políticas y las razones por las cuales él dice que hay que reelegirlo están fallando. La política de seguridad democrática tiene grandes fisuras en términos del aumento de una nueva violencia, originada en los grupos paramilitares y en la incapacidad para poder derrotar a las FARC. Nos vendieron cosas que no eran así. Nos dijeron que los paramilitares eran simplemente unos insurgentes que luchaban contra las FARC y resulta que son el 70% del narcotráfico en el país.

El problema de Colombia es que no hay un líder alternativo, no hay partidos, no hay oposición fuerte por temor a enfrentarse a Uribe. En estas elecciones es evidente que quien tiene el mando y los escenarios se llama Álvaro Uribe. Tiene a los ricos y a los pobres, y encima permite a sus familiares y a su gente hacer negocios. Creo que llega un punto en que la opinión pública, por más que les parezca un ‘berraco’, lo va a castigar.

¿ES OPTIMISTA O PESIMISTA?

Soy optimista porque creo que en Colombia hay una pelea institucional entre los que defienden la Constitución del 91 y los que están en contra. Los que están a favor de la democracia y los que quieren un sistema nuevo. Los uribistas y el presidente Uribe, quieren desconocer la Constitución del 91, reelegirse indefinidamente y acabar con las instituciones del país, por cuenta de su pelea con las FARC. Del otro lado hay unas instituciones que siguen funcionando mal que bien, y siguen siendo un elemento optimista del sistema político colombiano. La Corte Suprema de Justicia ha sido un ejemplo. Ha investigado a casi la mitad del Congreso y tiene vinculados a los políticos que mancharon sus manos de sangre por aliarse con los paramilitares, cosa que no pudo hacer la ley de Justicia y Paz. Ellos han hecho una contribución patriótica invaluable a la democracia colombiana.