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17 de Jan de 2021

América

Elocuencia de una gira ‘muda’

Con Álvaro Uribe o sin él, la política internacional será por primera vez componente clave de una campaña presidencial colombiana. La qu...

Con Álvaro Uribe o sin él, la política internacional será por primera vez componente clave de una campaña presidencial colombiana. La que ya comienza. Un repaso a los hechos que han sacudido a Colombia en los últimos meses no deja duda del creciente peso de los asuntos externos sobre la política y economía domésticas. Basta ver los de esta semana.

Nunca antes en la historia del país un presidente de la República había emprendido una maratónica gira por 7 países en 3 días. Y nunca antes un ex presidente había visitado, al mismo tiempo, al más enconado adversario externo del Jefe de Estado de su nación. La visita de Ernesto Samper a Hugo Chávez (y las que hará el Polo Democrático a Ecuador y Venezuela) contradicen una larga tradición que le otorga la vocería nacional en política exterior al presidente de la República. Estas salidas envían mensajes ambiguos a gobiernos abiertamente hostiles a Colombia y pueden alimentar su beligerancia. Pueden incluso equivaler a un haraquiri político, si nos atenemos a la inicial reacción adversa de muchísimos colombianos a la visita de Samper.

En cambio, el jefe del liberalismo en la oposición, César Gaviria, les pidió a los senadores Juan Manuel Galán y Piedad Córdoba que se abstuvieran de viajar a Ecuador en estos momentos, y así lo hicieron. También, el ex presidente Pastrana y casi todos los aspirantes presidenciales han llamado a no presentar fisuras internas en una hora de crisis externas. Hay espacios, más legítimos y domésticos, para debatir la conducción de nuestra política exterior. Más allá de las complicaciones que podría generarle al país una “diplomacia paralela”, la gira “muda” de Uribe para explicar el acuerdo de cooperación militar con Estados Unidos resultó más elocuente que muchas declaraciones altisonantes. Su balance final indica que la audaz decisión de emprender un periplo relámpago por el subcontinente fue acertada. Pero su positivo desenlace no debe ocultar los factores negativos que la originaron.

Es evidente que hubo imprevisión para mitigar las previsibles reacciones de muchos gobiernos de la región al uso de siete bases colombianas por militares de Estados Unidos. No se anticipó que Brasil, la potencia regional, levantaría su voz ante esta presencia en Suramérica de la potencia del Norte. Tampoco parece que durante los meses previos al polémico anuncio se emplearon los canales diplomáticos que habrían evitado el súbito recorrido presidencial para contener el daño. Improvisación de vieja data, que mucho tiene que ver con el sello unipersonal que le ha colocado Uribe a la política exterior, conducida con frecuencia a golpes de mero instinto que le restan perspectiva y coherencia. Ejemplo: el nombramiento y posterior destitución de Chávez como mediador con las FARC. Descoordinación tampoco falta, como lo demostró la declaración del vicepresidente Francisco Santos de que Uribe viajaba con sólidas pruebas contra Chávez y Correa, que desvirtuaba el carácter “mudo” de la gira que ese día emprendía el Presidente. Otro tirón de orejas para el vice. ¿Es que nunca hablan?

Pese a todo, Uribe logró recomponer las cargas y neutralizar una posible censura a Colombia en la cumbre de UNASUR que hoy se inicia en Quito. Lo más positivo, al lado de la respetuosa posición de Chile, Uruguay y Paraguay, y del franco apoyo peruano (lo de Bolivia y Argentina era previsible), fue la actitud de Brasil, que elogió el gesto de Uribe y solo pidió garantías de que la cooperación militar con EEUU no afectará a terceros países. Debe recibirlas. Porque hasta ahora le ha faltado transparencia a este acuerdo.

El que debe de estar amargado es Chávez, que esperaba un fiasco de Uribe. Ahora le dio por ordenar que su embajador regrese a Bogotá “a trabajar”. (¿Gestión de Samper y Piedad?) El día anterior había condicionado la normalización de relaciones a que Colombia renuncie al acuerdo de cooperación militar con EEUU que 70% de los colombianos respalda y que el propio Obama aclaró el viernes es una simple “actualización” del ya existente. ¿Quién entiende al errático y calenturiento caudillo bolivariano?

Con estos antecedentes, habrá que ver qué sucede hoy en la reunión de UNASUR. Donde la de Colombia no debería ser la única “silla vacía”.