Temas Especiales

09 de Apr de 2020

América

Rumbo a Groenlandia

SUIZA. De repente se abrió el cielo y pudimos descubrir el paisaje: salvaje, bellísimo, con trozos de tierra rodeados de un agua color ...

SUIZA. De repente se abrió el cielo y pudimos descubrir el paisaje: salvaje, bellísimo, con trozos de tierra rodeados de un agua color de acero. Ninguna carretera, ninguna ciudad; solo la naturaleza en su estado primitivo. A Kuujuakk solo puede llegarse desde Canadá por mar o por aire.

Al iniciar nuestro descenso, nuevamente nos encontramos sumergidos en un espeso manto de nubes, de modo que tuve que afrontar otra aproximación por instrumentos. La vista no revelaba nada. Sin embargo a 2,000 pies la visibilidad comenzó a mejorar y logré un buen aterrizaje. Al salir del avión, hacía bastante frío y el viento era helado. “Si esto es el verano —pensé—, cómo será el invierno en esta ciudad”.

El técnico que nos ayudó a estacionar el avión, muy amablemente nos llevó en su auto hasta el hotel “Auberge Kuujuuak Inn”, uno de los pocos de la ciudad. Era bien sencillo. Me entregaron la llave de mi habitación y para mi gran sorpresa, cuando llegué frente a la puerta, la encontré abierta. “Qué extraño”, pensé. De pronto apareció un hombre de unos treinta años de edad. “Perdone —me excusé en inglés— pensé que esta era mi habitación”. “No, es la mía —me contestó— pero no hay ningún problema; si quiere, la podemos compartir”. “Muchas gracias”, le contesté. Pero regresé a la recepción y finalmente me dieron la llave de una habitación que no estaba ocupada.

Cenamos con Alan en el hotel. Una comida simple, muy casera. No había forma de conectarse a internet. Así que le solicité a la recepción que me dejaran mandarle un e-mail a mi esposo. “Estamos en Kuujuuak, todo bien. Mañana cruzamos el Atlántico rumbo a Groenlandia.” Me dormí rápidamente muy cansada, pero contenta de haber llegado hasta aquel punto tan distante de la ruta que nos habíamos trazado.

DE CANADÁ HACIA GROENLANDIA

Al llegar al aeropuerto de Kuujuuakk, al día siguiente, nos encontramos con un problema inesperado: no existía camión de combustible con Avgas, el combustible que utilizan los aviones que no son jets. Solo había un camión con jet fuel. Fue necesario comprar un tambor de combustible y encontrar la forma de revertirlo en los tanques del avión. Operación complicada, por cierto. Afortunadamente Alan había llevado un sifón de plástico para que funcionara como una bomba que nos permitió revertir el combustible hacia el tanque, operación que nos llevó algo más de hora y media.

Teníamos que llegar a Groenlandia antes de las cinco de la tarde, pues en caso contrario nos cobraban un cargo de 900 dólares por tener que reabrir el aeropuerto para nosotros. En Groenlandia ya eran las 12:00 del mediodía (2 horas más tarde que en Canadá) y nuestro tiempo estimado en ruta para llegar a Nuuk, el aeropuerto de destino, era de cuatro horas y media. Por lo tanto, no podíamos tardar.

Nos colocamos la combinación térmica para la travesía. En caso de caer al agua, esta combinación, que impide cualquier contacto del cuerpo con el agua, permite sobrevivir un poco más de media hora hasta que llegue el rescate. Pero es un poco incómoda, pues resulta muy apretada en el cuello y las muñecas. De este modo, estábamos finalmente listos para la primera parte de nuestra travesía por el Atlántico.

Despegamos bajo la lluvia. La visibilidad aunque había mejorado, era baja. Nos dieron nuestra clearance : to BGGH, direct VIMLA direct 62N60W direct 63N55W direct KU direct, maintain 13,000. Trece mil pies (aprox. 4,000 metros): nunca había volado a tal altitud. Cuando uno sobrepasa los 12,500 pies, el riesgo es el de sufrir de hipoxia o falta de oxígeno en la sangre. Los síntomas van variando. Lo más común es comenzar a tener las uñas moradas, sufrir pérdida de concentración, sueño y dolor de cabeza.

Pero por ahora me sentía bien. A cada rato iba monitoreando el color de mis uñas. Por fortuna, seguían rosadas. Volábamos por encima de una espesa capa de nubes. Muy pronto llegamos a Vimla, nuestro primer punto de reporte, y nos comunicamos con el controlador. Era, además, nuestro último contacto con el continente. Estaba un poco nerviosa, pues a partir de este punto, solo íbamos a estar rodeados de agua, sin ninguna visión de tierra firme. Igualmente sabíamos que muy pronto perderíamos toda comunicación con los controladores. Por no contar con radio de alta frecuencia HF, nuestra única forma de poder comunicarnos en el Atlántico era con ayuda de los aviones de aerolíneas que posiblemente cruzarían nuestra ruta, a una altitud desde luego superior a la nuestra. Ellos se encargarían de realizar el relay con los controladores informándoles sobre nuestra posición.

De modo que nos encontramos de pronto solos en medio del océano. Nos extrañaba el silencio de la radio. A pesar de tener un viento de frente, contábamos con suficiente combustible para llegar a nuestro destino y el MFD ( Multi Function Display ) (pantalla de TV que proporciona todas las informaciones del vuelo) mostraba que a nuestra llegada tendríamos aún 26 galones de combustible.

Mientras avanzábamos en la ruta, echamos una mirada a la página del GPS que muestra los aeropuertos más cercanos. Por primera vez, aparecía totalmente vacía; ningún aeropuerto cercano. Gracias a un avión de Delta Airlines, conseguimos hacer nuestro primer reporte de posición. Como las condiciones habían mejorado, decidimos descender a 11 mil pies para evaluar si a esta altitud los vientos serían menos fuertes. De repente el MFD nos comenzó a enviar una información muy preocupante: no teníamos ya suficiente combustible para llegar a Nuuk. Íbamos a estar con un déficit de quince galones. ¡Horror!, ¿cómo era esto posible? “¿Podemos regresar?”, le pregunté a Alan. “No, ya es muy tarde —me contestó—. Pasamos ya el punto de No Retorno” Es el punto a partir del cual no se dispone ya de combustible suficiente para regresar, de modo que la única alternativa, pase lo que pase, es seguir adelante.

En esa situación nos encontrábamos cuando un avión de United Airlines nos solicitó transmitirle nuestra posición, ya que los controladores la estaban solicitando. “Por favor, manténganse en stand by —les pidió Alan—, nos estamos encontrando con un problema en nuestras reservas de combustible”. “ Roger (entendido)” dijo el piloto de aquel avión de línea, enmascarando su preocupación.

Al revisar la información proporcionada por el MFD, nos dimos cuenta de repente que este instrumento estaba asumiendo que estábamos retornando a nuestro punto de reporte anterior para luego regresar y seguir a nuestro destino. Por esta razón, estaba calculando que no tendríamos suficiente combustible a nuestra llegada. El GPS por lo contrario estaba informando correctamente la ruta de vuelo que habíamos definido. Decidimos borrar el plan de vuelo del GPS y volver a introducirlo para ver si el MFD tomaba la información correcta. Y efectivamente al hacer esto el MFD retomó la ruta y volvió a mostrar una información positiva en cuanto a reservas de combustible. Nos comunicamos con United Airlines y le informamos que ya estaba todo resuelto, al tiempo que le comunicábamos nuestra posición. Todo estaba resuelto, pero el susto fue grande.

Seguimos la ruta siempre revisando el ETA (tiempo estimado a nuestra llegada) ya que debíamos llegar antes de las cinco de la tarde. De repente a lo lejos percibí una masa muy oscura. ¿Nubes?”, le pregunté a Alan. “No —me contestó—. Eso es la tierra”.

Groenlandia comenzaba a aparecer. Poco a poco íbamos divisando pequeñas islas e icebergs. El paisaje era bellísimo. Montañas con sus picos cubiertos de nieve se alzaban dibujando un fantástico panorama hasta donde alcanzaba la vista. Muy pronto apareció la ciudad de Nuuk. Nos pudimos de nuevo comunicar con los controladores y el aterrizaje se realizó sin problema alguno. Me sentía muy feliz. Habíamos logrado llegar a Groenlandia.